Yes! (Nadav Lapid)

El exiliado cineasta israelí Nadav Lapid, a quien ya se le reconoce dentro de la esfera del cine de autor de los últimos 15 años gracias a películas como Sinónimos (2019), laureada con el Oso de Oro en Berlín en 2019; Ahed’s Knee, que se llevó el Premio del Jurado en el Festival de Cannes en 2021; o al éxito de películas como La profesora de parvulario (2014), de la que se realizó un ‹remake› estadounidense protagonizado por Maggie Gyllenhaal.

Yes!, película que podría llevar a la confusión o al conflicto por estar en parte financiada por el fondo de cine israelí es, en realidad, una obra con la que Nadav Lapid, como se puede intuir desde el inicio de este texto, vuelve a demostrar que es un director que ha mantenido una postura autocrítica y ha ido a contracorriente de las políticas y posturas de su país de origen. Y Yes! no es la excepción en lo absoluto. Lapid se arroja sin tapujos a una sátira desenfrenada que exhibe los problemas del sistema sociopolítico israelí, al tiempo que experimenta con su apuesta formal para construir un ejercicio fílmico complejo y disparatado.

En Yes! nos metemos dentro de una burbuja, esa utopía construida por el Estado israelí e impulsada por los medios, que se puede permitir aparentar una inverosímil normalidad mientras un genocidio sucede a unos cuantos kilómetros de distancia. Desde el inicio, donde el caos en forma de fiesta con tintes de depravación se apodera de los personajes, se cimenta la idiosincrasia del filme.

Nuestro protagonista es Y., un músico que en los últimos años no ha visto otra vía más que doblegarse y convertirse en un mero sujeto de entretenimiento para los altos mandos políticos y militares del país, se borra de cualquier responsabilidad moral para aparentar, ignorar lo evidente y dotarse de esa droga de positivismo que le proporciona su círculo. Nadav Lapid entra en el juego con gran acidez al retratar a aquellos que son esclavos del sistema, de sus adicciones y de sus cuestionables deseos.

Por todo lo anterior, Yes! es un espectáculo anti-propagandístico que escupe, a base de recursos absurdos, la crisis del presente. La película dibuja personajes complejos, incluso a los que pueden parecer más unidimensionales por su labor de ser el objeto de crítica principal. Pero donde se suelta más la ironía de su director es cuando se apropia y potencia el obvio discurso autocrítico para llegar a horizontes más extensos, llenos de dudas y contradicciones que nos hacen pensar en lo banal e irreverente que puede ser la existencia en medio del desastre.

Nadav Lapid firma así un metraje atrevido y descarado en el mejor de los sentidos, confeccionando una personalidad a lo largo del filme que resulta un tanto extraña de digerir, pero en la que, una vez que se entra en la vitalidad lúdica de Yes!, todo cobra mayor importancia, especialmente cuando el desenlace omite la anarquía visual del inicio para dejarnos inmóviles ante un impredecible porvenir ahogado en contradicciones y absurdos.

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