El ‹mockbuster› aterriza en la sesión doble con dos títulos que cualquier fan de E.T. el extraterrestre que se precie no se querrá perder (o igual sí): por un lado, su versión turca, de la mano del cineasta turco Zafer Par; y por el otro la aportación de uno de esos indispensables del cine ‹trash› y de género patrio: Juan Piquer Simón, que el mismo año dirigía su Los nuevos extraterrestres.
Badi (Zafer Par)

Si has aterrizado en este artículo es que eres fan de la serie Z más morbosa y torpe. Sí, esta es una película de nicho. Aquí seguramente no llegará un amante del cine de autor, filosófico, e incluso comercial. Pues el ‹mockbuster› no es un género apto para todos los paladares. Y menos aún Badi. Uno de los delirios más absurdos de este subgénero.
En pocas palabras podríamos resumir que Badi (1983) es un ‹remake› de andar por casa de la película más taquillera de los años 80, el E.T. el extraterrestre de Spielberg. Pero no es una copia plano a plano de la película americana, eso con un presupuesto de cesta de la compra del Ahorramas era una tarea imposible. Aquí tan solo compartiremos premisa argumental: un pequeño extraterrestre se queda atrapado en un pequeño bosque en la Tierra después de que la nave en la que vino despegue sin él. En la Tierra hará migas con un niño llamado Ali que le presentará a sus colegas del barrio y del colegio, convirtiéndose en su mejor amigo. Mientras, los adultos no comprenderán los cambios de comportamiento de un niño introvertido que ahora se ha convertido en el tío más popular.
Poco más que añadir a una película que hay que observar con ojos desprejuiciados y exentos de debates analíticos. Si bien el envoltorio externo del film es más que defectuoso (encuadres imperfectos, cortes de montaje enloquecidos, tropiezos bochornosos de continuidad, (d)efectos especiales de bazar…), no es menos cierto que Badi es un regalito para los amantes de la serie Z más descarnada y disparatada. Pues nos encontraremos con todos los ingredientes que combinados logran sacar adelante una salsa con mucha sazón: una fotografía chapucera a más no poder, una puesta en escena que conscientemente abraza el feísmo más radical, ello acentuado al situar la acción en los arrabales de un barrio turco deprimido donde se observan casas en ruina y fachadas desconchadas, o una banda sonora machacona y plagiadora que se mete en los oídos como una droga en mal estado.
Pero sin duda lo mejor, y lo que nos deleita a todos los que nos gusta este tipo de subproductos, es el diseño de la criatura y los FX, así como un argumento surrealista claramente improvisado sobre la marcha. En este sentido, memorable resultará ese extraterrestre antropomorfo y deforme (interpretado por un niño o un actor de baja estatura) que se mueve como un animal desorientado por los diferentes escenarios, como si de un suricato adicta a la cocaína se tratara, todo ello acentuado por unos ojos de papel pegados con cola de colegio al traje que a lo largo del film se irán desplazando de un lado a otro, creando un efecto realmente perturbador. De hecho parece que la cara fue creada por una combinación de hueveras de cartón por la forma que se observa en los pocos primeros planos del rostro del alienígena. Y qué decir de esos FX de andar por casa, peor diseñados que cualquier manualidad realizada por unos padres en la clase de primero de infantil de sus hijos. Como esas manzanas que vuelan no por la telequinesis del extraterrestre sino por la acción de unos hilos de una caña de pescar. O esa huida de los niños con Badi en un carromato robado a un chatarrero que volará por los cielos de Turquía como una maqueta guiada por una cuerda sobre una fotografía estática de un color amarillento.
Todo ello convierte a Badi en un dulce fascinante. Una película que abraza de forma desvergonzada lo chabacano, haciendo de ella una pieza de museo, un producto de esos que se disfrutan sin complejos y que ofrece un rato al menos tan divertido como lamentable.
PD: No confundir Badi con Homoti (1987), otro E.T. turco que habita las mazmorras de lo grotesco.
Escrito por Rubén Redondo
Los nuevos extraterrestres (Juan Piquer Simón)

La historia de la cinematografía española le debe una disculpa a Juan Piquer Simón. Uno de esos directores olvidados, en el mejor de los casos, cuando no denostados, por haberse dedicado a filmar cine de género de bajo presupuesto. Y es que conviene hacer memoria: puede que hoy esta clase de películas tenga cierto predicamento, pero en su época el fantaterror era algo de nicho, de frikis, de gente sin gusto. Piquer Simón, que firmó sin duda obras importantes dentro del género, también se vio forzado a realizar producciones de batalla, coproducciones baratas que, en casos como el que nos ocupa, no dejaban de ser ‹rip-offs› de grandes estrenos. Algo así como una versión añeja de lo que ahora hace The Asylum.
Los nuevos extraterrestres no deja de ser, como es evidente, una versión de E.T. el extraterrestre —ojo a las mayúsculas en el póster del filme—. Una versión que no innova nada: sencillamente copia la premisa e intenta introducir algunas variaciones argumentales para parecer una propuesta “nueva”. Y con esto Piquer Simón hace lo que puede, aunque el desastre es manifiesto: subtramas que no van a ninguna parte, ritmo perezoso y desarrollo a trompicones, por más que su metraje sea exiguo.
Podríamos hablar de los excesos con la máquina de humo, de las interpretaciones de cartón piedra o de los muñecos de goma que representan a los alienígenas de la función. Pero, más importante si cabe, es apreciar lo que Piquer Simón consigue con recursos tan absolutamente exiguos. Sí, puede que la película sea indigesta, bordeando incluso la vergüenza ajena en algunos de sus pasajes, pero de lo que no cabe duda es de que respira amor por el género en cada fotograma. Piquer Simón se toma muy en serio su producción, hasta el punto de que, aun sin renunciar a la autoconsciencia sobre el tipo de producto que tiene entre manos, trata de crear un ‹lore› propio, una mitología y una historia que le otorguen personalidad propia.
Y en todo esto emerge la figura del verdadero protagonista del filme: Trompi. Si E.T. era entrañable por su visión bondadosa y por su canto a la comunicación entre extraños, Trompi hace lo mismo, con su mezcla física de oso hormiguero y Chewbacca, pero actuando como un agente del caos. Divertido, carismático, incomprensible para la razón humana y, a la vez, el personaje más creíble de toda la función. Lástima que, confundiendo misterio con falta de ritmo, su aparición se demore tanto y su presencia en el metraje sea relativamente escasa.
Sí, Los nuevos extraterrestres puede acabar siendo catalogada fácilmente como deleznable, como un subproducto que bordea la infamia ‹sci-fi›, pero no conviene llevarse a engaño: también es una película artesana que, a pesar de sus condicionantes, está realizada con cariño, con un amor inusitado por una historia que, en otras manos, podría haberse rodado sin ninguna gracia, con el piloto automático de la cutrez puesto. Una película, en definitiva, a la que siempre es un placer —culpable o no— volver y con la que deleitarse. No sabemos si emocionaría a Spielberg, pero a mí sí, y con eso basta.
Escrito por Àlex P. Lascort





