El misterio de Lucy Lost (Olivier Clert)

No hay lugar más apartado de la realidad que una pequeña isla, y allí es donde camina sin rumbo, como soñando, una niña de pelo blanco en mitad de la noche. Es así como Olivier Clert nos incita a creer en la magia en su primera película, El misterio de Lucy Lost, donde la niña, la isla y el océano se convierten en pistas con las que desentramar un misterio mucho más humano de lo que pudiéramos pensar. Es casi lógico al saber que la historia se inspira en la novela homónima del escritor británico Michael Morpurgo, que centra tantas novelas en la adolescencia y los tiempos de guerra.

En el mundo en el que vive Lucy, un pueblo de pescadores en una pequeña isla cercana a Inglaterra, hay dos realidades que conviven gracias a la inocencia infantil. Una es la doble vida de Lucy, una niña diferente al resto de habitantes que encuentra una vía de escape al conocer a otra niña de su misma edad que solo ella puede ver; la otra es el trasfondo de la I Guerra Mundial, conviviendo con bombardeos lejanos y las noticias de aquellos que han marchado al frente y nunca podrán volver. Olivier Clert convierte a Lucy en un enigma a resolver y lo hace con delicadeza y sin negarse a abrazar la fantasía. La película tiene ese deje didáctico pero el mensaje que traslada es mucho más profundo de lo que podría parecer en un inicio. Vivimos a través de los ojos de Lucy y su forma de despegarse de las restricciones en las que vive —en un hogar sobreprotector—, al conocer que cuanto más minúscula es una sociedad, más cerrada es su mente. Dentro del amor de su familia hay secretos que se convierten en un peso que debe arrastrar la protagonista, y la presencia de esa persona que solo ella puede disfrutar, una muchacha alegre e inquieta, despierta esa energía infantil que debería formar parte de Lucy.

Pero la realidad siempre quiere dominar a la fantasía y la guerra se va convirtiendo en un tema con mucho más peso en esta historia. El director encuentra de un modo inteligente la medida exacta en el drama para que siga resaltando la imaginación de Lucy por encima de todo. Ella brilla hasta en los momentos más oscuros, y tiene esa necesidad de alentar al espectador a abrazar la diferencia, a comprometerse con uno mismo respetando el espacio de los demás, a surcar los océanos de la mente y su complejidad, algo que se integra con facilidad en la animación al atreverse a tratar temas tan complejos desde la perspectiva de una niña que apenas está descubriendo que existe el mundo. A veces divertida, tierna y muy comprometida con lo dramático de su emplazamiento en plena guerra, El misterio de Lucy Lost es una puerta abierta a la reconciliación personal a través de una aventura imaginativa, sin necesidad de decidir si el público al que se dirige es el infantil o el adulto, porque escoge afinar su discurso en múltiples capas.

Una película sincera y complaciente, con un estilo de animación colorido y acogedor que encaja a la perfección con esa personalidad todavía por descubrir que va afianzando su protagonista en todas las fases de aprendizaje en las que se ve envuelta. La realidad también esconde su magia.

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