Sesión doble: Long Live The Republic (1965) / Diamantes de la noche (1964)

Volvemos a la Nueva Ola Checoslovaca en nuestra sesión doble, aunque en esta ocasión apuntando a uno de esos géneros no tan visitados como es el cine bélico, y lo hacemos a través del prisma de dos cineastas indispensables para la cinematografía de su país: por un lado, el auténtico precursor de tal movimiento, Karel Kachyna, que en 1965 relataría en Long Live The Republic el final de la II Guerra Mundial a través de los ojos de un infante, y por el otro el responsable de films como Martyrs of Love, Jan Němec, que justo un año antes dirigía Diamantes en la noche, ambientada en la misma contienda.

 

Long Live The Republic (Karel Kachyna)

La mirada de un niño es una herramienta cinematográfica muy potente, qué duda cabe. Tanto que la tentación de proyectarla con el halo de inocencia que se le supone acaba muchas veces por pervertir esa prístina cualidad en simple infantilización del objeto expuesto. En el caso del conflicto bélico esto se hace aún más patente, amplificando el drama hasta extremos de pornografía de la tragedia o, por el contrario, idiotizando la realidad en versión de ingenuidad intragable como El niño del pijama de rayas o en forma de provocación transgresora light como en la reciente Jojo Rabbit.

At Zije Republika de Karel Kachyna nos pone en una tesitura donde el final de la 2ª Guerra Mundial en Moravia se hace especialmente dura al quedar expuesta la población local a los choques directos entre fuerzas nazis y soviéticas. Un marco donde salen a relucir tensiones nacionales, religiosas y de clase. Y en el epicentro del conflicto un niño expuesto a toda suerte de violencia y miseria. Desde los abusos de otros niños, la brutalidad parental o la miseria y el hambre, observamos a través de sus ojos el desarrollo de todo ello.

Dado que estamos en plena Nueva Ola de cine Checo las formas expuestas tienden a un mimetismo “nouvelle vaguesco” muy en la línea de un Truffaut en Los 400 golpes en cuanto a seguimiento exhaustivo y focalización absoluta de la trama pivotando sobre el eje del protagonista. Sin embargo, Kachyna va un paso más allá arriesgando en el plano formal a través de las piruetas estilísticas de una cámara atrevida e incisiva y una estructura desmenuzada entre flash backs y digresiones que confrontan lo real con lo imaginativo.

Todo ello sin edulcorar la realidad de lo vivido mediante un continuo uso de un blanco y negro sucio, granuloso y contrastado que ayuda al tono desesperanzado de la cinta y a difuminar los límites de la realidad, del tiempo y del espacio. De alguna manera At Zije Republika se presenta casi como un relato distópico de retribuciones contenidas. De una rabia acumulada que se proyecta en ensoñaciones para darse de bruces con la vivencia verídica. Un bucle pesadillesco que podría pasar, incluso, por un capítulo experimental de La dimensión desconocida.

Tampoco cabe, sin embargo, reinterpretar el film en base a parámetros de género fantástico ya que nos movemos en un terreno donde incluso lo bélico forma parte de una lateralidad, de un fuera de campo externo-interno que da contexto pero que no define en lo absoluto lo vivido por el protagonista. Esto es básicamente un drama, incluso una denuncia social contra las oligarquías rurales, contra el abuso de la autoridad como concepto que usa ciertas herramientas del cine soviético para, sutilmente, usarlas en su contra,

No es que haya un posicionamiento nacionalista, ni pro-nazi, pero dado el marco histórico en que se filmó no cabe duda que este alegato rebelde y anti-autoritario contiene una carga de subversión evidente contra el orden soviético establecido disfrazándolo de canto a la libertad. Un film pues que usa de forma competente todos sus dispositivos para que esta mirada infantil resulte lo más franca posible, sin necesitar una empatía empalagosa. Sin trampa ni cartón.

Escrito por Àlex P. Lascort

 

Diamantes de la noche (Jan Němec)

Un joven de tan solo 27 años, Jan Němec, debutó en el largometraje con Démanty noci y puso patas arriba la ya de por sí vanguardista y radical nueva ola del cine checoslovaco. Su obra tiene el descaro juvenil de alguien que da sus primeros pasos en la difícil industria cinematográfica, pero también la precisión de la sintaxis fílmica de alguien que lleva trabajando en ello toda su vida. Uno de los mayores aciertos de la película, precisamente, proviene de la variedad estilística de recursos que utiliza el cineasta checo para dar forma a algo intangible: el flujo de pensamiento.

A modo de monólogo interior visual, ya que el texto hablado apenas tiene valor en esta obra, las imágenes fluyen por la pantalla con un aparente matiz caótico: nunca sabemos —y no creo que esa sea la lectura de la película— si lo que vemos es real, imaginado, pensado o forma parte de los recuerdos del protagonista. Pero los mecanismos narrativos de Němec ilustran con excelencia los caprichos fragmentarios de la memoria y del funcionamiento cerebral. Nos encontramos, pues, con un film libre, que abre sus ventanas a una diversidad infinita de interpretaciones.

En cierta manera deudora del montaje de atracciones “eisensteininano” (en la medida que la construcción mental por parte del espectador de lo que está pasando viene determinada por la yuxtaposición de planos y su posterior montaje), Démanty noci supone una rareza incluso dentro de un movimiento tan revolucionario como fue la nueva ola checoslovaca. Sus imágenes, como la memoria y la actividad cerebral, no dejan de revolverse, de mostrarse inquietas y en movimiento. Muchas de las asociaciones de imágenes se vertebran a través de travellings, ya sean en planos de escasa duración o de largos planos en continuidad (como puede verse en la impresionante apertura del film).

Aunque en lo personal pienso que es una obra redonda en su objetivo de retratar lo intangible, el intercalado aparentemente errático de planos, la omisión lógica de la temporalidad narrativa o su ausencia de diálogos pueden echar para atrás a buena parte de su público potencial (no es difícil encontrar voces críticas en su contra). Y, pese a que la considero una película de terror en la esencia más primitiva de la palabra —ese tramo final que describe una secuencia de caza aún me tiene con el corazón en un puño—, no deja de resultarme curiosa la inclusión de notas humorísticas en algún que otro tramo del film. Por supuesto estas notas se encuentran vinculadas al aparato formal (bajo el disfraz del juego experimental que se lleva a cabo durante todo el metraje, por ejemplo en los hilos de pensamiento en que el protagonista se imagina a sí mismo matando a una mujer) y no al contenido de la película.

En suma, un proyecto que demanda una posición activa por parte del espectador, dada su ambigüedad narrativa y su errática cronología (amén de las disquisiciones entre lo que se supone real y ficticio). Si queréis ver algo realmente distinto y alejado de intertextualidades, Démanty noci es fuera de toda duda, la ‹rara avis› que estabais buscando.

Escrito por Maties Tugores