Sátira para destripar una cruel realidad

Altas capacidades es la nueva película de Víctor García León, que ha dirigido obras como Más pena que gloria (2001), por la que fue nominado a mejor dirección novel en los Goya, Vete de mí (2006), nominada a la Concha de Oro en San Sebastián, y ha colaborado en destacadas series como Venga Juan (2021), que obtuvo 3 premios en los Feroz. Esta vez, García León construye una crítica social mediante la comedia en la que seguimos a un matrimonio de clase media, Gonzalo y Alicia, que tratarán de conseguir plaza en un prestigioso colegio para su “problemático” hijo Fer.
La sátira es sin duda la gran protagonista de esta obra. El director hace junto a su guionista, Borja Cobeaga, un retrato de la sociedad española tocando temas interesantes, y algunos de ellos muy sensibles, como la familia, la educación o el clasismo. Durante la hora y cuarenta minutos de metraje de la película, y siguiendo una estructura narrativa clásica, vemos como la historia de Gonzalo y Alicia se va enredando cada vez más, tanto desde el panorama familiar y personal (el matrimonio o la situación con su hijo) como desde el profesional, creando una serie de situaciones tan crudas como cómicas. La sátira y el humor residen precisamente en la forma en que Víctor García León orienta los distintos aspectos de esta propuesta. La familia, las relaciones paterno y materno filiales o el anhelo de movilidad social son temas tratados cinematográficamente de forma muy sensible. En este caso, sin embargo, se hace un retrato burlesco e incluso ridículo de todo ello, apelando a situaciones humorísticas que en ciertos casos provocan mucha tensión en el espectador, aunque a veces resulten exageradas o muy estereotipadas. Además, cabe recalcar el trabajo de todos los actores y actrices, pero en especial el de Juan Diego Botto, que firma una actuación con la que sostiene casi en su totalidad la mirada satírica de la película, adaptando maravillosamente el tono interpretativo necesario.

Por otra parte, su percepción realista surge de la forma de retratar todas estas situaciones y, especialmente, de no enjuiciar a los personajes. La crítica social no surge juzgándolos, sino usándolos para mostrar hasta dónde nos pueden llevar las consecuencias del sistema socioeconómico que nosotros mismos hemos desarrollado. El film presenta una sociedad basada en apariencias y controlada sólo por el dinero, en la que no existen conexiones humanas realmente profundas, se entiende a los niños como objetos y los comportamientos y motivos están sin excepción guiados por intereses económicos. Si bien es cierto que la crítica está bien estructurada y el relato arranca con nervio, la cinta tiene grandes problemas a la hora de conectar con los personajes. Apenas se dedica tiempo para entenderles y profundizar en la personalidad de cada uno de ellos, y esto genera que los distintos clímax pierdan mucha fuerza y surja cierta distancia en un tercer acto que se vuelve largo y repetitivo, debido posiblemente también a una falta en el empleo de otras herramientas cinematográficas como el manejo de la banda sonora, de los ritmos narrativos o incluso de giros en el guión. Lo poco que se desarrolla acerca de estos personajes se hace en escaso tiempo, con situaciones a las que le falta intensidad emocional, un fallo que el libreto arrastra desde su inicio.
Altas capacidades es, en conclusión, una sátira social con un fuerte componente crítico y con gran trasfondo. Sin embargo, la cinta se desinfla a medida que avanza, tornándose monótona y generando una desconexión, en gran medida por su despreocupación en torno a los personajes.







