Sus hijos (Pablo Trapero)

Sus hijos es un poliédrico drama familiar que arroja luz a las complejas relaciones paterno-filiales entre un famoso escritor caduco y sus tres hijos extraviados. Esta premisa para nada innovadora, se ve impulsada por una revelación sorprendente e impropia de los códigos del drama familiar común. Andrew, interpretado por un Bill Nighy desbordado de carisma, convence a sus tres hijos para reencontrarse muchos años después de su separación accidentada. El patriarca es un hombre hermético y lleno de excentricidades, envuelto en un aura de patetismo a causa de la bebida y su índole ermitaña. Una extraña mezcla de nostalgia y vértigo respecto a la muerte acechante le lleva a organizar esta reunión con la intención de desvelar de una vez por todas su secreto más férreamente preservado, aquel sobre el que se apoya su vida y el mismo que resultó en la quiebra de su familia y posterior diáspora. Andy, su hijo bastardo, el único que ha vivido acorde a su condición en el mismo techo que su padre, objeto y víctima de su fallido cuidado paternal, no es el fruto de una aventura extramatrimonial como se entendió en su momento, sino el resultado de un proyecto nórdico de clonación humana, por lo tanto, la copia genética de Andrew.

La película focaliza su atención en la digestión individual de la información que presenta el padre, que cada vez parece más convincente. En ese juego de fe, confianza y engaño se disputa una trifulca dramática que mezcla múltiples personajes y deja poco a la imaginación. En favor de su fuerza dramática, que paradójicamente es el apartado más acartonado e insustancial de la propuesta, Trapero opta por eliminar los matices y ambigüedades de su gran giro. Todos los personajes, a excepción de Andrew, existen como pura reacción. Sus caracteres se ven limitados a simples respuestas, complementarias entre sí. En un tablero dramático en el que cada pieza tiene un rol asignado, el impacto del detonante pierde puntos como estudio o meditación sociológica y se consolida simplemente como un posibilitador de secuencias dramatizadas.

La cinta se centra más en como responden sus personajes a la “sorpresa” y menos en que nos puede decir esa “sorpresa” de sus relaciones familiares y de la familia en general. Hay ideas fantásticas que parecen asomarse detrás del alto muro de diálogos y personajes forzados. El concepto de familia líquida, en la que toda relación presuntamente rígida se torna circular puede dar mucho de sí. Los hijos hacen de padres, los padres de hijos, los hermanos pueden ser primos o completos desconocidos, la madre puede enamorarse de su hijo por su similitud con el padre… Otras posibilidades interesantes como la del escritor que decide integrarse en su propia obra, o que se confunde con ella accidentalmente, quedan descartadas rápidamente. Trapero se limita a contar el suceso como una historia coherente y limitada, evitando contradicciones, riesgos o vaguedades, ajeno a su propio descubrimiento.

El único que salva los muebles en esta apuesta por el dramatismo es el propio Bill Nighy. Solo él es capaz de encarnar y apoderarse de su personaje, los otros intérpretes, obsequiados con roles menos agradecidos, actúan equipados con una máscara transparente. La obra, en vez de demostrar sus afirmaciones diegéticas, las subraya para obligarte a creerlas. Si Andrew fuera realmente un escritor prodigioso, su monólogo escrito final sería suficiente para convencernos de su talento. En cambio, la película utiliza el diálogo para constatar ese hecho, y compensar por la mentira evidente. Lo mismo pasa con la supuesta similitud entre “padre” e “hijo” que, pese a la constante insistencia, nunca se acaba de asimilar. Esta estrategia parece síntoma de un complejo de inferioridad que acaba por romper con el espejismo de la ficción.

Pese a todo, Trapero se esfuerza mínimamente por crear una dialéctica visual complementaria al texto. Desde el primer plano, el cineasta establece una conexión invisible entre los dos Andrews que se va a mantener y confirmar con el paso del metraje. Aunque su enfoque central resulte en gran medida fallido, Sus hijos consigue plantear preguntas sobre la familia, la muerte y el legado que sobreviven a su visionado.

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