El demonio y la carne (Clarence Brown)

Este año 2026 se cumplen 100 años del estreno en EEUU de El demonio y la carne (Flesh and the Devil). Una película dirigida por Clarence Brown, que nos cuenta la historia de dos hombres, amigos desde la infancia, y una fascinante mujer que se interpone entre ellos.

Film protagonizado por Greta Garbo, John Gilbert y Lars Hanson, que son los integrantes de un triángulo amoroso, es la primera colaboración del director con la estrella de origen sueco, con la que llegaría a hacer otras seis películas más, y que aquí realiza su primer gran papel en Hollywood con una obra que destaca por su alta tensión sexual y con unas escenas llenas de deseo e intensidad entre Garbo y Gilbert, que además eran pareja en la vida real por aquel entonces.

Película muy robusta en lo visual e incluso audaz en algunos momentos (magnífica la escena del duelo a base de sombras y perfiles) que en su primera parte emplea un tono más ligero y desenfadado, centrándose en la amistad profunda de los dos protagonistas masculinos y mostrándonos ese mundo de camaradería militar que rodea a ambos, dos oficiales del ejército. Pero la aparición del personaje de Greta Garbo, con esa magnética mezcla de frialdad y erotismo, rompe la dinámica, sobreponiéndose a esta relación de amistad. A partir de aquí, el film se convierte en la indisimulada historia de una feroz pasión entre Garbo y Gilbert con unos besos, unas miradas y una cercanía entre ambos que traspasan la pantalla y transmiten una atracción real y desbordante, que a veces llega incluso a ser escandalosa —hay un momento en una secuencia en una iglesia en la que Garbo, al recibir la comunión y beber del cáliz, busca posar sus labios en el lugar exacto donde instantes antes lo ha hecho Gilbert—. Así, el film pasa a convertirse en una melodrama, a veces insano y enfermizo, en el que la atracción por una mujer fascinante hace peligrar una amistad que parecía indestructible, y que puede degenerar en toda una serie de consecuencias dramáticas capaces de destruir a los protagonistas.

El ritmo del film, su tempo dramático, las interpretaciones, la convierten una historia apabullante llevada por una deriva de pasiones y sentimientos en la que todo se nos muestra de forma tan explícita y descarnada. Habrá que esperar décadas, a las postrimerías del Código Hays para ver escenas como las que aquí se muestran y que parecen antecedentes de algunas secuencias del cine de Hitchcock con mayor carga sexual.

Todo es perfecto y todo encaja en una película emocionante e intensa, que no muestra debilidad alguna, salvo por un final quizás en exceso moralizante, pero que no por ello rebaja la calidad extraordinaria de un film repleto de imágenes icónicas. Sin duda, una obra magna e indiscutible, que se revela como una de las muestras más altas de esplendor del cine clásico. En resumen, una obra maestra.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *