Fiz um foguete imaginando que você vinha (Janaína Marques Ribeiro)

Te meten en una máquina tortuosa y te invitan a rememorar el recuerdo más feliz de tu vida. ¿Acaso existe? ¿Es tan fácil de convocar lo bueno cuando te lo exigen como una salida fácil hacia la placidez? Janaína Marques Ribeiro aprovecha esta excusa para cimentar una historia donde mezclar pasado, futuro y sororidad con la que reconstruir a su protagonista, Rosa, que visita las mujeres (ausentes) en su vida a partir de una simple sugerencia ante una resonancia magnética.

Acostumbrados como estamos a esa cadencia social en el cine brasileño, la directora mira más allá de las diferencias de clases, busca en esa confrontación hombre-mujer impuesta una forma de relatar una emborronada relación materno-filial a través de las fantasías de Rosa. No hay efectos que invoquen lo fantástico, solo pequeños detalles que nos invitan a pensar en un mundo inventado a la medida de los recuerdos y los deseos de su protagonista, una mujer que se reencuentra con su madre para, a través de sus propias normas, abrazar de una vez los eventos pasados para crear de una vez una imagen que le transporte a la felicidad.

Para ello, Fiz um foguete imaginando que você vinha esquiva todo lo que puede las figuras masculinas, una especie de enemigo por la toxicidad habitada en la realidad de Rosa. Estas dos mujeres, en una imposible equiparación de edad, se convierten en una especie de Thelma y Louise por las carreteras del norte de Brasil, una excusa desértica para enfrentarse a sus propios fantasmas y recelos, una junto a la otra. No es la obra de Ridley Scott la única que visita, otros directores inspiran esta película, como ese guiño onírico que va directo al corazón de David Lynch o esas exasperadas mujeres que enfrentan la vida al estilo más “almodovariano”, dejando claro el amor por el cine de la realizadora, que le sirven de base para narrar de una forma mucho más visual esta recapitulación.

Rompiendo las reglas lineales del tiempo y la historia, tanto Rosa como su madre se sirven como un espejo. Entre ellas se van mimetizando para que, a través de la experimentación propia, Rosa empiece a comprender la relación y la ausencia de su madre con los hombres, con las mujeres, con su propia hija. La arrolladora personalidad de su madre no consigue que se apague nuestro interés por Rosa y este enigmático proceso en el que se encuentra. Hay espacio para el absurdo, para el drama y, sobre todo, para el amor propio a través de esa imagen que va manipulando de su madre. Es como consigue que esta abstracta construcción funcione y consiga que comulguen pasado y presente para recrear, en cierto modo, un esperado recuerdo bucólico al que aferrarse tras una vida bastante tosca de la que nos van desvelando pasajes a grandes pinceladas.

Fiz um foguete imaginando que você vinha tiene una forma atrevida de sumergirse en el subconsciente de una mujer, uno rico en matices que permite darle una magnitud renovada a la soledad, que aquí nunca se percibe como unitaria, al permitir que Rosa conecte con esa fiereza con una personalidad tan arrolladora como la de su madre, alguien también ausente, pero igualmente vital para su crecimiento personal. Janaína Marques Ribeiro revisita un lugar conocido, un drama sobre la maternidad y la memoria, y lo convierte en un terreno propio que abonar con imaginación, donde los diálogos son quizá tan importantes como esos escenarios llenos de mensajes que transforman un paseo por los recuerdos en una fantasía mágica. Quizá al film le falte nervio entre sus palabras, pero se agradece un punto de vista diferente con el que una adulta puede enfrentarse al pasado, más teniendo en cuenta que el resultado será reproducir, entre tanta oscuridad, un recuerdo feliz, a veces necesario para soportar la vida.

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