Martyrs of love (Jan Nemec)

Afirmar que Jan Nemec fue uno de los autores con mayor talento y coherencia de esa imprescindible corriente artística cinematográfica que fue La Nueva Ola Checoslovaca resulta algo obvio a los ojos de cualquier aficionado instruido en este maravilloso movimiento. A la capacidad de Nemec para condensar en poco más de una hora las principales miserias y corrupciones que asolan desde los orígenes del mundo a los seres humanos le debemos alguna de las obras más innovadoras, experimentales, congruentes y porque no decirlo, aterradoras de los años sesenta. Así el cineasta nacido en Praga se atrevió a reflejar el Holocausto Judío de una forma divergente e inspiradora en Diamantes de la noche, sin duda una de las películas de imprescindible visionado si es que se desea contemplar el mejor cine surgido en los años sesenta. Tras esta obra capital y después de participar en la cinta colectiva Las perlas del fondo del agua junto con alguno de los nombres clave de la Nueva Ola, el checoslovaco filmó la que para muchos historiadores de cine es la mejor sátira anti-comunista de la historia del cine: The Party and the Guest, película de tono pretendidamente pequeño, pero que supuso toda una bomba de destrucción masiva para los gobernantes de la Checoslovaquia de la época puesto que de una forma aparentemente desprendida empleando los recursos tradicionales de la comedia europea más corrosiva la cinta lanzaba una feroz y subversiva crítica en contra de las corrupciones y el carácter irracional de las estructuras burocráticas que imperaban en un estado checoslovaco en decadencia. La película, como no podía ser de otra forma, fue retirada automáticamente de circulación, colocando a Nemec en una situación muy incómoda ante el aparato gobernante, que le impidió volver a hacer películas sin que antes éstas no fueran revisadas por los censores, lo cual incitó a Nemec a emigrar al extranjero tal como sucedió con otros compañeros como por ejemplo Milos Forman o Ivan Passer. Sin embargo, el carácter indómito y experimental de Nemec no llegó a casar con la adormecida industria cinematográfica de los países que acogieron al indomable Nemec. El checo retornaría a casa en 1989 después de la caída del comunismo lo cual le permitió volver a elaborar ese cine incómodo para el espectador que fue sin duda el oxígeno que soportó la supervivencia de Nemec a pesar de los obstáculos que se encontró en su camino a lo largo de toda su carrera.

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Intentar hacer una reseña de una película tan compleja, loca, surrealista y absolutamente subliminal como es Martyrs of love creo me va a resultar una quimera imposible de alcanzar. Seguramente una película de este estilo roto e ilógico espantará a más de uno, por lo que lo primero que debo admitir, para que no me vuelen las amenazas de muerte por haber recomendado esta cinta, es que Martyrs of love es una película que no encaja con todo tipo de público ya que aquellos a los que no les guste las obras profundamente surrealistas encontrarán la cinta una ridiculez que únicamente les habrá provocado una improductiva pérdida de tiempo. Empero, a los que sí les fascine este tipo de cine rompecabezas y alegórico Martyrs of love será indudablemente una cinta que escalará a los primeros puestos de sus preferencias fílmicas.

La película se enmarca dentro del género de películas de episodios, narrando en apenas una hora de metraje, tres historias aparentemente relacionadas entre sí a través del dibujo difuminado e impresionista de los misterios que definen ese enigmático tesoro perseguido por todos que es el amor. A partir de esta premisa de partida voy a permitirme hacer un experimento, tal como si el espíritu de Jan Nemec me hubiera poseído, en las siguientes líneas de esta reseña. Así haré una crítica doble de cada episodio, la primera narrando objetivamente los hechos filmados por Nemec (crítico A) y la segunda con las sensaciones que experimenté al finalizar la visualización de los mismos (crítico B). Quizás este carácter dual y esquizofrénico sea la mejor y única opción para poder exprimir unas líneas coherentes de una cinta que hace del teorema de reducción al absurdo y la extravagancia su bandera espiritual.

