Después de nosotros (Joachim Lafosse)

Durante el año, una gran cantidad de matrimonios deciden distanciar sus vidas de manera momentánea o permanente. La separación tiene el objetivo de dar un tiempo a la pareja para aliviar ciertas tensiones de convivencia; aunque a menudo estas no se logren resolver y todo acabe en el divorcio, existe un porcentaje de hombres y mujeres que recuperan la sintonía con su cónyuge tras pasar un tiempo apartado de él. Sin embargo, el matrimonio formado por María y Boris no tiene esa oportunidad, ya que este se ve obligado a quedarse en casa de su mujer por motivos económicos. De esta forma, les resultará difícil recuperar la pasión mutua que antaño les hizo casarse y su unión parece inevitablemente condenada a la autodestrucción.

Es el belga Joachim Lafosse (que firmó Propiedad privada o Perder la razón como obras más reconocidas) quien plantea semejante escenario en Después de nosotros (L’économie du couple), una cinta que desde su inicio se sumerge en la separación de la pareja sin ofrecer causas de la misma, obviamente por ser estas innecesarias y fáciles de intuir. La disputa que marcará el futuro del matrimonio y, por extensión, de la película, gira en torno a la cantidad que María debería pagar a Boris para comprarle su parte del piso. Ella ofrece solo una tercera parte del valor estimado, ya que Boris apenas contribuyó a sufragar los gastos necesarios de la vivienda, mientras que el hombre pide el 50% al argumentar que la reforma que hizo en el domicilio revaluó el precio del mismo.

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Si por algo destaca y engancha Después de nosotros es por la habilidad que tiene Lafosse al plantear la situación sin inclinarse hacia una u otra parte. Es fácil sentir empatía por ambos lados de la pareja, pero también hay bastantes momentos en los que uno siente que ninguno de los dos ha actuado correctamente. Como en cualquier matrimonio, las discusiones suelen generarse por cosas nimias y pueden tener unos claros damnificados: los hijos, en este caso, dos niñas. Asustadas por el griterío y confusas porque sus padres se repartan el tiempo que pasan con ellas, las pequeñas responden con un carácter más agrio e independiente, que les lleva a realizar acciones nada satisfactorias para sus progenitores.

Toda la obra transcurre en el domicilio de la pareja, un piso unifamiliar con jardín por el que desfilan varios de los personajes secundarios del film. Ninguno de ellos alcanzará la relevancia suficiente como para restar minutos a los integrantes de la familia, pero todos contribuyen a acentuar y poner de manifiesto la crisis del matrimonio, amén de resaltar ciertos ecos del pasado que contextualizan el origen de esta tensión. Aquí es necesario mencionar a los dos actores protagonistas. Por un lado, un Cédric Kahn que a lo largo del film mantiene un rostro a medio camino entre al abatimiento y la indiferencia. Por otro lado, y muy especialmente, contemplamos a una Bérénice Bejo ya con experiencia en divorcios cinematográficos (recordamos la notable El pasado, de Farhadi) que firma con nota su papel, sin pecar de excesos o defectos.

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Tras una decepcionante Los caballeros blancos, Joachim Lafosse parece haber remontado el vuelo con esta interesante Después de nosotros. Pese a no aportar nada nuevo temática o cinematográficamente, la película representa de manera bastante veraz una situación que no pocas personas habrán vivido de cerca. Consigue captar la atención y mantenerla sin presentar altibajos en su ritmo, una virtud más que reseñable si tenemos en cuenta que Lafosse borra en sus protagonistas cualquier atisbo de estridentes impulsos emocionales, lo cual merma las opciones de que la obra sea venerada pero aumenta su honestidad en la misma proporción.

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