La alternativa | Red Rock West (John Dahl)

Red Rock West es una de esas películas que, aunque el término está paradójicamente sobrevalorado, está muy infravalorada, casi sepultada debajo de otras del ‹neo-noir› noventero. Resulta incluso curioso cómo ni tan siquiera la celebrada La última seducción, película posterior de su director, John Dahl, sirvió para reivindicar su trabajo inmediatamente anterior. Y eso que el filme tiene todos los ingredientes para haber despertado, como mínimo, una cierta curiosidad, aunque solo sea por su potente reparto: un Nic Cage como estrella emergente, Dennis Hopper en uno de sus papeles de psicópata alucinado o una ‹femme fatale› como Lara Flynn Boyle, en la cresta de la ola gracias a Twin Peaks.

Un casting muy “lynchiano”, si se permite la expresión, que junto a un emplazamiento contextual en esos no-lugares rurales de la América profunda, podría sugerir estar cerca de una secuela, digamos espiritual, de la obra de Lynch. Dahl, sin embargo, huye de toda la parafernalia psicodélica, del puzle argumental y visual, para situarnos en una suerte de ‹neo-noir› que colinda en muchos de sus aspectos con el western, con una galería de personajes que se mueven constantemente en una escala de grises. Cierto es que deja claras sus diferencias éticas, pero siempre transitando por la ambigüedad moral.

A Dahl, pues, se le pone por delante la labor de cambiar la idea de esa imagen expresionista del ‹noir›, sustituyéndola por campos abiertos, luz abrasadora y paisajes polvorientos. La respuesta a ello la encontramos en lo comentado: el claroscuro está en las motivaciones de los personajes, en sus deseos, ‹ambitions›, faltas y destino, tan miserable como mezquino, y cuya única posibilidad de redención es huir de ese Red Rock West más cercano a un purgatorio que a un lugar geográfico.

Pero no nos dejemos engañar por este planteamiento tan adusto. A pesar de la seriedad de lo narrado, estamos ante una película eminentemente juguetona. Desde los parámetros de la narración clásica, Dahl da rienda suelta a un humor soterrado, distanciado a base de sarcasmo. Dahl pone en movimiento a sus piezas a base de golpes de guion (que no trampas) donde la arquitectura se muestra sorprendentemente sólida a pesar de giros, traiciones e intereses ocultos. La clave está en que todos ellos giran siempre acorde a lo voluble de los intereses de cada uno de los personajes. Nada es especialmente sorprendente, cierto, pero la fluidez del desarrollo permite disfrutarlo en una continuidad orgánica.

Ayuda también la capacidad para dejar ir la correa de la interpretación: hay espacio para un duelo de locuras entre Cage y Hopper. Quizás no con la intensidad explosiva que acostumbran, pero lejos de un encorsetamiento que no le haría ningún favor al filme.

Con todos estos ingredientes, Red Rock West se muestra como una película sólida, bien construida y que puede engañar al parecer un filme poco arriesgado en sus maneras formulistas. Puede que, en un momento cinematográfico donde asomaba la patita el posmodernismo “tarantiniano” a través incluso de una obra como Asesinos natos de Oliver Stone, se pudiera demandar un grado más de locura en el filme de Dahl; algo que seguramente hubiera impactado más, pero que a la postre hubiera pervertido una visión autoral impecable.

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