La alternativa | Bat 21 (Peter Markle)

Bat 21 es una cinta que se establece en ese subgénero de pelis del Vietnam, realizada ya más de una década después del fin de la participación yanqui en el país asiático. Es importante, o al menos reseñable, porque en los años 80, mientras se firmaban un buen puñado de cintas bélicas patrioteras en el contexto de Reagan y la Guerra Fría, es cuando se realizan las obras sobre Vietnam que más impacto tienen incluso hoy en la cultura popular de USA, con un punto pesimista y crítico, donde se viene a decir que, bueno, masacre a la población civil hubo los martes y los jueves, sobre una cuestión que dividió a la sociedad estadounidense de manera irresoluble (Acorralado, esa buena película de Stallone en el 82, sugería que fue una guerra que se perdió en casa, con un discurso bien construido, cercano a lo reaccionario).

Desde que en el 68 el mismísimo John Wayne dirigiera y protagonizara The Green Berets, Boinas verdes en español (ya saben, Kubrick y su La chaqueta metálica le hacen un breve comentario cuando el recluta bufón dice aquello de «¿Eres tú, John Wayne?»), desde Hollywood empezaron a realizar una serie de cintas y obras sobre el conflicto. Si primero se intentó darle una forma propagandística, al estilo de las cintas bélicas sobre la Segunda Guerra Mundial al acabar esta, pronto quedó claro que ni buena parte de la sociedad ni el propio Hollywood en general compartían esta visión.

Fue una vez acabado el conflicto cuando desde Hollywood se realizaron el santo grial de las obras yanquis sobre el conflicto, con Apocalypse Now, la mencionada La chaqueta metálica y Platoon como obras más reconocidas, a las que habría que añadir también El cazador, El regreso o Corazones de hierro. Todas ellas, desde un punto de vista crítico —claro en el caso de Platoon o Corazones de hierro, de manera algo inquietante en el caso de Apocalypse Now—. Al fin y al cabo, la obra de Coppola es “apropiada” por parte de la sociedad de la misma manera que El lobo de Wall Street por los ‹criptobros›, y en el caso de la cinta bélica, algo hay; al fin y al cabo, su co-guionista fue John Milius.

Por eso, en los 80, el cine bélico o propagandístico de USA se detiene menos en Vietnam y se marcha a por los rusos primero, para luego encontrar a su mejor enemigo en los árabes en productos de serie B. Eso no quiere decir que no se hicieran algunas obras donde se ve el horror de la guerra y la intervención de los Estados Unidos en ella, pero que siguen teniendo el germen de “USA mola a pesar de todo”, como Good Morning, Vietnam o La colina de la hamburguesa.

Bat 21 se encuentra entre estas obras que intentaban navegar entre las aguas de la propaganda burda y la crítica total a la intervención de los Estados Unidos.

Gene Hackman (buah, cómo echo de menos a este actor) es un estirado comandante de la aviación, de esos que no se manchan las manos, que es derribado y cae al barro del horror y la guerra. En esta frase está resumida toda la película, que es también su sinopsis. Danny Glover es un piloto de reconocimiento que se encargará de darle ánimos y ayudarle a no ser capturado mientras intenta conseguir su evacuación en territorio hostil.

Hackman va corriendo de un lado a otro, se camufla de las tropas enemigas mientras va teniendo un cambio de actitud: la guerra es horrible. Sencillo y correcto, y no se hace demasiado pesado, aunque uno va sabiendo en cada instante lo que va a pasar a continuación.

En la obra se introduce de forma suave y sin sobresaltos lo que tantas otras metieron entre gritos y rabia: el racismo ante el hecho de que el personaje de Glover, por negro, no es piloto de bombardero, sino de reconocimiento. De que, ejem, hubo bajas civiles en Vietnam debido a la intervención yanqui (en la película se justifica un poco en que el Viet Cong los utiliza como escudo). En su parte final no puede evitar traicionarse un poco, y la cierta idea de antibelicismo que mostraba en ocasiones en el rostro de Hackman ante lo que va viendo (mata a un civil vietnamita, eso sí, que le ataca; no se puede evitar justificarlo todo) acaba por no importar lo más mínimo.

Una obra que viene a decir que la guerra es muy mala, se hacen cosas terribles y que igual hubiera sido buena idea no pisar Vietnam. Pero que resulta interesante al observarla y compararla con la historia del cine sobre el Vietnam de Estados Unidos, su evolución y eclosión en los 80, y cierta idea de que, ante un hecho tan divisorio para la sociedad, no es posible un entendimiento entre dos partes de la sociedad (y esta obra intenta ser un poco el centro entre los que decía no a la guerra de Vietnam en las manifestaciones y quienes la apoyaban sin fisuras).

De hecho, tan complicado sigue siendo Vietnam y su guerra que, finalmente, en los 90, el punto de vista que triunfó fue la cosa más amable jamás hecha (aparte de una maravillosa película, las dos cosas pueden ir de la mano). Hablo de Forrest Gump. Esa obra, donde el bueno de Forrest y la mirada del cineasta Robert Zemeckis es claramente antirracista, jamás se moja sobre el conflicto de Vietnam.

El momento más elocuente es cuando Forrest Gump aparece en una manifestación contra la guerra y es invitado a dar su opinión como veterano que es. Los altavoces sufren un sabotaje y no se escucha lo que dice el protagonista. Tan solo, de forma cómica, regresa el sonido a los altavoces cuando está acabando: «…y esto es lo que opino de la guerra de Vietnam».

Silencio. Nunca estaremos de acuerdo. Pasemos a otra cosa.

Y esa cosa fue la Guerra de Irak.

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