Mis problemas con el matrimonio (Signe Baumane)

La directora letona Signe Baumane, una de las figuras más prominentes de la animación independiente actual, ha labrado su carrera principalmente en el formato de cortometraje, dedicándose en particular a temas de embarazo, salud y sexualidad, desde un punto de vista femenino que le ha dado un toque distintivo. Fue con su primer largometraje, Piedras en los bolsillos, cuando la mayor ambición narrativa descubrió una intención plenamente autobiográfica. Y si en aquel caso Baumane hablaba sin tapujos de su depresión, de sus ideaciones suicidas y de la difícil relación con su familia, su segunda película se centra en la relación que desarrolló con el concepto de matrimonio y su posición como mujer en la sociedad.

La forma de contarlo, en este caso, cambia ligeramente, ya que la autora opta por una narración no netamente autobiográfica, sino personificada en el avatar de una mujer llamada Zelma. Pero la reflexión íntima e inequívocamente propia de Mis problemas con el matrimonio permanece, y hace de ella una cinta, de nuevo, personal; en la que Baumane vuelca sus pensamientos, sus emociones, sus preocupaciones y, en cierto modo también, la satisfacción de haber podido hacer encajar piezas que disonaban en su vida.

La película nos muestra un recorrido desde la infancia de Zelma hasta la actualidad, pasando por un amor no correspondido, dos matrimonios fracasados -uno por un marido abusivo y con complejo de inferioridad, y otro por no encajar en el molde definido por sus anteriores relaciones- y una muy turbia historia sobre cómo perdió su virginidad. Durante todo el proceso, la protagonista no deja de adquirir y asimilar conceptos acerca de cómo debe expresarse en sociedad como mujer, imbuidos a través de un entorno restrictivo y machista. Interioriza ideas sobre cómo debe comportarse, sobre cuáles deben ser sus propósitos y cuál es el ideal de mujer al que debe aspirar, representadas en unas arpías que le acompañan constantemente y, a base de canciones, “corrigen” y guían su camino. Es así como termina aprendiendo a mostrar una actitud pasiva, sumisa y débil; pero es también así como va encontrándose con dudas y con una infelicidad existencial que le carcome, siendo también testigo del choque cultural entre su Letonia natal y otros países de Europa, en medio del escenario de transformación política y social tras la caída de la Unión Soviética.

A través de Zelma y de su viaje emocional, Baumane reflexiona sobre toda la educación tradicional que ha recibido y las ataduras que ello ha supuesto a su libertad expresiva. Va descubriendo gradualmente que su plenitud no está en la sumisión ni en el ideal que le han impuesto desde niña, sino en la persecución de un camino propio, la huida de un entorno prejuicioso y asfixiante y el desarrollo de su carrera artística; pero es un proceso lleno de baches y caídas, y también de momentos en los que parece sentirse cómoda y feliz en la conformidad, encajando en los moldes que han dispuesto para ella. Como todo aprendizaje vital, el que se refleja en Mis problemas con el matrimonio está lleno de contradicciones personales y frustraciones, y la forma en que refleja lo errático del mismo, incluso a pesar de que el espectador es claramente consciente de lo que está pasando, es lo que en mi opinión la hace particularmente emotiva. Es una disección abierta y complicada de todo lo que pasó por su mente hasta llegar a donde está.

Más allá del uso de un avatar, una diferencia importante con Piedras en los bolsillos es que, en esta ocasión, la cinta opta por una estructura de musical. No es, claro, un musical al uso con grandes coreografías, pero sí es una forma más lúdica de representar el mundo interior de su protagonista, en particular de las “voces” que permanecen en su cabeza y dictan cómo debe ser, qué versión de sí misma proyectar de acuerdo a las tradiciones y a los prejuicios de su alrededor. Este añadido, lejos de restar crudeza y sinceridad, aprovecha a la perfección esa sensación de irrealidad y ensoñación que nos abre al mundo subjetivo de Zelma. Aquí hay además un elemento curioso en la forma de una neurona que cuenta a detalle los procesos fisiológicos por los que pasa la protagonista y sus fluctuaciones emocionales, algo que sin duda puede resultar interesante y hasta instructivo, pero según a quién también podría ser algo pesado de escuchar. Por lo demás, los recursos utilizados en esta película son un eco de los de aquella: una animación que mezcla ‹stop motion› en papel maché y dibujos a mano, dando rienda suelta a la plasticidad que ello da a las formas para mostrar figuras caricaturizadas y representar metáforas visuales de las emociones que narra.

En cualquier caso, son evidentes los paralelismos entre ambas cintas, y pese a que Mis problemas con el matrimonio refleja una cierta evolución artística al optar por una estructura no tan agresivamente autobiográfica, tal vez porque Baumane se siente más cómoda o libre reflejando sus sensaciones a través de un personaje ficticio, sigue siendo una muestra contundente de continuidad temática y narrativa. Muestra que su incursión en el largometraje viene para establecerse y fijar un estilo propio, uno que ya ha demostrado que tiene mucho que aportar al medio, como canal de expresiones subjetivas y vivencias personales, y al que viene como un guante la amplitud expresiva del mismo para visualizar y transmitir con precisión la complejidad de la experiencia psicológica y emocional de su directora.

Podéis ver Mis problemas con el matrimonio en Filmin:

https://www.filmin.es/pelicula/mis-problemas-con-el-matrimonio

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