Tras un largo proceso de restauración a partir del negativo original en 16 mm, llega a las salas de cine más de cuarenta años después de su filmación y de la mano de Los Ilusos, como proyecto personal de Jonás Trueba, la segunda película de su padre. La película-retrato que le dedicó al cantautor Chicho Sánchez Ferlosio fue su primer punto de contacto en clave fílmica con el mundo de la música, que le ha acompañado y fascinado durante toda su larga trayectoria como director. Sin embargo, en perspectiva, la cinta supuso una variación de estilo significativa respecto a su ópera prima, una comedia dialogada y acotada, que da pistas de su autoconciencia ya en su propio título: Ópera prima.

El sentido del humor es lo poco que no abandona Trueba al filmar su segundo largometraje. La desinhibición propia del periodo final de la transición se ve estimulada por el protagonismo de un sujeto tan magnético y acaparador como Chicho. El documental es a su vez retrato y carta de admiración por parte de Trueba que asiste como un espectador más al magnetismo del cantante, siempre escoltado por su compañera Rosa Jiménez. Incluso tratándose de una pieza dedicada a su persona, Chicho toma un control sobre la película que parece superar incluso al del propio director. Rodada sin ningún tipo de guion ni planificación, el material filmado parece surgir de los entretiempos del rodaje como tal, que consiste en una serie de interpretaciones escenificadas de sus canciones.
Entre medio de recitaciones de coplas al ritmo de la guitarra, se intercalan secuencias más improvisadas en las que Chicho demuestra que su musicalidad se extiende de igual manera a su habla natural. El cantautor discurre sobre sus distracciones, tales como un juego de mesa que compara con El jardín de senderos que se bifurcan de Borges; sus proyectos, el más curioso es un intento de silabario completo de la lengua castellana interrumpido por culpa de una calculadora averiada; y sus afiliaciones y decepciones políticas, tan particulares y complejas como cabe esperar de un antifascista hijo de un fundador de la falange, que saltó entre el marxismo-leninismo, el trotskismo y el anarquismo.

Trueba y su equipo aparecen en escena en estado de escucha permanente; la cámara y el micrófono, como prolongación suya, adoptan una posición pasiva, pendiente y perdida en la voz y los manierismos del protagonista. La presencia dentro del plano de los que suelen estar detrás del mismo podría leerse en otros casos como un gesto egocéntrico, pero aquí tiene el efecto contrario. El vendaval de Chicho les obliga a estar pendientes de cualquier ocurrencia, aparezca cuando aparezca. El joven Trueba dedicó la película tanto a Denis Diderot, seguramente por su cercanía a esto de la “comedia didáctica”, como a Jean Rouch, quien imagino que inspiró el acercamiento documental elegido. La decisión de dejar la película en manos ajenas y aparecer como un espectador más es un gran acierto por parte del cineasta. Chicho aparece despojado de artificios escénicos y su generosidad a la hora de abrir las puertas de su casa, su mente y su vida le pintan como una persona verdaderamente genuina y cercana.
Esta construcción a base de viñetas musicales o naturalistas, encadenadas sin demasiada relación entre sí, resulta inevitablemente en una falta de cohesión general. Tal vez sea ese el motivo que mantuvo a la película en la sombra durante tantos años. Igualmente, la presencia y potencia de Chicho hacen olvidar o incluso justifican este carácter episódico, lleno de momentos verdaderamente memorables. Para clausurar la cinta, justo antes de un episodio musical en Madrid que funciona de epílogo, Trueba cita al antropólogo James George Frazer cuando dice: «Del mismo modo que las sombras y los reflejos, con frecuencia se considera que los retratos contienen el alma de la persona retratada. Las personas que así lo creen no permiten que se les retrate, pues quien los posea podrá ejercer una influencia nefasta sobre el original». Tras 90 minutos de conversación unidireccional, el cineasta parece dirigir esta frase a Chicho como contestación y agradecimiento a su hospitalidad, autenticidad y generosidad. La película es suya.







