La alternativa | Cal (Pat O’Connor)

Cal

La redención es uno de esos temas que se han abarcado en no pocas ocasiones en la gran pantalla, pero siempre ha sido más difícil enfocar en una temática como la del terrorismo, terreno espinoso que no siempre otorga la libertad necesaria al cineasta, y que este fin de semana llega a los cines españoles con la cinta patria Kamikaze, que a la postre nos sirve para rescatar un (por aquel entonces) prometedor debut que, además, servía como nueva demostración de talento para una de las mejores actrices británicas de los últimos tiempos, Helen Mirren, que en 1984, fecha de la que data el film que nos ocupa, daba todavía sus primeros pasos en cuanto a lo que papeles de peso se refiere. No hablamos, sin embargo, de uno de los papeles más conocidos de la actriz, que pese a ello ya ganó el premio a Mejor actriz en el Festival de Cannes, e incluso recibía una nominación en los BAFTA.

Pero, aun teniendo en cuenta la valía de un trabajo como el de la (por aquel entones) joven intérprete, cabría centrarnos en otros aspectos de Cal, la cinta que nos ocupa y primer largometraje de Pat O’Connor —tras la televisiva The Ballroom of Romance, que ganó el BAFTA en su categoría—, donde adaptando una novela de Bernard MacLaverty nos traslada a una Irlanda aun bajo el yugo del IRA, sigue al que el protagonista que da título al film, muchacho de familia católica que vive con su padre tras la muerte de su madre y está implicado precisamente en la organización terrorista, de la que intenta escapar en un marco hostil debido a las amenazas recibidas tanto por él como por su progenitor por el hecho de residir en un barrio protestante.

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Lo más interesante del trabajo de O’Connor en esa faceta es como enfoca el cineasta la relación entre ambos, que se alimenta gracias al respeto mutuo y a una fraternidad extraña de ver en un vínculo así, pero que prácticamente la define tanto como sustento de Shamie, padre que intenta mantener a flote un hogar mientras trabaja en el matadero, ocupación que su propio hijo abandonará debido al hecho de no poder desempeñar esa labor como desearía por la repulsión que le genera, como de Cal, quien intentando dejar a un lado su pasado tras las filas del IRA, encuentra aliento en ese lazo con Shamie. En ese marco, y mientras Cal lucha por huir de ese turbio ayer, conocerá a la nueva encargada de la biblioteca, Marcella, una mujer viuda después del asesinato de su marido de la que se enamorará.

Uno de los grandes aciertos de la cinta es el hecho en como O’Connor trata el drama al que está sujeta esa familia y Cal en concreto, dejando atrás las peroratas o discursos y fijando el foco en la expiación de ese muchacho que siempre parece caer vez tras otra en una espiral de la que no puede salir ni aun intentándolo. De este modo, el film se desarrolla en un marco mucho más interesante de lo que se podría presuponer, y lo hace sumergiéndose en las distintas relaciones entabladas como foco de esa faceta más humanizadora. A ello ayuda también la interpretación de un primerizo John Lynch, que sabe captar las aristas del personaje llevándolas a la pantalla, y además ofrece una gran réplica al trabajo de Mirren, quien comprende las heridas del personaje de Cal más allá de las suyas propias, e incluso en ese momento conclusivo sabe mantener intacta la esencia de lo que Pat O’Connor propone en una de esas obras que, prometedora, quizá no trascendió, pero desde luego supo como poner sus miras en una de esas materias que encuentran en propuestas como Cal la necesariedad de obtener un contrapunto como el aquí ofrecido.

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