
El despertar (The Awakening) es una de esas películas ocultas ya no solo dentro del género, sino incluso dentro de la propia filmografía del director. Quién se podría imaginar que Mike Newell pasaría de dirigir una cinta de género que bordea la serie B a producciones como Cuatro bodas y un funeral. En fin, cosas de la cinematografía. Pero más allá de esta curiosidad, lo auténticamente relevante es que, una vez visionada, se entiende de alguna manera la condición maldita de la cinta. Pues si algo es innegable, es que en ella conviven dos almas: por un lado su concepción de serie B y, por otro, su incesante lucha interna por tratar de ser algo más. Un “quiero y no puedo”, por decirlo de alguna manera, que no es necesariamente negativo pero sí condicionante en su resultado final.
La idea parte de las bases habituales en las películas de momias y maldiciones egipcias. De hecho, podría ser un “copia y pega” de cualquier cinta de este subgénero: arqueólogos buscando restos ocultos, una maldición ancestral, su descubrimiento y, finalmente, el hecho de desatar dicha maldición. Parece que no aprenden; si está tan oculto y con mensajes que avisan de no abrir ciertas cosas, será que es mejor no hacerlo, ¿no? Pero claro, entonces no hay película. No hay que negar que, aun siendo un tópico tras otro, este tramo funciona: uno sabe lo que espera y la película se lo da.
El problema —que quería ser virtud— es que Newell, siendo consciente del signo de los tiempos, intenta mezclar esta mitología con algo muy parecido al desarrollo temático de La profecía (The Omen). ¿El resultado? Que no funciona (del todo). Cierto es que hay un interés por salirse de los márgenes mientras se ofrece un producto reconocible y degustable para los paladares del público de la época, creando una historia que pretende ser diferente a lo habitual, añadiendo ciertos aspectos turbios en cuanto a sexualidad y relaciones triangulares entre los protagonistas que dan una capa algo más psicológica a la concepción del terror propuesto.

Sin embargo, como decíamos al principio, aunque se aprecian las virtudes, nada acaba por concretarse. Ni la relación triangular está trabajada, ni el sexo incestuoso es mostrado del todo y, por supuesto, no queda compensado siquiera por una atmósfera que sustituya lo explícito por algo insinuante o morboso. Es como si el film se hubiera quedado en un proyecto sobre plano que nunca acaba de desarrollarse del todo. Solo un grupo de ideas, algunas buenas y otras oportunistas, que no cuajan. Pero lo más decepcionante es que el terror —sí, no olvidemos que esta es presuntamente una historia de miedo— brilla por su ausencia. Está muy bien querer desarrollar el arco dramático, tratar de dibujar (aunque no lo consigue del todo) y construir bien a los personajes, pero cuando todo ello va en contra del propio espíritu genérico de la cinta, uno acaba por echar de menos algo más desvergonzado, más ‹pulp›, si se quiere.
La conclusión es que The Awakening es un producto curioso, muy hijo de su tiempo, que quiere, incluso en la elección de sus actores, ser una especie de coda crepuscular del género, mientras pelea por ser innovador y también un ‹crowd-pleaser›. Todos ellos elementos muy dispares que acaban por conformar un resultado final irregular, apreciable en intenciones, pero que dista mucho de lo que seguramente sus creadores tenían en su cabeza. Una curiosidad tan merecedora de visionarse como de, por desgracia, olvidarse en poco tiempo.







