Marcelo Martinessi… a examen (II)

Desde sus inicios, el cine de Marcelo Martinessi se ha caracterizado por la mirada directa y preponderante hacia la realidad, histórica y contemporánea, de su propio país. En ese sentido, su segundo cortometraje aborda una temática que, si bien es universal, siempre enriquece con sus perspectivas locales, y esta no es una excepción. Su argumento se centra en una niña en situación marginal, de familia desestructurada y obligada a vender en la calle; con ello, Martinessi plantea un conflicto ya común en distintas narrativas de corte o inspiración neorrealista, que es la presencia de una necesidad puntual no resuelta —en este caso, unos zapatos— y, a través de ello, sigue al personaje mientras deambula intentando solventar aquello que le falta.

Si bien no se puede decir que Calle última tenga una premisa innovadora, siendo en muchos aspectos una reproducción exacta de la manera en que se suele abordar este tipo de historias en el cine, no es difícil sentirse absorbido por la mirada empática de la cinta, así como por la amplitud de perspectivas sobre la cotidianeidad de la niña protagonista que caben en un metraje tan reducido. Hay suficiente espacio para el énfasis en su situación precaria, a nivel económico y familiar, o en la crueldad de los otros niños frente a la manifestación de su precariedad, pero también hay en el corto momentos en los que el personaje respira, juega e interactúa de muy distintas formas con su entorno y, a su manera, es también un recorrido sentimental por las calles de la ciudad, capaz de resonar en mucha gente y de resaltar la atemporalidad del relato. Sin perder la urgencia, el tema central no deja de lado todo lo demás que construye y da contexto al personaje.

En ese sentido, me parece muy digno de resaltar el valor representativo del cortometraje, a nivel de las profundas desigualdades y problemáticas sociales que arrastra Paraguay, pero también de elementos de su idiosincrasia cultural, lo cual es particularmente importante en un país que no ha tenido la suerte de tener una cinematografía con una proyección internacional muy marcada. Desde una perspectiva extranjera, la oportunidad de aprender y entender sobre una sociedad que, pese a que en muchos aspectos pueda establecer paralelismos con la mía, tiene su propia historia y sus propios conflictos del día a día, hace que valga la pena la experiencia, e incluso puedo extraer esta conclusión de aspectos u obras de Martinessi que me han gustado menos.

Más allá de estas consideraciones, Calle última, como cortometraje, está realizado con solvencia, y sabe hilvanar los muy distintos momentos que componen su retrato de la protagonista en una narración observacional elocuente y respetuosa. Sin embargo, en algunos aspectos siento que la obra está asumiendo limitaciones y, teniendo en cuenta que es solamente el segundo proyecto de su director, ya noto una bajada en la ambición estética y visual en favor de la inmediatez y lo reconocible de sus temas narrativos. En particular, si bien no quita fuerza a lo que cuenta, no me gusta cómo ilumina sus escenas nocturnas, haciendo difícil discernir los gestos en conversaciones o momentos íntimos entre personajes. Nada que ver con el ejercicio de expresión visual de su primera obra, energía que he echado de menos aquí y en otras obras posteriores, y que parece parte de una tendencia clara de diluir la identidad estética en favor de la pertinencia sociocultural, como si fueran cuestiones enfrentadas.

Por ello, no puedo considerar Calle última, a pesar de sus virtudes, como un corto que me fascine de principio a fin. Sí, por supuesto, como una herramienta para entender al menos un poco de la realidad que expone, y como una versión notablemente resuelta de las clásicas narrativas sobre marginalidad en el cine, en un contexto que raramente se tiene la oportunidad de observar con esta elocuencia desde fuera; sin embargo, se queda a deber como experiencia cinematográfica, es demasiado reservada y conservadora, y no toma las decisiones audaces que, tal vez, cabría esperar precisamente en los primeros compases de un autor que todavía está definiendo su estilo y experimentando con la forma en su cine.

 

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