Una ‹coming of age› que utiliza los fluidos corporales como vehículo de expresión nos lleva hasta Sick, debut en la dirección de Agata Trzebuchowska a quien conocemos como protagonista de Ida, y que cuenta con la presencia de Konrad Kakol en el papel principal. Charlamos con ambos sobre la película a su paso por Sitges 2026.
Rubén Collazos: En primer lugar, te convertiste en actriz y ahora presentas tu primera película como directora y guionista ¿Cómo has vivido esta transición?
Agata Trzebuchowska: ¿La transición de actriz a directora? Bueno, para empezar, en realidad no me considero actriz, ya que solo actué en una película. Por tanto, no es algo que yo viva como una transformación interna; aunque, por supuesto, soy consciente de que la gente me reconoce por Ida. Se trata, más bien, de presentarme ante el mundo bajo una faceta distinta: la de directora. Llevo esperando este momento desde hace bastante tiempo. He realizado dos cortometrajes pero, en realidad, lo que esperaba era mi debut en el largometraje.
Es un momento muy emocionante. Si bien la experiencia en Ida me ha ayudado mucho, también la percibo, en cierto modo, como una carga adicional. Siento que esta transformación —como bien decías— tiene que resultar aún más convincente.
R. C.: Las películas sobre el paso a la edad adulta suelen basarse en experiencias personales; sin embargo, en Sick, el protagonista es un chico y la película le da un giro a los elementos habituales. ¿Cómo surgió esta idea?
A. T.: Me atrajo el tema de crecer —ese horror que conlleva el proceso de madurar y convertirse en adulto—, vivido de una manera bastante aterradora: como el hecho de volverse un extraño para uno mismo. Quise situar esta experiencia en un entorno de aislamiento absoluto para observar qué efectos tendría en los personajes. Al mismo tiempo, reflexionaba sobre el incesto en relación con el deseo, la vergüenza y la sensación de pérdida de control. Me interesaba explorar qué podía revelar cada uno de estos elementos sobre el otro, y viceversa.
R. C.: ¿Qué te llevó a plantear la idea de abordar el paso a la edad adulta a través del cine de género? Cuéntanos un poco: ¿cómo enfocaste la creación de este personaje?
Konrad Kakol: Bueno, la verdad es que no puse mucho de mí mismo en Max, porque somos personas muy distintas. Fui definiendo junto a Agata la mayor parte de los elementos que intenté incorporar al personaje. Me centré, sobre todo, en ser lo más auténtico posible y en acercarme a la visión que Agata tenía de Max. Mi objetivo era llevar el personaje a la pantalla tal y como aparece en el guion.
R. C.: En Sick, la sexualidad adolescente se retrata de una forma mucho más cruda de lo habitual. Cuéntanos cómo estableciste una conexión entre ese despertar sexual y las referencias bíblicas y fabulescas presentes en la película.
A. T.: Bueno, no intenté ilustrar ningún motivo o tema de carácter bíblico, ni nada por el estilo, pero, por supuesto, tenía diversas asociaciones en mente; fue algo más intuitivo que explícito. Además, quería acercarme lo más posible al personaje. Mi objetivo principal era transmitir las luchas internas de Max y su forma de afrontar todo lo que sucede justo ante sus ojos, así que ese fue mi enfoque central. Y, claro está, todos albergamos en nuestra mente distintos temas y asociaciones. Quería jugar con ellos, pero de una manera muy intuitiva, por eso resulta difícil de explicar.
R. C.: Uno de los aspectos interesantes de la película es que hay una presencia constante de fluidos.
A. T.: Sí.
R. C.: ¿Cómo llegaste a la idea de utilizarlos para representar el paso de la adolescencia a la madurez?
A. T.: Obviamente, el cuerpo es el centro de la transformación, ya sea durante el crecimiento o el envejecimiento, por eso, el cuerpo fue muy importante para mí desde el principio. No quise evitar nada, ni ningún tipo de fluido, al contrario, quise utilizarlos, porque están muy vinculados al proceso en sí. Así que, sí; digamos que crecer no sigue reglas estrictas ni nada por el estilo, por eso quise ser y sentirme lo más natural posible al representarlo.
R. C.: Konrad, en relación a esto, ¿cómo percibiste la idea de trabajar con todos estos fluidos e incorporarlos a tu actuación?
K. K.: Bueno, no me dan miedo los fluidos ni esa transformación de cuerpos humanos en animales. Para mí, estaba bastante claro que se trata, en cierto modo, de una metáfora del proceso de crecer, por eso no le di demasiadas vueltas; simplemente intenté abordarlo de la forma más sencilla, tal como debía aparecer en la película.
