Con el calor, llega el verano. Una de esas etapas donde dejar de lado la realidad y encontrar un espacio alejado de la mundanidad del día a día. Esos espacios que, durante la adolescencia, implican libertad y exploración, con nuevos horizontes que se abren poco a poco ante uno. Pero también son, en ocasiones, pérdida. Como en el caso de Betjka y su mejor amiga, Alma, quienes comparten unos últimos días juntas antes de que esta parta a Estados Unidos para afrontar una nueva etapa. Porque de eso trata también la adolescencia, claro.

Con esas directrices, Vojtěch Strakatý compone en su debut una nueva mirada en el campo de las ‹coming of age›. Pero aquellas transformaciones casi imperceptibles, vinculadas a los cambios físicos propios de la edad y a un estado afectivo mudable, se significan ante una situación difícilmente controlable.
Las dudas, la incerteza y un porvenir incierto por aquello que implica cierta vulnerabilidad emocional frente a una variación que alterará el estado del universo adolescente de Alma, sirven al debutante para perfilar un film donde el fantástico se transforma nuevamente en vehículo más que en pieza articular. El deseo por escapar de esa tesitura, hará que Alma encuentre en una especie de estanque en mitad del bosque la que pudiera ser solución a sus temores más profundos. Porque evadirse de la realidad también puede ser una opción.
Strakatý acierta en ese sentido no otorgando unas directrices específicas a ese misterioso lugar. Sí, en efecto, no resulta complejo desentrañar el significado que se le otorga a ese entorno vinculado a lo sobrenatural, pero no se atisban por lo menos unos mecanismos sobre los que funcione el elemento fantástico. Por contra, The Other Side of Summer despacha cualquier duda alrededor de la posible ambigüedad que pudiera surgir sobre la función de dicho espacio mediante un personaje que se antoja tan redundante como disgregado del relato central. No es que el film se empeñe en subrayar a través del mismo aquello que desvelado desde el mero simbolismo podría ser comprendido con facilidad y resultaría, además, mucho más sugerente, sino que termina existiendo un esfuerzo baldío por integrarlo en secuencias cuya presencia se antoja superflua y baldía.

La confluencia entre géneros propuesta por el cineasta resulta estimulante pero quizá en ocasiones un tanto frágil y veleidosa. A fin de cuentas, lo que funciona como vía de escape termina cediendo ante unos parámetros un tanto vagos que no arrojan ningún tipo de fascinación al relato. Sí logra reflejar su autor esa inestabilidad propia de una etapa como la adolescencia, pero sin llegar a profundizar en un vínculo que termina resuelto mediante perezosas escenas que solo alcanzan a rasgar un tanto de la superficie.
The Other Side of Summer gana, en definitiva, cuando decide huir de cualquier tipo de coartada y dialogar frontalmente, asumiendo que la realidad debe salir a flote en un momento u otro. No es extraña la elección del cineasta debutante acudiendo a ese revestimiento de género que acoge las dudas e incerteza de un periodo envuelto por su naturaleza voluble, aunque sus decisiones nunca lleven a que el film consiga tomar cuerpo y desplegar el magnetismo de unos parajes que apuntaban a un diálogo mucho más fructífero que el que se termina sucediendo.


Larga vida a la nueva carne.





