El drama (Kristoffer Borgli)

Hay ocasiones en las que merece la pena repetir el tópico: El drama es una película de la que disfrutar sabiendo lo menos posible. No pretendo con esto sumarme a la manía contra el spoiler, tan ubicua en el panorama cinematográfico actual y que reduce el cine a mera trama que puede ser desvelada. Pero el nuevo film de Kristoffer Borgli es en gran medida una historia sobre el descubrimiento del otro, y nos invita a hacer esos descubrimientos al mismo ritmo que los personajes.

Pocos días antes de su boda, Emma (Zendaya, magistralmente comedida) confiesa lo peor que ha hecho en su vida a Charlie, su prometido (Robert Pattinson en su mejor versión cómica), generando un terremoto irreversible en su relación. A partir de aquí, Borgli nos pone en el punto de vista de Charlie mientras este intenta entender a su amada, es decir, reconciliar todo lo que ahora sabe de ella en una imagen unificada; y lo acompañamos impotentes mientras se va sumergiendo en una espiral de malas decisiones. También nos vamos empapando de su obsesión e incomodidad, construidas a través de un montaje rápido y brusco (de Borgli y Joshua Raymond Lee), que interrumpe escenas e incluso líneas de diálogo sin tapujos; y de una banda sonora minimalista y discordante (de Daniel Pemberton).

A partir del arco de Charlie, la película va articulando una serie de preguntas cruciales: ¿Nos define la peor versión de nosotros mismos? ¿Podemos cambiar? ¿Podemos aceptar que los demás cambien? ¿Qué condiciones hay en un amor incondicional? Así, como en sus anteriores largometrajes (Sick of Myself, 2022, y Dream Scenario, 2023), Borgli parte de una premisa fuerte para indagar, con finura y originalidad, entre los pliegues de las relaciones humanas y de la cultura norteamericana contemporánea. También como en sus otras obras, dicha premisa ocupa un lugar tan central que da muestras de agotarse por repetición en el último tercio del metraje; pero El drama aguanta el pulso narrativo a través del humor, el carisma del dúo protagonista y un memorable elenco de personajes secundarios capturados con solo un par de rasgos (Zoë Winters o Jeremy Levick, entre otros).

Además, tiene la capacidad de identificar y mostrar no pocas capas conceptuales de su idea principal. Precisamente a través de dos personajes secundarios, los amigos que son también testigos de la confesión de Emma (Alana Haim y Mamoudou Athie), Borgli introduce uno de los hilos temáticos más sugerentes: cómo la identidad y la intimidad se ven transformadas por una mirada externa. Para Charlie, la pregunta no es solo si aceptar o no a Emma, sino en qué clase de persona se convierte a ojos de los demás con su decisión. Esta intromisión del afuera resuena en multitud de imágenes a lo largo de la película, desde breves e intrusivos planos de gente mirando en el primer encuentro entre Emma y Charlie, a los espejos que reflejan a la pareja en el ensayo del baile de bodas. La boda en sí misma es, como dice un personaje, «performativa por naturaleza», y pone en escena esta tensión entre lo público y lo íntimo en el clímax de la historia.

Con El drama, Borgli se arremanga y se mete en harina con cuestiones polémicas, sin renunciar a la incomodidad pero sin regodearse en la provocación. El resultado es una película tan inteligente como entretenida, tan afilada como humana, en un equilibrio propio de lo mejor del sello A24. Ya ha dado mucho que hablar en su estreno internacional, y es de esperar que la conversación continúe tras su (tardío) estreno en España.

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