Mala bestia (Bàrbara Farré)

Con una sugerente inclinación por el fantástico, la ópera prima de Bàrbara Farré es un poderoso ‹coming of age› que presenta un relato mucho más retorcido y oscuro de lo que puede parecer en un primer vistazo. Bajo el nombre de Mala bestia (2026), la directora del cortometraje La última virgen (2017) y la serie Selftape (2023) firma una ficción dolorosa y personal que eleva su distinción por medio de una referencialidad autoconsciente, descubriéndose como una estimulante excepción al cine de género nacional —además del interés añadido de haber sido rodada íntegramente en catalán—.

En su planteamiento inicial, es posible apuntar algunas temáticas que remiten sobre ciertas tendencias reconocibles en el panorama cinéfilo de los últimos años. Por un lado, su fijación por el descubrimiento de una intimidad temprana recuerda la notable influencia de títulos como Las niñas (2020) —entre otros ejemplos recientes donde se aborda el cambio desde la normatividad del cuerpo femenino—; por el otro, en un sentido más próximo al cliché del cine de terror, la compostura temerosa frente a un internado regido por directrices autoritarias (y un misterio detrás del mismo) vinculan esta con películas como Blackwood (2018) o Paradise Hills (2019) —aunque cada una termine derivando hacia otros derroteros—. Más allá del diálogo que pueda entablar con dichos filmes, los cimientos de la misma se remontan mucho más atrás: donde tiene cabida la imagen reconocible e inquietante (a modo de homenaje) de los vestidos blancos sobre el fondo agreste de Picnic en Hanging Rock (1975) hasta los tintes de brujería adolescente de la reivindicable El bosque maldito (2006).

A pesar de apuntar sobre dicha imaginería, su desarrollo sucede mayormente desde su intuición, pues gran parte de la película funciona a través de la sospecha de unos personajes que desconfían de las paredes que delimitan su pequeño mundo, localizado en un orfanato para niñas. En ese aspecto, una mancha de humedad en el techo y un cuarto del que dicen que ninguna persona ha regresado marcan las directrices para configurar una mística profundamente inquietante. Desde ahí, Bàrbara Farré descubre los interrogantes que rodean a su protagonista, Atenea (María Schwinning), quien busca comprender el misterio que envuelve el despertar de su sexualidad —condicionada por la influencia de las historias que cuentan sus compañeras—. Mediante el miedo y la curiosidad que le produce dicha asunción, el deseo improbable de salir de aquel lugar y encontrar una familia se funde con la desilusión de una edad donde entenderse (y hacerse entender) es un desafío todavía más complicado.

Sin verbalizar ni regodearse sobre unos tropos presumibles, Mala bestia sugiere su interés al permanecer continuamente sujeta al punto de vista de Atenea, quien desconfía de todo aquello que le rodea y desconoce, incluso cuando esta (de forma ligeramente abrupta) ya vive junto a sus nuevos padres adoptivos —interpretados por Iria del Río y Roger Casamajor—. Para ello, gran parte del film se articula mostrando espacios interiores marcados por grandes manchas de sombras, donde la soledad y el miedo que padece se acentúa en composiciones que acompañan dicha sensación. Desde esa profunda intimidad, la película empieza a sugerir cuestiones mucho más complejas y turbias —especialmente por lo que refiere la relación del afecto paterno—, mostrando la vulnerabilidad de una joven que percibe la estima de los demás desde su sospecha; algo notorio en una secuencia donde la directora, emborrachando a sus personajes, rinde homenaje a La ciénaga (2004) de Lucrecia Martel.

Sin grandes alardes que al final descubran la cara del monstruo de su incomprensión, los golpes de efectos que plantea Mala bestia funcionan con el mismo interés que sostiene la protagonista cuando imagina las historias que le explican, sean o no verdad. Por ende, su deslumbrante desenlace —tan arriesgado como alegórico—, funciona, a su vez, como un recordatorio de lo terrible que es intentar asumir lo bello y lo trágico que hay en nosotros y a nuestro alrededor.

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