Episodio 1 : Tentando a un manipulador.

Crítico A:

Amanece un nuevo día en Praga. Un señor ataviado con un bombín y encerrado en una especie de cabina nos saluda mirándonos directamente a los ojos con una sonrisa sibilina. A continuación veremos al protagonista de la historia, un hombre gris también vestido con un bombín que ejerce un trabajo aburrido y funcionarial que camina cabizbajo con dirección a su rutinario trabajo. Nemec inserta en el viaje de este deprimido personaje toda una serie de imágenes simbólicas e inconexas: desde sonrientes y bellas damas, una jauría de hombres (también disfrazados con bombín) que corren a toda mecha por la calzada con dirección a quien sabe donde, individuos que manejan un caballo por el medio de la acera, monjas en bicicleta, putas de cabaret, perros que escapan de algún espíritu maligno escondiéndose en una acogedora ventana, etc. Nemec muestra su carácter voyeur espiando a los vecinos de los apartamentos de alrededor mientras estos duermen o se desperezan al amanecer en la ventana. No nos olvidemos de nuestro protagonista. Éste, después de terminar su aburrido trabajo, retornará a su hogar, una reducida habitación que ejerce como una especie de cárcel sin barrotes. Asfixiado por la rutina, decidirá abandonar la misma por la noche tras abandonar a medias una partida de solitario. Las imágenes se mezclan con vendedoras de licores, cabareteras y gente feliz. El hombre del bombín acudirá primero a un desierto cine que únicamente cuenta como espectadores a una pareja más interesada en toquetearse que a la ficción que emana de la pantalla. Molesto con esta presencia, decidirá asistir a un tumultuoso y festivo baile donde nuestro héroe se desprenderá de su timidez abandonándose a la farra y juerga conjunta. Así conocerá a una joven con la que abandonará la fiesta rumbo a su apartamento junto a otra pareja de enamorados. Mientras que sus acompañantes harán el amor debajo de las sábanas, la joven acompañante de nuestro protagonista se dormirá profundamente antes de que éste pueda penetrar su deseo en la anhelada carne de su partenaire. El día despierta de nuevo. El siniestro personaje del bombín que abría el episodio retornará a la pantalla para anunciar una nueva y rutinaria jornada. Nuestro tímido héroe sale de su casa. Nemec volverá a escupir en pantalla pequeñas y alegres escenas de personas andando y sonriendo así como otras aprisionadas por las prisas. El hombre del bombín atravesará los interminables pasillos de su oficina adornadas por filas de mecanógrafas para arribar al final del mismo a su despacho. Volverá a intentar evadirse de su triste realidad acudiendo a la fiesta e intentando culminar con éxito el coito pendiente. Pero una turba de vecinos aparecerá de repente gritando y amenazando a nuestro héroe que huirá de este modo del libre albedrío que supone el amor siendo pues sometido a una inexistencia vacía en la que no hay cabida para el amor.

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Crítico B:

Es inútil describir de manera pormenorizada los hechos descritos por la salvaje cámara de Nemec. El surrealismo más puro e imaginario ha dado muestras de su presencia. Las imágenes cortantes que acompañan al gris y triste protagonista son realmente escupitajos simbólicos que Nemec lanza en contra de un sistema que le ha puteado tras el estreno de The Party and the Guest. El hecho de vestir al protagonista con un bombín da fe del carácter decadente de los burócratas, seres adormecidos por las órdenes del aparato comunista que han renunciado a vivir experiencias ajenas al rígido control de partido. El siniestro personaje que abre y cierra el episodio es sin duda la representación de la dictadura comunista, un hombre que dicta las normas desde una posición alejada a la realidad encerrado en una cúpula de cristal ajeno a las necesidades de una población que como una manada de reses obedecen sin rechistar los mandatos de su pastor. Sin embargo, los burócratas también son seres humanos con ansias de libertad representadas por la salida nocturna de nuestro protagonista al cine y sobre todo, al baile festivo, lugar de reminiscencias mitológicas en el que todo puede suceder, incluso el descubrimiento del amor más furtivo: la libertad. Sin embargo, la libertad es caprichosa y no cede tan fácilmente a las pretensiones de nuestro protagonista. Es más, la rutina y una población adormecida serán los mecanismos dictatoriales que manejará la dictadura para impedir que la libertad sea conquistada finalmente por el protagonista.

