The Heart (Fanni Metelius)

Uno de los mayores riesgos al representar cualquier aspecto genuino de la realidad de nuestras emociones en el cine es tomar como referente no la experiencia personal proyectada sobre el relato sino la misma tradición de la codificación cinematográfica sobre el tema a desarrollar. Ese tratamiento —ajeno a la mirada del autor— tiende a la despersonalización y transmite ineludiblemente una aproximación que sólo puede percibirse por el espectador como superficial si no existe algo más en el plano narrativo o formal que aporte un punto de vista identificable como propio. Algo así es lo que le sucede a The Heart (Fanni Metelius) en su creación de una hipotética tesis sobre el complejo (sic) mundo de las relaciones amorosas en la multicultural Suecia actual. Un joven productor musical y una fotógrafa se gustan, interaccionan social y virtualmente y deciden vivir juntos al poco tiempo. El resto del metraje es un tortuoso recorrido por los desencuentros, problemas y conflictos que les distancian desde las tareas domésticas al sexo, pasando por la incompatibilidad de caracteres y la diferencia de intereses. Las dudas hacia las intenciones del film comienzan ya desde la total ausencia de un mínimo retrato de ambos como personas o personajes. ¿Quiénes son estos jóvenes que supuestamente vienen de mundos muy distintos pero sienten una atracción tan intensa desde el primer momento? No lo descubriremos nunca, porque la directora y protagonista de la cinta está mucho más preocupada por encadenar situaciones dramáticas cuyas bases no están elaboradas en su importancia o motivación.

Cámara en mano y con planos cerrados, Metelius intenta capturar la decadencia de una intimidad que se desvanece en un hogar que resulta difícil de aceptar con verosimilitud. Aunque en toda su naturalidad probablemente sean estos los momentos más auténticos de la película, aquellos que no obedecen propiamente a avanzar en su trama. La sexualidad poco explorada por si misma de la protagonista aparece como uno de los elementos de fondo que más interés podrían suscitar si no se desviara en definir a la joven casi siempre en relación a sus sentimientos respecto al personaje masculino. Sin bases dramáticas bien trabajadas lo único que podría aportar algo sería una perspectiva psicológica por la que tampoco demuestra interés en la narración. Entonces ¿qué le queda a The Heart? Un puñado de secuencias con montajes musicales, algunas escenas con sentido cómico y los momentos contados en que el centro absoluto de atención es el personaje de la joven directora y su búsqueda del placer, la alienación y el olvido de un productor musical que está más interesado por los videojuegos que por ella o por su carrera profesional, sin que se pueda entender nunca qué razones influyen en sus cambios de personalidad, la apatía o el interés sexual por su novia.

Sin entidad en los conflictos externos o internos, careciendo de profundidad psicológica y desatendiendo el desarrollo de personajes o el contexto social, la estética acaba por fagocitar cualquier estilo o intención inicial dentro de los parámetros que define la propia película. Algo que tiene como consecuencia saltos constantes en el tono y la incoherencia en su configuración visual, que atiende a una puesta en escena a veces exageradamente caprichosa y que se nota forzada en su artificio. Además, ni siquiera se permite justificar las drásticas transformaciones de ninguno de ellos en su camino a una maduración y realización personal nunca explicadas realmente. No sabemos apenas nada de sus inquietudes artísticas ni de sus aspiraciones en la vida. No sabemos qué sienten ni cómo, ni mucho menos por qué. Todo esto es una lastre excesivamente grande que lleva a un rotundo fracaso en su dimensión humana. Entender esta dimensión humana es precisamente un requisito esencial para descubrir cualquier verdad sobre nosotros mismos y lo que mueven nuestros sentimientos hacia otras personas. Este fracaso hace imposible para su directora trascender más allá del nivel más básico del argumento de la historia, en una visión superficial que no permite ver más allá de lo que sería una mirada rápida en scroll a un perfil de Instagram de la pareja protagonista.



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