Sesión doble: Dangerous Encounter – 1st Kind (1980) / The Underground Banker (1994)

La CATIII hongkonesa llega a nuestra sesión doble con títulos de los que disfrutar de ese cine sin concesiones ni paños calientes que incluso en muchas ocasiones cruzaron sus caminos con la censura, y lo hacemos con un cineasta esencial en la cinematografía de su país, Tsui Hark, y su segundo largometraje, Dangerous Encounter – 1st Kind, y por otro lado con uno de esos títulos a reivindicar: The Underground Banker de Bosco Lam.

 

Dangerous Encounter – 1st Kind (Tsui Hark)

Pocos nombres —más allá de los Ringo Lam, John Woo o Johnnie To— resultan tan emblemáticos en la cinematografía ‹made in Hong Kong› como el de Tsui Hark. Y es que más allá de su faceta como cineasta ligado a todo tipo de géneros —aunque habitualmente atado al ‹wu xia›, el cine fantástico y el ‹heroic bloodshed›—, el realizador originario de Vietnam, también ha sido uno de los productores más célebres —entre sus producciones se cuentan los mayores éxitos de Woo en Hong Kong, o sagas como Érase una vez en China (de la que, de hecho, dirigió la trilogía inicial) o Una historia China de fantasmas, entre otros títulos— de su país.

Pero centrémonos en sus inicios, y es que lejos de producciones que lograron dar amplitud a determinados géneros o cineastas fuera de las fronteras del continente asiático, Tsui Hark daba sus primeros pasos con cintas como esta Dangerous Encounter of The 1st Kind que advertía, ante todo, sobre la libérrima mirada de un autor cuyo cine, carente de concesiones, se antojaba un bastión irrefutable en el que reflejarse. Una virtud que a la postre le conferiría el sello de CATIII, a la par que problemas de censura que derivarían en las distintas versiones conocidas a día de hoy, así como algún que otro problema narrativo que en realidad no hace sino reforzar su carácter desenfadado.

De hecho, su trama sin ataduras, que la hace desplazarse libremente entre géneros y temáticas distintivas, moldea asimismo una capacidad sugestiva que va más allá del imprevisible devenir de su relato, se encuentra también en el dibujo de alguno de sus personajes y en la concepción de secuencias cuyo aparente sinsentido se transforma en pura esencia. Así, lejos de hablar de gratuidad, nos encontramos ante una propuesta cuya entidad queda delimitada por esos cruentos apuntes que refuerzan el propio carácter del film. Como ese descarnado y psicótico personaje femenino, capaz de liquidar un gato como si nada, torturar ratones domésticos o incluso apuntar a las vecinas con el arma de su hermano policía, notas que logran reafirmar su propia esencia.

Dangerous Encounter of The 1st Kind se eleva así como una obra que hasta se atreve a dejar notas de carácter social —esos ‹flashbacks› en la última secuencia, que apuntan con tino y confieren, si cabe, una dimensionalidad distinta a los protagonistas— enriqueciendo un ejercicio ya de por sí fascinante, empujando los límites del conformismo y rubricado una de esas películas que no tienen desperdicio, y que en su absoluto descaro —llegando a fusilar incluso bandas sonoras de Goblin o temas de Jean-Michel Jarre— llevan al espectador a una de esas preguntas de difícil respuesta: ¿genialidad absoluta o tomadura de pelo? En sus manos queda decidir, servidor lo tiene muy claro.

Escrito por Rubén Collazos

 

The Underground Banker (Bosco Lam)

Dos fueron —o siguen siendo, porque mientras ese sea el sistema de calificación por edades, la CATIII vivirá— las temáticas principales de la categoría: brujería y crimen, en muchas ocasiones basado en hechos reales. Otra corriente menor sería la de “barbaridades con excusa de época”: el director de The Underground Banker, Bosco Lam, es también el perpetrador de La Sala de Torturas China, relativamente popular en España.

Una característica que ha hecho famosa a la CATIII es la sempiterna presencia del bestial Anthony Wong, que se hizo popular por interpretar psicópatas no exentos de humor en The Untold Story y Ebola Syndrome.

La producción de estas cintas llegó a ser masiva y las secuelas no tardarían en aparecer: The Untold Story tiene hasta dos. Estas secuelas muy rara vez tienen una conexión narrativa con su predecesora más allá de la temática y el título.

Todo este rollo es por contextualizar un poco y explicar un elemento curiosísimo de The Underground Banker. Como si se tratara de un universo compartido, el personaje que da título a otra película también muy popular, Dr. Lamb, aparece aquí. Dr. Lamb y The Underground Banker no comparten ni director, ni guionista… al personaje ni siquiera lo interpreta el mismo actor.

Pero la cinta de hoy es de crimen. ¿Cómo lo trata la CATIII? La policía se mueve entre la vagancia, la brutalidad y la estupidez redomada. Hay psicópatas en cada esquina. Y es muy probable que el sistema penal los deje libres una vez la policía los capture de casualidad, pues pasarán unas vacaciones en el psiquiátrico y poco más.

Es lo que ha sucedido con el Dr. Lamb, que se convertirá en vecino de un Anthony Wong en un papel de currante, de hombre de a pie preocupado por el desempeño sexual con su mujer, aprovechándose de su talento cómico. En un giro muy original, el Dr. Lamb, ex-asesino en serie “probablemente reformado”, no se lleva el peso de la trama: es un colorido secundario.

El villano de la función es otro rostro muy reconocible de la CATIII: Ho Ka-kui. El alcaide en Historia de Ricky —una de las CATIII más populares en España— siempre interpreta a personajes viles y crueles hasta el extremo y él será aquí el “underground banker” del título: un usurero con joyas y camisas vistosas. Un mafioso local que se aprovechará de la mujer de Wong y la sumirá en una espiral de deuda cada vez más imposible de pagar.

Es aquí donde la película triunfa. Entre que el personaje de Wong es entrañable de tan bobo y que vemos que la cada vez más vejada mujer de Wong no va a poder pagar la deuda, como espectadores, vamos cogiendo odio al cada vez más sádico usurero Black Chao, que, sorpresa, no se limitará a pedir absurdas cantidades de Hong Kong dollars. La película se carga en ese sentido hasta lo imposible y recuerdo amablemente que la CATIII tiene pocos límites.

De modo que cuando llegamos, extenuados de tanta maldad, al enfrentamiento final, esperamos resarcimiento a toda la hora y pico de fechorías que llevamos viendo en pantalla. Y esperamos que el bien triunfe, pero eso no siempre sucede en estas películas, con lo cual la emoción es verdadera y no un trámite del pacto de ficcionalidad lo que sentimos.

Aunque no esté entre las mejor dirigidas de la categoría (ese honor probablemente deba darse a las de Herman Yau) sí que es una de las más intensas, que ya es decir.

Escrito por Pablo Von Pelluch