Episodio 2 : Sueños de Nastenka.

Crítico A:

La cámara se fija en una joven rubia y extremadamente bella (Nastenka) mientras finaliza el cigarrillo que está fumando. Nastenka se asoma a continuación al balcón de la casa donde trabaja como criada, observando a los barrenderos regar los caminos con un reparador chorro de agua. La criada acondicionará el hogar para un acontecimiento que va a suceder: la boda del joven señorito, del que la joven criada se halla profundamente enamorada, con otra mujer de su status social. Un rolls royce se aproxima al hogar. El mismo está montado por una serie de señores ataviados con bombín que acompañan como una jauría de perros al señorito en su viaje hacia su boda. Tras bajar el auto, el novio (único personaje que no viste bombín) atravesará los pasillos de la casa cabizbajo y con una mirada ausente rodeado de sus inquisidores acompañantes. Nastenka, con un semblante triste que refleja la derrota de su clase social, cruzará su mirada con la de su enamorado mientras sirve una bandeja de vino. El novio no tiene fuerzas para mirar a los ojos de Nastenka. En el patio que adorna el piso de abajo se reúnen los asistentes a la ceremonia (novia incluida) que esperan con anhelo a que el novio asome su semblante por el balcón. Éste lo hará mientras canta una ponzoñosa melodía acompañado por una versátil orquesta. Tras la culminación del acto, Nastenka no hallará fuerzas para continuar trabajando bajo el mismo techo de su enamorado, por lo que abandonará hacia un rumbo desconocido el hogar en el que trabajaba. En su camino se topará con un carruaje que transporta a un oficial del ejército que propondrá a Nastenka que le acompañe en su viaje. El carro de caballos atravesará un enigmático bosque en el que acampan en su orilla unos extraños militares. El trayecto culminará al llegar a la mansión del oficial del ejército. Nastenka será introducida en la casa y regalada con todo tipo de galanterías por los habitantes del lugar (monjas y militares). Casi sin que Nastenka se dé cuenta, hipnotizada por las lisonjas emanadas por los amigos del oficial y el alcohol que ha bebido, ésta será vestida con un traje de novia sin ninguna oposición. La verdadera invitación del oficial era por tanto celebrar su boda con Nastenka sin precisar el consentimiento de ésta última. Mientras se celebra el acontecimiento, Nastenka despertará de su ensoñación y huirá del lugar hacia una estación de trenes. Montada en el ferrocarril conocerá a un extraño cowboy que canta una canción sureña. Vestida de nuevo como una criada, Nastenka rememorará como un sueño no vivido los acontecimientos que ha experimentado a lo largo del día.

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Crítico B:

Nos hallamos ante uno de las más bellas fábulas acerca de la dualidad que persigue a los seres humanos en su lucha por la libertad. Nastenka representa a esa clase media que ansía avanzar en la escala social, pero a la que su status impedirá su merecido propósito. Oprimida por la dictadura del trabajo asalariado, el señorito del que se encuentra enamorada representa el objetivo de las clases medias de abandonar la humildad que simboliza a la clase trabajadora para abrazar el lujo y la comodidad del dinero y el poder que personifica a la nobleza o clase gobernante improductiva. Pero este lazo resultará imposible, por lo que tras fracasar en su intento de ascenso, la clase media ambiciosa viajará sin un rumbo oprimida por su propio cautiverio. La decepción puede hacer caer a la misma en las garras del militarismo o la religión, entes dispuestos a abrazar a los escépticos del mundo para sus funestos objetivos de muerte y esclavitud colectiva. Sin embargo, aún existen luces dentro de esta clase media desilusionada por lo que al final no caerán en la trampa de militarismo (o política si queremos elevar el ente en cuestión) o religión. No obstante, la pérdida de libertad que supone no obtener los objetivos pretendidos en la vida provocará que los habitantes de este estrato social deambulen sin rumbo ni esperanza por los caminos de la existencia.