R. C.: En las películas sobre ‹coming of age› los adultos suelen quedar en un segundo plano, cuando no desaparecen por completo de escena, pero en Sick, utilizas a la abuela como vehículo para explorar ese territorio desconocido. ¿Por qué?
A. T.: Bueno, quería mostrar un cambio total de reglas. Es decir, las normas que se aplicaban antes ya no sirven, ya no son válidas. Por eso quise dejar a mis personajes aislados, sin puntos de referencia sobre qué es normal y qué no, así que eliminé a los adultos, ya que son ellos quienes establecen las reglas. Aquí, en cambio, los personajes tienen que arreglárselas por su cuenta.
Y la abuela, que antes ejercía como cuidadora, ahora es quien necesita ser cuidada. Es como si su mundo —el mundo de Max— se estuviera desmoronando ante sus propios ojos y él se viese obligado a afrontar una situación completamente distinta. Una situación totalmente ajena, como bien has dicho. No sé si esto responde a tu pregunta. ¿Cuál era la pregunta?
R. C.: ¿Cuál es el motivo para utilizar a la abuela como vehículo para explorar todo lo que sucede?
A. T.: La situación con la abuela es muy compleja, porque ella solía formar parte de su mundo como una persona rebosante de vitalidad; ella, junto con su casa, representaba una especie de refugio. Ahora, en cambio, todo es completamente distinto. El entorno se ha vuelto peligroso, sombrío y aterrador, y ella ya no lo reconoce. Y él, a su vez, ya no se reconoce a sí mismo.
En cierto modo, ella es una manifestación de sus luchas internas. Así es como lo planteé pero, al mismo tiempo, quería que ella fuera un personaje con entidad propia y bien desarrollado. Por eso, ella también atraviesa una etapa que, a mi parecer, guarda cierta semejanza con lo que él está viviendo. Ambos se adentran en una nueva fase de la vida y, para los dos, resulta algo aterrador.
R. C.: Sick utiliza un escenario conocido que evoca la infancia y marca el final de otra etapa. Háblanos de esta elección, de esta casa que evoca ambas cosas.
A. T.: Como dije, quería retratar el momento en que algo que antes resultaba familiar ahora es algo totalmente distinto, e incluso amenazante. Y, para mí, la casa es ambas cosas. Es, en cierto modo, como el recuerdo de un mundo que él perdió y, al mismo tiempo, es algo peligroso en este momento. Por eso decidí situar la acción allí.
R. C.: Como bien decías al inicio, entraste en el mundo de la actuación de una forma inesperada. ¿Cómo lograste pasar a dirigir a otros actores? y Konrad, ¿cómo fue la experiencia de trabajar con ella?
A. T.: Bueno, ya sabes, me preparé para este momento; de hecho, antes había realizado dos películas en formato cortometraje. También estuve trabajando en varios guiones, lo cual supuso un gran aprendizaje para mí. Disfruté muchísimo dirigiendo y participando en todo el proceso, desde el principio hasta el final, y teniendo todo bajo control. Fue una experiencia sumamente emocionante; conté con un grupo de personas fantástico, actores excelentes y con mucho talento, así como con un equipo técnico maravilloso y muy entregado.
El rodaje se desarrolló en un entorno muy íntimo y reducido, pero todos los que participaron en él se mostraron sumamente comprometidos e involucrados en el trabajo. Así que, para mí, fue un verdadero placer.
K. K.: Yo solo guardo buenos recuerdos del rodaje, porque vivíamos todos juntos en una misma casa, desayunábamos juntos y, durante un mes, fuimos como una pequeña familia. Estoy muy agradecido con Agata y con los productores, con Patryk y con Adrianna, por seguir apostando por el cine independiente, por hacer películas independientes. Porque, ya sabes, el ambiente, la energía y la pasión que todo el equipo volcó en esta película son algo muy distinto a lo que se ve, por ejemplo, en las series de gran presupuesto.
R. C.: Queremos cerrar la entrevista con una pregunta relacionada con el cine maldito. Recomendadle a nuestra audiencia alguna película poco conocida, una película independiente que te guste mucho.
K. K.: No veo muchas películas, no sabría qué película recomendar.
A. T.: Yo recomiendo a todos La Gradiva (Marine Atal). Es una película de este año. Creo que estuvo en Cannes, así que no es precisamente una obra desconocida, pero me parece una película increíble, muy bien concebida y ejecutada de forma maravillosa, y creo que todo el mundo debería verla. Es, sencillamente, increíble.
R. C.: Muchas gracias por compartir este tiempo con nosotros.
Entrevista realizada en octubre de 2026, durante el Festival de Sitges.

Larga vida a la nueva carne.









