The Woman Who Left (Lav Diaz)

Texto-secuencia

Lav Diaz narra con The Woman Who Left la salida de prisión y los días que le siguen de una mujer encarcelada durante 30 años por causa de los celos de un miembro de la élite filipina noventera. El natural deseo de venganza para aliviar la tensión que mata y la difícil vuelta a girar de nuevo con el mundo son los elementos sobre los que se erige la película. Pero, así como la anterior A Lullaby to the Sorrowful Mystery (Filipinas, 2016) discurre mediante la acción de la búsqueda, es en The Woman Who Left que el director filipino se aferra a la desconsolación y a la espera. Es así que entre sollozos y una amargura que parece salir de la pantalla para desgarrar el pecho y tiznarte de pena Lav Diaz deja estar a Horacia en el mundo sin más razón que esperar el momento que no llega y pensar, así desde muy adentro y sin decir casi nada, en un hijo del que ya nada sabe y del cual su otra hija, viva y por allí por donde ella callejea, intuye que anda perdido y pobre. Y con todo esto vemos a la mujer inserta en una noche que no deja ver ni su rostro ni el de los marginados que por allí andan. Sentada y ocultando en cierta medida su identidad -y en cierta medida porque en el fondo ya todo le da igual-, trata con un travesti epiléptico, con una joven histérica que va por la iglesia y con Jorobado, un vendedor ambulante que atiende con paciencia y humor a la vida como único método de salvación. La relación que con ellos entable, más allá del humor tan sibilino y bien metido que inserta el cineasta en determinadas situaciones, es movida desde la figura de Horacia en dos sentidos: observación del sufrimiento que se le presenta en las calles y puesta en práctica de la piedad. Este juego entre los dos elementos, más que tener que ver con códigos morales cristianos de tipo alguno, parece tener que ver con esa idea que consiste en la tendencia a compartir el dolor en el sentido de buscar que el otro no se quede todo para sí para después ayudarle en lo que uno pueda. Parece entonces que ese subrayado de los valores humanos y demás historias como construcciones a las cuales agarrarse y en función de las cuales actuar de una u otra manera que tanta gente resalta en The Woman Who Left  parece no ser tal sino que, lejos de mover a Horacia en base a principios férreos y otras convicciones, Lav Diaz está dejando florecer desde lo más hondo del cuerpo —no desde las alturas del concepto— el sentimiento de piedad y su aplicación a la vida cuando Horacia paga el médico del hijo de Jorobado, cuando lava el pelo de la mujer loca o cuando limpia las heridas del travesti violado. Comprendiendo que la crueldad de la gente y la dureza del mundo son irremediables y se están actualizando en esos cuerpos tan solo queda compartir el dolor para hacerlo más llevadero. Quedando atrás situaciones demasiado brillantes y diálogos que sacuden, punzan y también hacen reír; y permitiendo el escape al conceder un hueco muy pequeño a la acción y el movimiento, Lav Diaz dejará pasar a Horacia, ahora en la capital de las islas, por unas calles donde ya no hay palabra para que, en un plano final que se vuelve extraordinario, demostrarnos que el camino es un círculo de siempre lo mismo. Lav Diaz compone una pieza magistral que, gracias a esa dilatación que lucha contra la abstracción a la que impulsa el abuso del corte, se vuelve pura, terrible y dolorosamente terrenal.



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