Turno de noche (Jonny Campbell)

La presencia de David Koepp en el mundo del cine es imprescindible. Desde su participación en guiones que nos han acompañado desde nuestros primeros ataques fanáticos del celuloide (qué sería de nosotros sin Jurassic ParkMisión Imposible) hasta esperpentos inolvidables (la olvidada La sombra o la revolucionaria La momia que inauguró y desmanteló el universo ‹dark› de una de las productoras más potentes de la historia reciente), pasando por la dirección, por qué no, con propuestas tan dispares como El último escalónMortdecai. Casi todos sus trabajos tienen algo en común: la adaptación de una novela, cómic o serie de TV para que podamos disfrutar (o no) en una pantalla su reinterpretación de historias ajenas. Pero Koepp ha querido expandir su escritura, llevarlo a algo más que una mera colección de diálogos e indicaciones, ha querido novelar sus ideas, así que en 2019 presentó al gran público Bajo cero, con el fin de subir la apuesta en el futuro.

Ha llegado el momento, “Koepp by Koepp” se ha hecho realidad y el Koepp guionista ha adaptado al Koepp escritor y no sabemos por qué no se ha hecho realidad la fantasía de introducir al Koepp director en la ecuación, pero Bajo cero se ha materializado para el deleite de algún incauto.

Es un británico capaz de manejar el humor absurdo y la ciencia-ficción el elegido para la ocasión, Jonny Campbell le da el toque final al nada intuitivo pero consecuente título Turno de noche donde dos jóvenes encargados de vigilar un centro de almacenamiento privado deben enfrentarse a uno de los secretos peor guardados por el gobierno norteamericano y salvar a la población de un hongo mutante. No hay fallas en una narración tan hiper motivada, de hecho, es una película que cualquier fan de la serie B querría experimentar, pero las grandes promesas son difíciles de cumplir.

Turno de noche es divertida, tiene un arranque más que llamativo y dos peleles que saben manejarse bien entre la curiosidad y la hostilidad, pero las lagunas para llegar de un punto a otro a veces nos ahogan en un mar de complementos vistosos pero no muy carnosos. Siempre es estimulante la premisa del paria que recibe de la nada el peso de salvar a la humanidad, nos sirve igualmente la necesidad de salvar el propio pellejo, y el film gira una y otra vez en torno a esta necesidad de sobrevivir. Lo hace en modo “amante del cine y la cultura pop”, porque son constantes las referencias a otros clásicos instantáneos, de hecho hay tantas que si parpadeas dos veces posiblemente te las pierdas. Es una forma de alimentar el ‹fandom› hasta casi hacerlo estallar (como algunos malogrados personajes), algo que no consigue como iniciativa propia. Pero hacer de encantador de serpientes es también una labor aceptable y lo que no se le puede negar a Turno de noche son sus ganas de fanfarronear al puro estilo de USA vs. USA, que siempre es un punto a favor. La película quizá no sale de su zona de confort, la del entretenimiento, pero no podemos dejar de observar que este precisamente es el fuerte de Koepp. Además, aprovechar el momento con un reparto atractivo como Liam Neeson, Georgina Campbell y Joey Keery es una confirmación de la necesidad de que todo salga, como mínimo, bien —aunque solo sea por rememorar a estos actores sobreviviendo en situaciones un tanto extrañas—.

No vamos a recordar eternamente Turno de noche, pero nos va a servir para reforzar nuestra dosis de nostalgia, mientras el humor intenta acomodarse en un nuevo y silenciado posible fin del mundo. Lo correcto también puede salvar una tarde mediocre.

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