Trans Memoria (Victoria Verseau)

El primer largometraje de la cineasta y artista visual sueca Victoria Verseau es un documental narrado en primera persona en el que plantea, acompañada de sus dos amigas Athena y Aamina, un recuento de su propia transición médica y de todas las emociones contradictorias que aparecen durante este proceso, marcado por recuerdos de su vida pasada y con una narrativa de fondo de duelo y de búsqueda de respuestas por el suicidio repentino de su mejor amiga Meryl.

En Trans Memoria, Verseau traza un recorrido drenante a nivel emocional, que probablemente no sea cómodo para mucha gente e incluso resulte insoportable al resonar con experiencias propias o similares. Por ello, entiendo que existe un discurso válido acerca de lo que su película deja ver, si ese énfasis en el sufrimiento, el dolor físico y psicológico, las ideaciones suicidas y la vida como un mar de dudas existenciales e inestabilidad acerca de la identidad personal y la proyectada, tal vez pueda tener un efecto negativo o revictimizante en su audiencia. En el propio documental hay una cierta autoconsciencia de esto, en una de las conversaciones, en la que Victoria argumenta que su película está llena de hechos y pensamientos sombríos porque es su manera de lidiar con una herida abierta.

Sin embargo, en un entorno mediático en el que las realidades trans se observan constantemente desde otredades insensibles, la perspectiva de la directora tiene valor desde la experiencia personal. Es decir, que el sufrimiento y el dolor de Verseau son suyos, y también su alivio y el logro de un cierto confort emocional con su situación. No se puede dejar de señalar la naturaleza estrictamente autobiográfica de este documental, no porque proporcione en sí misma una coartada a las posibles consecuencias a nivel representativo de la cinta, sino porque sirve para cuestionar la naturaleza intrínsecamente representativa que, de una manera o de otra, y por muy individual y subjetiva que sea su perspectiva, atraviesa todas las historias cuyo tema central es la experiencia trans. ¿Tiene Verseau una responsabilidad sobre lo que expresa y proyecta frente a otras personas del colectivo? En su película, señala y enfatiza su sufrimiento mientras busca un significado al mismo. Menciona constantemente que el proceso de transición le duele horrores y que para ella es una carrera de resistencia. Incluso hay un montaje —tal vez el momento más excesivo y menos defendible de la cinta— en el que encadena diversos procedimientos médicos al estilo de un ‹body horror›, y que pretende causar impacto desde la repulsión física y la asociación de ideas del proceso con el dolor corporal.

Es innegable que en la cinta hay una intención de llegar a un punto de autosatisfacción. Para Verseau, todo lo que ha pasado tiene un significado y ha contribuido a construir la persona que es ahora. Y, en ese sentido, aunque se abstiene de ser explícitamente optimista, este énfasis en que todo significa algo es una manera de encajar piezas que antes no encajaban en su vida para llegar a un punto de mayor estabilidad, seguridad y confianza en sí misma. No comparto necesariamente esa tesis, pero es su tesis, es su diario filmado, y, como en todo lo que rodea a esta película, creo que hacerle el juego en exceso a las consideraciones externas desvirtúa el valor artístico y personal de Trans Memoria. Uno puede debatir acerca de si esta es una mejor o peor representación, o de si su mensaje es más o menos adecuado, pero en un proyecto de este estilo el eje central es la sinceridad, al mostrarse vulnerable y elocuente frente a la cámara y al llevar las ideas del film en una dirección concreta que satisface a la experiencia personal.

Trans Memoria, más allá de estos debates, funciona muy bien en su exposición documental, conformando un viaje muy emotivo y complicado que genera sensaciones contradictorias. Es una ventana abierta a los sentimientos más arraigados de su protagonista, y a lo que ella entiende como relevante para su evolución personal, guste o sirva más al espectador o no. Como en todo diario filmado, ver esta narración tan subjetiva e íntima se siente invasivo, pero la conexión empática que se alcanza con ella es también intensa, y va más allá de las racionalizaciones acerca de su mensaje, de las consideraciones acerca de si es discutible o problemático, o de si presenta facetas de la experiencia trans que puedan contribuir a exacerbar o a exorcizar emociones o ideas negativas asociadas con esta.

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