Predestination (Michael Spierig, Peter Spierig)

Predestination

Las nuevas corrientes de cine, como en cierto modo se podría calificar a lo que viene sucediendo en Australia desde inicios del siglo que nos ocupa, no siempre traen consigo buenas noticias, y es que por mucho que uno siga indefectiblemente una cinematografía por lo que pueda significar, siempre hay algún escollo que no es fácil digerir. No llamaremos a Michael y Peter Spierig escollos, pero sí quizá podrían encabezar la lista de un servidor de aquellos cineastas con los que nunca terminé de congeniar de esta hornada de cine «aussie» que incluye talentos como los de David Michôd, Greg McLean, Justin Kurzel o John Hillcoat. Esa lejanía tanto se podía deber a un afán por explotar el cine de género reubicando ideas que nunca terminaban de dar sus frutos por unos guiones en los que un cine con evidentes carencias siempre quería dar más de sí, como a la torpeza que mostraban en ocasiones tras las cámaras en momentos clave y que quizá estaban predestinados a explotar una vía que no acertaba en la toma de decisiones.

El ligero pero sorprendente triunfo que supone Predestination con respecto al resto de su filmografía se debe principalmente a que los australianos han optado en esta ocasión por ser prácticos: es cierto, su nuevo trabajo no supone ni mucho menos una reinvención en el terreno de los viajes temporales, y quizá ahí se halle su mayor logro, y es que en base a repetir esquemas y no querer realizar reformulaciones que, por lo visto en Los no muertos y Daybreakers, no eran su fuerte, han fortalecido una propuesta que no hace sino sumar y aportar su pequeño y honesto grano de arena a una temática donde siempre son de agradecer ejercicios como el que nos traen en esta ocasión los Spierig.

Más de uno se estará preguntando entonces si su fuerza no radica en un guión distinto, cual habrá sido el acierto de los hermanos en esta ocasión más allá de añadir su modesta aportación al asunto, y encontrar una respuesta descriptiva a esa cuestión es ardua tarea, porque lo cierto es que no hay nada mejor que comprobarlo de primera mano, y dejarse llevar por una obra cuya mayor pretensión, además de sorprender con los estimados giros de este tipo de propuestas, es mantener al espectador enganchado a la butaca desde el primer hasta el último minuto. Literalmente.

Predestination

Resultaría baladí, pues, empezar a encadenar adjetivos que, en efecto, pueden describir sus mayores virtudes pero no resultar del todo significativos, por lo que atendiendo a lo que en la base es una cinta de estas características, no hay mejor modo de hablar de ella que atendiendo al mayúsculo ejercicio narrativo realizado por los Spierig. Un ejercicio donde el saber estar, dotar de un vigor visual y expositivo al conjunto o administrar la información para componer pequeños momentos de clímax que, cuando uno cree disipados, vuelven con mayor fuerza redunden o no en el desenlace, son algunas de las (enormes) bazas de esta Predestination.

Como es obvio, más de un inconformista se topará con un ejercicio que muy posiblemente tilde de previsible e incluso dilatado, pero lo cierto es que si uno se deja arrastrar por ese voraz torrente que componen las imágenes y el adictivo relato al que nos enfrentamos, disfrutará como pocas veces. Relato, por otro lado, capaz de generar tanto un pretexto como unas conclusiones en las que es mejor no detenerse, y que el espectador disfrutará extrayendo, así como desgranando uno de esos títulos que desde el momento en que se empiezan a paladear, no parece tener colofón hasta un tan inevitable como coherente final.

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