Entrevista a Alba Sáez, protagonista de Corredora

Conversamos con Alba Sáez, protagonista de Corredora, de Laura García Alonso, y actriz debutante en el terreno del largometraje. La película es una ópera prima centrada en una atleta de élite que sufre un brote psicótico, y compitió por la Biznaga de Oro en la pasada edición del Festival de Málaga. Pasó también por el Barcelona Film Festival y aterriza en cines este viernes.

Arnau Martín: ¿Crees que nuestro imaginario cinematográfico todavía sigue lastrado por las narrativas deportivas triunfalistas o ya hemos empezado a darnos cuenta de que pueden contradecirse?

Alba Sáez: Sí, hemos empezado, y Corredora es una prueba fehaciente. Pese a responder a la categoría de película deportiva, o al menos englobarse dentro de esta temática, buscamos erigir un contradiscurso o una contraépica. Tendríamos que dejar de percibir a los deportistas como héroes o dioses griegos, o como personas que no se rompen. Esta perspectiva oculta completamente la vulnerabilidad personal, sobre la que es necesario ofrecer representaciones y crear ficciones comprometidas.

A.M.: En nuestro panorama tan exigente a nivel psíquico, ¿no forzar los conflictos en las historias es un acto de resistencia?

A.S.: Pienso que se trata más bien de un acto de dignificación de las personas que afrontan los procesos que retratamos. Intentamos situarlas en el lugar que merecen, esto es, en un espacio de escucha, de acompañamiento y de empatía.

A.M.: ¿Qué factores destacarías de tu proceso de construcción de Cris?

A.S.: Me preparé durante un año para encarnar al personaje, tanto física como mentalmente. Estuve yendo tres veces por semana a una pista de atletismo, bajo la supervisión de un entrenador, y mano a mano con la directora Laura García fuimos construyendo su delirio y delineando sus capas psicológicas. Ha sido un proyecto intenso y espero que la película refleje el esfuerzo que hemos volcado en ella.

A.M.: Proyectas mucha energía interior a través de la rigidez de tus facciones y de tu trabajo físico, pero tu personaje puede decaer en cualquier momento. ¿Era lo que buscabas?

A.S.: Este era uno de los retos principales, que Cris transmitiese fortaleza y fragilidad al mismo tiempo, de modo que irradiara una tensión prolongada en el espectador hasta el punto de que, dada su inestabilidad, no se supiese qué iba a hacer en cada escena o cómo iba a reaccionar. Por eso hay gente que sugiere que Corredora tiene cuerpo de thriller.

A.M.: Acerca de cómo representáis el brote psicótico, pensaba en la escena de la piscina de La mujer pantera de Jacques Tourneur, donde no se ve al animal que persigue a la protagonista, pero su presencia se sugiere a través del sonido y de las sombras. Es interesante cuando el cine no externaliza la angustia, pero nos la transmite con la comparecencia de la actriz en pantalla, dando a entender que el mal es más interior que exterior. ¿Cómo es encarnar esto?

A.S.: Con Laura teníamos muy claro que no queríamos mostrarlo de una forma excesiva, y era prioritario huir del morbo. Debemos reconocer que no estamos acostumbrados a ver un brote psicótico, o si lo expresamos en otros términos, aún no estamos familiarizados con ver representada la locura, concepto que arrastra connotaciones de gran envergadura. La premisa era que el espectador viese lo que le sucede a Cris en el momento de experimentarlo y que lo pudiera intuir, pero que no lo supiese definir con exactitud. Al ver la escena se abre una distancia que a su vez no suprime la voluntad de acompañamiento que pretendíamos sostener. Me gusta haber formado parte de una película que en el fondo lo que busca es que perdamos el miedo a mirar la locura, sumada a todos sus tabúes. Ahora se ha abierto la puerta para pensar lo que implican la ansiedad o el estrés crónico, pero queda mucho trabajo por hacer si queremos ser compasivos ante personas que sufren enfermedades mentales, a quienes solemos acercarnos con temor y sin las herramientas idóneas.

A.M.: Impacta cómo logras transmitir la apatía que le sobreviene a una persona al someterse a un tratamiento psicológico de estas características, cómo tus ojos pierden el brillo y se desmorona tu actitud corporal. ¿Las escenas de Cris con su hermana dentro de casa necesitaron muchos días de convivencia para resultar tan naturales?

A.S.: Fue algo muy orgánico, y Marina Salas tiene una sensibilidad increíble. Ensayamos mucho e hicimos bastantes improvisaciones para, a fin de cuentas, hacer germinar un amor entre dos personajes que realmente son antitéticos. Cris es hermética, le cuesta mantener un contacto físico y siempre se deja llevar por una visión de túnel, mientras que Natalia es más vivaz y le gusta improvisar. Sin embargo, ambas tienen un punto en común determinante, que es que se acompañan y simplemente están la una para la otra. Eso es precioso, pero es fácil y difícil a la vez. Natalia, al contrario que su padre, no infantiliza a su hermana en ningún momento, no cae en paternalismos y le concede una identidad, una agencia. Ello es de gran ayuda para que no recaiga en un estado grave y quizá con consecuencias irreversibles.

A.M.: Hay algo de la película que me llegó y que tiene que ver con un estado de desánimo a nivel generacional, me atrevería a decir, y que se vincula con cómo nos han prometido a los jóvenes un crecimiento exitoso a costa de cualquier cosa.

A.S.: Una reflexión que extraigo de Corredora es justamente que quizá no hace falta cumplir un objetivo si ello implica pisar o renunciar a muchas cosas. Pensando en Cris, es lícito, respetable y en muchas casos necesario sobreponer la salud a los deseos, ya no sólo para ser feliz, sino para vivir. En nuestra sociedad, como hemos hablado, decir que no a cumplir un sueño es un acto valiente, y creo que ser adulto significa saber plantarse y negarse a propósitos. Eso sí que significa ponerse en el centro y desarrollar un cuidado hacia la gente que nos rodea.

A.M.: Sin necesidad de explicar demasiado el final, ¿podríamos decir que Cris abre una vía para aceptar su vulnerabilidad emocional y empezar a asimilar su proceso?

A.S.: Sí, en efecto es una vía abierta, y la gente de su alrededor, sobre todo su hermana, le han concedido la oportunidad de que descubra por sí misma lo que debe hacer, o dejar de hacer. Ya desde el comienzo del guión, la idea con Laura era construir una historia de aceptación, no de superación.

A.M.: ¿Habitar un personaje en el cine implica perder el control de la propia imagen y abrirse hacia dentro?

A.S.: Totalmente, y con más motivo con un personaje con estas particularidades. A nivel técnico, físico e incluso facial tenía que tener claro lo que quería hacer, aunque nunca me había visto durante tantos minutos en una pantalla grande. Este ha sido mi primer papel protagonista, y me resulta curioso, en algunos planos de la película, el hecho de no reconocerme. Cuando me vi en una sala de Málaga me noté disociada y sentí felicidad, también porque era la primera proyección pública.

A.M.: ¿Te ves con coraje para continuar por esta senda, más allá del teatro?

A.S.: Este ha sido un viaje increíble y sí, me veo con muchas ganas de explorar cómo me relaciono con la cámara. El teatro, por ejemplo, es muy diferente en cuanto a tiempos, se controlan más y en cierta medida representar una obra teatral es como lanzarse por un tobogán, sin frenos. El cine, por el contrario, fracciona más la acción, la complejiza, y para lanzarse se necesita mucho músculo. El teatro me ha disciplinado y ha sido un entrenamiento de años que me ha predispuesto para alcanzar este punto.

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