Wild Horse Nine (Martin McDonagh)

El director Martin McDonagh conforma, con tan solo seis películas, una filmografía híper sólida que ya ha dado el salto al frente hollywoodense y, por ende, al submundo de los premios y reconocimientos por parte de la industria más poderosa del mundo. Ahora, después de cuatro años desde el estreno de su última película, Almas en pena de Inisherin (The Banshees of Inisherin, 2022), trae Wild Horse Nine, una cinta que reúne elementos y concepciones que fue construyendo en películas anteriores, donde el valor de la comedia negra y la relación entre un grupo de sujetos inadaptados florecen hasta completar obras que evocan la importancia de los nuestros, incluso en las circunstancias más cuestionables.

En Wild Horse Nine seguimos a dos irreverentes agentes de la CIA que se dan un viaje por la Isla de Pascua en plena toma de poder del demócrata Salvador Allende. Con esto, McDonagh desarrolla un ingenioso y complejo método en el momento de presentar a sus protagonistas. Ambos son parte de una organización extranjera capaz de entrometerse en la situación política de un país diferente al suyo solo por el simple gesto de demostrar superioridad. El poder, por más que se luche para que caiga en las manos correctas, no es ajeno a que las circunstancias y la catástrofe terminen por ahogarlo todo de una bocanada.

La particularidad de Wild Horse Nine, y parte del ingenio que habita en su guion, es lo bien medidos que están los dos protagonistas, interpretados por Sam Rockwell y John Malkovich. McDonagh es un experto en la construcción de personajes en lo más bajo de su ser, pero con un brillo tan encantador como irónico. Y es precisamente en Malkovich donde el actor se moldea al mismo tiempo que el personaje. La elocuencia y la forma con la que recita cada línea son de un calibre al que solo unos pocos pueden llegar. Es ahí donde la película se convierte en una carta de agonía, con deslices auténticamente horripilantes, pero que al mismo tiempo se envuelve en un discurso de empatía y hermandad, llegando a ser realmente conmovedora en ciertos instantes.

Y así resulta brillante cómo, desde el fondo de la sala de cine, podemos conectar con unos personajes a veces desagradables, que chocan con muchos de nuestros ideales o creencias. Pero es que el medio va más allá de la política de la que se burla. Es la unión que McDonagh transforma lo que hace tan valioso su cine. Esos seres que observan y algunos otros que escupen alguna que otra palabra pero que aún existen y son parte de nosotros, aunque no lo digan directamente. Para McDonagh las coincidencias y los espejos de nuestra vida son el pan de cada día y, a la vez, un repositorio para cuestionarse el verdadero sentido de la propia existencia.

Wild Horse Nine es un inteligente juego de identidades que cautiva por una dirección de actores en su punto, un reparto entregado, una cadencia en los diálogos de auténtica maestría a ratos y un histórico personaje como el de John Malkovich que, diciendo alguna que otra barbaridad, hace imposible no entrar en el escenario lúdico y carismático que su director ha compuesto para el.

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