Trial of Hein (Kai Stänicke)

Marcharse y volver no implican una actitud contraria, aunque tampoco se refieren a un hecho complementario. Hein se marchó y catorce años después decide volver a una comunidad para la que no pasará desapercibida su presencia. El problema que plantea la película de Kai Stänicke es vigoroso al ser conscientes que no reconocen a esa persona que dice haber vuelto, ni siquiera los más próximos, ofreciendo un escenario extraño sobre el que juzgar, literalmente, a ese que dice ser Hein.

Sí, su título expone en su plenitud lo que va a acontecer a partir de ese momento. Stänicke desea eliminar toda distracción creando un pueblo austero, con unos pocos habitantes y ningún contacto con el mundo exterior. Asimismo, la construcción que elige es tremendamente simbólica, pues son solo fachadas elaboradas que esconden tras sus puertas y ventanas algún elemento significativo para un hogar aunque, una vez dentro, carezca de paredes o techos para invitarnos a pensar el cimientos incompletos, en escenas teatrales, en ponerle puertas a la naturaleza. Pese a ese atrevido revestimiento a modo de escenario, la película esquiva el sentido representar una función. Hay cierta profundidad en estos hechos que, con el avance de los acontecimientos, le dan un sentido más allá de lo decorativo a esas fachadas que esquivan la intimidad.

Dentro de esta pequeña comunidad, la llegada de un nuevo habitante que no ha sido invitado crea dudas y prejuicios, por lo que el consenso parece el camino más viable para llegar a una verdad. Hein debe ser juzgado para decidir si realmente es el Hein que vivió con ellos su infancia. A partir de esta aparentemente absurda decisión se traza una pasarela entre el pasado y el presente, el hombre incierto y el joven hijo de esas tierras, para determinar las diferencias entre una verdad colectiva y una personal. Rashomon asoma por la esquina para saludar. En cierto sentido, sus tonos apagados, ropajes sencillos y ambiente distante son necesarios para recrear una burbuja sombría que le de un toque de importancia y tesón a la película. Un hito histórico sucede en un pueblo mínimo, y nos sumerge en sus dudas para que, de algún modo, seamos partícipes y juzguemos todo lo que ocurre.

El director, también guionista de esta historia, elabora unos personajes contundentes sin necesidad de desarrollar conflictos sonoros. Por muy incongruente que resulte lo ordenado de esta osadía judicial, parece necesario para hablar de temas mucho más importantes como la memoria y la distancia entre los recuerdos y la realidad, que una vez pasa a ser un recuerdo nunca más volverá a ser una realidad. Hay belleza y también tristeza en ese aspecto, poco a poco nos damos cuenta que ninguno puede recordar a un mismo Hein, no ayuda que el protagonista acabe siendo consciente de esas diferencias que han crecido en su ausencia. Aferrarse a un ideal es necesario para una comunidad, pero no lo es para quien acabó representando un papel en el que encajar dentro de esa misma comunidad. Entonces deja de ser importante si Hein es quien dice ser, porque lo que de verdad prevalece es ese ideal que cumplir para ser uno más.

No conforme con tocar temas tan exuberante desde una perspectiva tan sencilla, le ofrece a Hein la posibilidad de arrancar los sentimientos más humanos de aquellos que sí desean acercarse a él, como esos momentos que pasa con su hermana o su madre, una demasiado joven para tener una imagen clara de él, la otra demasiado nublada para poder tener en cuenta su opinión; pero también existe un punto que ancla a Hein con ese pueblo, un motivo por el que luchar contra esas rígidas paredes en las que se han convertido sus coetáneos, y ese es Friedemann, el muchacho que en un inicio se intuye importante, que hacia el final se convierte en alguien canónico, y que expresa la rigidez con la que, en ocasiones, la pertenencia a un lugar y a sus gentes se vuelve un vulgar capricho que anula sentimientos y deseos.

Trial of Hein parece contemplar a cierta distancia los acontecimientos, pero realmente juzga —y lo hace con vehemencia—, a todas y cada una de las posturas expresadas en esta historia sin necesidad de elaborar un cambio de tono o de perspectiva para que surjan las múltiples verdades que dan forma a cualquier acontecimiento, algo que la convierte en un valiente reflejo de la importancia del individuo sobre la masa, aunque sea una pequeña y aparentemente hospitalaria. Es quizá eso, la apariencia, el verdadero verdugo en este juicio.

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