Furia silenciosa (1982) / Avengement – Venganza (2019)

Hoy tenemos una sesión doble movida con los ‹action heroes›, un poco de acción de serie B para recordar al recientemente fallecido Chuck Norris en Furia silenciosa de Michael Miller y al más actual Scott Adkins en Avengement (Venganza) de Jesse V. Johnson.

 

Furia silenciosa (Michael Miller) 

El triste fallecimiento del legendario Chuck Norris en pasadas fechas provocó que muchos profesionales elaborasen sus ‹rankings› con el fin de ordenar sus mejores películas. Me llamó poderosamente la atención que una de las mejor posicionadas fuese esta Furia silenciosa (Silent Rage, 1982)cinta a la que yo no tenía localizada entre los numerosos ‹exploits› de la Cannon que lideró Norris en los 80.

Vista hace pocos días he de decir que Furia silenciosa emerge como una ‹rara avis› en la filmografía del hombre cuyas lágrimas podían curar el cáncer. Pues no es un producto diseñado para mayor gloria de su estrella protagonista, sino que se abre como una especie de homenaje a ese alucinante cine de serie B de los años 30 y 40 del siglo pasado, pero fotografiado con esa fogosidad y juego de luces lisérgicos típicos del cine de acción ochentero. Y también se la podría señalar como un anticipo de la idea que amaneció en la mente de James Cameron, allá por el año 1984, para cincelar Terminator, pues la premisa de la peli es muy parecida a la que concibió el autor de Titanic dos años después.

Furia silenciosa se alza como una ‹sci-fi› muy entretenida y bien resuelta, salpimentada por buenas escenas de acción e intriga y algunas dosis de ese ‹slasher› tan de moda a principios de la década en la que fue filmada. La trama es bien sencilla. Un enfermo mental asesina a la familia que le alquila una habitación, y en su huida es tiroteado por la policía. Este hecho será aprovechado por un trío de ‹mad doctors› que estaban experimentando con el paciente para desarrollar una especie de antídoto que puede cicatrizar cualquier herida, por grave que sea. Así, le darán una dosis experimental al moribundo, convirtiéndole en un mutante imposible de matar, pues cualquier herida en su cuerpo desaparecerá en segundos. Tan solo una pareja de policías, liderada por un ‹sheriff› bastante mujeriego (Chuck Norris) y su pardillo compañero aprendiz de policía, tratarán de cazar al bellaco mientras mantienen a raya igualmente a una pandilla de ángeles del infierno que están alterando la paz de la localidad.

El argumento, tal como lo he resumido, es insólito, jugando con la coralidad de su elenco y no centrándose en ningún carácter especialmente. Tan solo dejando lucirse a Norris en un par de secuencias diseñadas para él, la de su pelea en un local con la banda de moteros alborotadores y la lucha final contra el mutante-villano del film. Norris está sorprendentemente contenido, sin lucir músculo ni pericias marciales, y sí jactándose de sus dotes como amante, folgando en dos secuencias eróticas inéditas en su filmografía.

Nos encontramos pues con un dulce que sabe conjugar con mucho tino un batiburrillo de géneros (‹sci-fi›, acción, terror e incluso erótico). Un producto muy compensado gracias a un elenco que sabe jugar en equipo sin dejar que nadie sobresalga sobre el resto (con el trío de doctores Ron Silver, Steven Keats y William Finley rediseñando el mito de Prometeo de hombres jugando a ser dioses y también con la agradable presencia femenina de una joven Toni Kalem) construyendo así los cimientos precisos para sacar a la luz a uno de esos asesinos que marcarían el sendero de lo que iba a ser el cine de género de los años 80, interpretado de forma magistral por Brian Libby, dejando un surco muy profundo en la mente del espectador con un final tan inquietante como demoledor embellecido con una lucha a muerte a patada limpia,  como exhibición de un Norris en plan actor total lejos de la caricatura moldeada en la Cannon.

Escrito por Rubén Redondo

 

Avengement (Venganza) (Jesse V. Johnson)

Ser un ‹action hero› nunca fue fácil: por aquello de que se puede caer como si nada en la reiteración y la mundanidad; por el hecho de trabajar un género donde los bajos presupuestos y las producciones inefables abundan; o, y no menos importante, por la mera cuestión de ver relegado tu trabajo a un estéril segundo plano: el cine de acción, como tantos otros y por desgracia, nunca estará entre los importantes.

Scott Adkins pertenece a esa imperdible pero menospreciada raza de actores que, hasta que no se encuentran con un ‹hit› o con un gran director —véase los Van Damme, Willis o incluso el citado arriba Norris—, permanecen (parcialmente) silenciados; y lo sabe (o lo parece) y parece abrazarlo sin importarle lo más mínimo. Porque una vez pasados los años 80 y 90, no se asemeja un gran margen de mejora para el cine de acción —aunque siempre haya algún indonesio loco que nos pegue un zapatillazo en la cara para descubrir una nueva realidad—, y la cuestión es seguir a lo tuyo mientras cubres expediente en producciones de mayor calado —y en roles tan imperceptibles como el del propio Adkins en X-Men Orígenes: Lobezno, donde daba vida nada más y nada menos que a Deadpool—.

Pero como no todo va a ser rellenar cuota, de ahí surgía, entre las numerosas colaboraciones del actor británico con el cineasta Jesse V. Johnson, una de esas cintas tan disfrutables como atrayentes. Hablamos, para la ocasión, de una Avengement (Venganza) que, como su propio título indica, es una ‹revenge movie›. Está claro, el film del de Winchester no inventa nada ni lo pretende; es más bien volver a aquello que funciona y que pocos saben replicar. Porque sí, en efecto, estamos ante uno de esos ‹actioners› de serie B con alma de ‹exploit› que saben a la perfección el terreno en el que se manejan y lo exprimen como si en realidad fuese fácil.

Jesse V. Johnson nos traslada a un bar donde el protagonista, un Adkins repleto de cicatrices y con muy malas pulgas, acorralará a su antagonista y los esbirros que le rodean. El mecanismo narrativo es tan simple como ir desgranando la historia en torno a ‹flashbacks› que nos trasladan a un ambiente carcelario donde se desarrollará parte de la acción (y las piñas); muy en la línea de la maravillosa Brawl in Cell Block 99, aunque salvando las distancias, claro. Y, a partir de ahí, el festival está servido para deleite de los amantes de ese cine de acción en los márgenes: más rudimentario, más sucio y más salvaje, pero también gozoso como pocos.

Avengement tiene claro cuál es el engranaje en torno al cual gira todo, y las coreografías de las que se surte Adkins no es que brillen con luz propia, pero aportan una ferocidad muy oportuna sin la que no tendría sentido una premisa tan sencilla como mecánica. El pragmatismo de su autor y la furiosa mirada de Adkins echan el resto en un film que, aunque no se complica en exceso, sabe sustraer a la perfección el jugo y esencia de aquello que intenta reverenciar; sí, quizá no pasará a a la historia, pero bien merece una oportunidad.

Escrito por Rubén Collazos

 

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