Dirigida por el cineasta ruso Aleksandr Rogozhkin, Peculiarities of the National Hunt cuenta la historia de Raivo, un joven finlandés cautivado por la historia y las tradiciones de caza en la Rusia imperial. Sin embargo, cuando tiene la oportunidad de viajar al país para participar en una jornada de caza, descubre lo lejos que está su ideal de la realidad actual, al verse envuelto en una serie de desventuras cómicas con un grupo de rusos excéntricos e inmaduros que no dejan de bromear y beber vodka y nunca parecen dispuestos a cazar de verdad.

Peculiarities of the National Hunt es, sin duda, la obra más popular e icónica de Rogozhkin dentro de su país, generando un gran éxito comercial y dando paso a tres secuelas sobre “peculiaridades nacionales”. Su estilo y tipo de humor recuerdan bastante a las comedias de fraternidad clásicas, centrándose mucho en el ‹slapstick› y enredos absurdos que surgen de los excesos y de la actitud permanentemente irresponsable de sus personajes. Hay en ella una sátira burlona sobre convenciones sociales rusas, comenzando por la mirada sobre su propia historia, que da sustento narrativo a la cinta, pero en ningún momento esto se traslada a una crítica social seria, ya que la película está, sobre todo, fascinada por la estupidez y el ridículo.
Y, en ese sentido, el filme se ve altamente irregular desde una perspectiva foránea, con varias secuencias que sí funcionan como deben porque remiten a elementos cómicos más reconocibles, y muchas otras en las que mi reacción es más bien de desconcierto, en parte por faltarme algo de contexto de la realidad social rusa y en parte porque este humor, que habla de y refleja manierismos de una sociedad que me es lejana, no me alcanza y no soy claramente el público objetivo. La película es una muestra de ese tipo de cine que se entiende solamente en su plenitud como parte de una cultura popular local, y que tiene valor como reflejo sin filtro de la misma y de sus estereotipos propios; no necesariamente más disfrutable por ello, pero siempre interesante por lo que dice de su país de origen y de esos aspectos de su trasfondo cultural que no traspasan sus fronteras y que, en su trazo definitivamente grueso, carecen de la solemnidad temática y artística del cine de la región que llega a festivales.

Es normal que no todo funcione en Peculiarities of the National Hunt, y asimismo, siendo una comedia y teniendo, por tanto, el objetivo principal de hacer reír, la irregularidad y la cantidad de momentos desconcertantes hacen de ella una experiencia con frecuencia frustrante. Por ello, sin desmerecer los momentos que sí funcionan a la perfección en su absurdez —incluidas todas las escenas que tienen que ver con una vaca—, ver esta cinta implica asumir que en buena parte de su metraje simplemente no va a dar risa y que, incluso, en ocasiones su energía desbocada va a resultar hasta molesta.
Sin embargo, se puede llegar a experimentar esta película desde otra perspectiva más enriquecedora, relajando las expectativas personales y empleando este desconcierto para ampliar la visión sobre la cultura cinematográfica y los gustos populares de la región; es decir, con qué se ríen los rusos y qué hay más allá de la imagen estereotipada que llega al extranjero. Del mismo modo que me ha sucedido en alguna incursión puntual en la comedia pura soviética o de otras regiones fuera del circuito de prestigio autoral, la experiencia desmitifica mucho acerca de la filmografía del lugar y revela lo lejos que quedo como espectador de todo este contexto y, en ese sentido, es una experiencia en la que no me puedo parar del todo y que me frustra a menudo, pero que considero formativa para mi curiosidad cinéfila.
La calidad de Peculiarities of the National Hunt, o mi disfrute personal, termina para mí estando lejos de lo esperado, o de la reflexión final que me llevo de su visionado. Incluso en el momento de verla, no dejaba de abstraerme pensando en el significado de lo que estaba presenciando, y en qué implica que una película así sea un icono tan reconocible en su país, hasta el punto de crear una franquicia e insertar su muletilla de “peculiaridades nacionales” en el vocabulario popular. Me quedo en esta ocasión bastante lejos y, en conclusión, no sé si me gustó; pero, al menos, sí me interesó experimentarla.







