La apuesta de Bufallo Bill (Alessio Rigo de Righi, Matteo Zoppis)

La secularización del Oeste

Durante el siglo XIII se popularizó en los países escandinavos una leyenda que narraba cómo una doncella llamada Karin era brutalmente abusada y asesinada por unos pastores del bosque, tras lo cual comienza a brotar del lugar donde yacía su cadáver un manantial de agua cristalina. La historia no dejaba de ser una parábola cristiana que representaba simbólicamente el paso de los países escandinavos de la brutalidad del paganismo nórdico frente a la pureza del cristianismo, y cómo este último había de erigirse sobre las cenizas del primero. Si se analiza el mito con la dimensionalidad que da el tiempo, puede fácilmente advertirse que este no era más que un mecanismo eclesiástico para, a través de la cultura popular, controlar las más arraigadas creencias del vulgo.

Este razonamiento sería el que llevaría a Ingmar Bergman a adaptar el mito de la princesa Karin en 1960 bajo el nombre de El manantial de la doncella. La adaptación contenía en sí una gran explicitación de la violencia, extraordinaria en el ‹corpus› artístico del cineasta sueco, así como un desarrollo psicológico de los personajes mucho más complejo de lo que es habitual en adaptaciones de cuentos o mitos, usualmente más versadas en la enseñanza moral que en el relato ‹per se›. Algo muy parecido a lo que hiciera recientemente Emilie Blichfeldt en La hermanastra fea (2025), añadiendo una dimensionalidad caracterológica a sus personajes, descomponiendo el cuento clásico de La Cenicienta. Bergman, por lo tanto, deconstruye la formación de una leyenda para mostrar cómo esta ha sido simplificada, manipulada y expandida por el poder, en este caso eclesiástico, con el fin de extraer de ella un rédito. Pero, ¿no es acaso este el mismo mecanismo que utilizaron las ‹majors› de Hollywood a partir de los años 30 con el género ‹western›? ¿No blanqueó el poder económico hollywoodense un genocidio étnico ‹en pos› del rédito económico que le proporcionaba la creación y difusión de la leyenda del Oeste?¿ Billy el Niño, Jesse James o Buffalo Bill no eran acaso más que salvajes criminales que devinieron legendarios por su virtuosismo para el mal? Alessio Rigo de Righi y Matteo Zoppis, un bien avenido matrimonio artístico, revierten los códigos fílmicos y narrativos sobre los que históricamente se ha erigido el ‹western› para narrarnos cómo los mitos y leyendas del Lejano Oeste no eran más que posverdades edulcoradas que ocultaban la abyección de la colonización.

La apuesta de Buffalo Bill, por lo tanto, parece tener su inspiración seminal en aquella secuencia en la prisión de Sin perdón (1992), donde la leyenda de aquel forajido conocido como English Bob, quien siempre lleva consigo un cronista que deje constancia de sus venturas, es profundamente humillado cuando se revela el origen de sus tan conocidas cuitas. La cinta en ningún momento oculta su fascinación por el imaginario del Lejano Oeste, incluso llegando a una estilización obsesiva de este, que aunque pudiera parecer conflictivo al inicio con su material ético, se ha de advertir inevitablemente que las imágenes creadas por Rigo de Righi y Zoppis son inequívocamente interpretaciones de historias ya concebidas, es decir, reflejos quiméricos de una realidad que nunca existió, creando así un espejismo infinito que desemboca en una estimulante metanarración que deja diluir la narración en el imaginario, para posteriormente diluir el imaginario en la narración. No es baladí por tanto que elementos surrealistas, e incluso inteligentemente dispuestos ‹deus ex machina›, aparezcan súbitamente en la historia, pues nunca estamos dejando de ver una supra-narración, una irrealidad conformada a partir de la realidad que se confunden por unión simbiótica. Este relato especular, deviene un ejercicio parecido al que otra pareja de creadores, Hélène Cattet y Bruno Forzani, concibieron con su Reflejo en un diamante muerto (2025) o la Adaptation. El ladrón de orquídeas (2002) de Spike Jonze, pero adaptado a los códigos del género ‹western›, filtrados por una inteligente relectura posmoderna de los mismos.

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