Episodio 3 : Una aventura de Rudolf el huérfano.

Crítico A:

Un apático y feo personaje camina bajo los efectos del alcohol por una deshabitada calle. De repente el silencio será turbado por los gritos lanzados por unos lascivos personajes que se encuentran en medio de un campo bebiendo, escuchando música y en resumen pasando un día festivo y alegre. Sorprendido ante tal hallazgo, el ebrio personaje se parará a observar el comportamiento de los juerguistas, los cuales atisbarán la presencia de su voyeur acompañante. Una vez divisado, nuestro héroe será confundido con un tal Rudolf por parte del grupo de amigos, por lo que le invitarán a unirse a su fiesta. Tras disfrutar del sol veraniego, el grupo acudirá a una mansión donde darán rienda suelta a sus ebrios instintos. Rudolf será desnudado por sus supuestos amigos que corretearán como niños traviesos inmersos en picantes yincanas. Sin embargo, la locura presente en la habitación no será óbice para que nuestro héroe se fije en la más tranquila, bella y joven parteneire de la fiesta. Ésta igualmente parece haberse fijado en ese tal Rudolf pese a la apariencia desdeñada del mismo. Así ambos, tras la finalización de la fiesta, concertarán una cita para el día siguiente. El día amanece y descubriremos la profesión de Rudolf: calibrador de motores de los vetustos coches que recorren la ciudad. Una vez culminada su jornada laboral, Rudolf volverá al lugar en el que el día anterior conoció a su enamorada. Sin embargo algo falla. Los lugares comunes parecen haberse desvanecido en la nada, por lo que sus intentos por localizar a su acompañante resultarán vanos y vacíos. Rudolf ya no tiene que fingir más, ya que él no se llama Rudolf realmente, sino que éste es el nombre que le fijaron sus enigmáticos y fugaces amigos.

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Crítico B:

En este episodio Nemec lanza un afilado cuchillo para concienciar al espectador del carácter alienante del poder representado por una panda de juerguistas para los que la vida se reduce al alcohol y desenfreno sin ninguna actividad productiva conocida. Esto podría suponer una clara alegoría de la clase política comunista de la Checoslovaquia de la época, una casta que abandonó la doctrina inicial basada en el bien común para abrazar políticas que únicamente beneficiaban al bien individual de los que ostentan el poder. Esta clase tratará de mantener aborregada a la población trabajadora ofreciendo pequeñas gotas de oxígeno, desenfreno y circo que distraerán a los curritos de bien de los verdaderos problemas, ofreciendo cantos de sirena que ocultan que la existencia real se basa en la privación de libertad (simbolizado por el amor). Pero al finalizar la resaca de la celebración impostada auspiciada por los gobernantes, el ciudadano medio se topará con la verdadera realidad, ajena a nombres falsos y situaciones forzadas que distraen la aquiescencia del ciudadano.

Los tres personajes protagonistas de cada historia se unirán en un maravilloso y onírico plano secuencia al final de la película. Los desheredados del amor recorrerán juntos el largo camino del desengaño y la carencia de libertad. Porque vivir sin amor es realmente vivir sin libertad, y el amor para Jan Nemec no tenía cabida en un Régimen decadente fagocitador de libertades como era el de la Checoslovaquia de los sesenta. No sé si se me habrá ido la olla con esta reseña, pero espero haber captado aunque solo sea ínfimamente una parte de lo que Jan Nemec nos quiso decir con esta obra surrealista, alegórica y loca que es Martyrs of love.

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Escrito por Rubén Redondo


Todo modo de amor al cine.



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