Danny Boyle… a examen

Mirando los títulos y contenidos de las películas de Danny Boyle se descubre una de sus primeras obsesiones: el dinero. Como constante, no le hace perder el tiempo, dejando títulos como Una historia diferente, Millones, Slumdog Millionaire, siendo también el fin de su última película, Trance. Todos ellos títulos que comparten este tema, siendo tratadas en historias que se podrían considerar opuestas. Pues bien, todo tema recurrente tiene un inicio, y ese es su primera película para el gran público (sus trabajos anteriores para televisión los dejamos en el limbo) Tumba abierta.

Aún así, el dinero no va a ser la única manía que encandila a Danny Boyle: la música techno y los pasajes videocliperos hiperactivos son debilidades que apasionan al director. Tumba abierta cumple todos estos requisitos, añadiendo la presencia por primera vez de su musa con pantalones Ewan McGregor.

Liza Minnelli y Joel Grey ya cantaban eso de «money, money, money» en Cabaret, y es que desde siempre, la idea de rebozarse en montones de billetes ha sido más un dolor de cabeza que un sueño idílico del que disfrutar, y Boyle nos lo quiere enseñar.

Comenzamos con tres compañeros de piso, amigos inseparables que se complementan con su ácido humor y su modo de reírse de la vida pese a que cada uno tenga un estilo propio e ideales opuestos. El trío perfecto que busca un cuarto con el que quiera compartir hogar. Una película con un inicio distendido, feliz, alegre y todo lo puñetero que se pueda imaginar, que deriva hacia el consabido dolor de cabeza monetario. Al entrar un cuarto personaje en sus vidas, todo cambia cuando muere y descubren una más que satisfactoria cantidad de dinero que surge de un desconocido al que nadie reclama. Como lluvia caída del cielo. La moralidad hace presencia en el instante de decidir si llamar a la policía o deshacerse del cadáver para disfrutar de riquezas insospechadas. Todos sabemos lo que va a pasar a continuación…

Pero lo que no podemos controlar es el estilo con el que todo va a ir degenerando, cuando la obsesión y la avaricia aparecen para destruir a los personajes y cambiarles la cara con la que los otros les conocían. ¿Existe la fe ciega cuando hay algo más “importante” en juego? En una más que hilada comedia negra nos dejamos sorprender con la maña de Boyle y sus extraordinarios compañeros de fatiga (Ewan McGregor, Kerry Fox y un impactante Christopher Eccleston), donde se acapara la atención en un maletín que tiene sobre él más ojos de los necesarios. Al campo de rosas no paran de salirle espinas y estos jóvenes han decidido tirarse de cabeza.

La amistad se basa en la confianza, pero esta confianza tiende a dispersarse cuando hay demasiados temas a los que atender, también llamados intereses personales. Teniendo en cuenta que el plan perfecto no existe, tal y como avanza vamos desatando cabos y desvirtuando las ideas preconcebidas al ver cómo no hay listos ni débiles, sólo intrigas y un exceso de manía persecutoria que consigue poner a cada uno en su lugar, porque los tríos son multitud, y más cuando se va afianzando la necesidad de ser uno. Un atropellado final que permite ver la luz después de tanta inquina cierra a la perfección una amistad desviada a la conveniencia, distanciando el inicio del final, pese a utilizar una misma frase en ambos momentos.

Lo cierto es que Boyle prometía con este debut en el cine, y así lo ha ido demostrando con los años, hasta alcanzar un reconocimiento por el que imagino que debe sentir mayor debilidad que por el sueño de ducharse en billetes cada mañana.

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