Sesión doble: Como plaga de langosta (1975) / State and Main (2000)

Hollywood y sus fueros son los protagonistas de nuestra sesión doble, donde el ‹star-system› es puesto bajo la lupa gracias a la mirada de dos cineastas como John Schlesinger y David Mamet. El primero, dirigía Como plaga de langosta a mediados de los 70, justo antes de uno de sus éxitos con Marathon Man, mientras el segundo decidía embarcarse en una visión sarcástica gracias a su State and Main, con numerosos rostros conocidos como los de Alec Baldwin, William H. Macy o Philipp Seymour Hoffman.

 

Como plaga de langosta (John Schlesinger)

Poco antes de efectuar su película más reconocida, Marathon Man, John Schlesinger dirigía un paródico repaso al Hollywood clásico en una película menor en reconocimiento, ahogada en el ostracismo, llamada Como plaga de langosta. Con emergentes rostros de aquella década de los 70 como William Atherton, Donald Sutherland o Karen Black (además de la aparición de un jovencísimo Jackie Earle Haley), el film se basa en una novela de Nathanael West para retratar los menos conocidos entresijos de la industria de Hollywood dentro de una de sus épocas doradas dentro de la eclosión de cine de los grandes estudios. Es en ese prisma donde se sitúan los orígenes mercadotécnicos del séptimo arte, un refugio donde aguardaban grandes ilusiones y también un buen puñado de miserias. Para ello se utiliza la figura de un joven pintor que llega a Hollywood para trabajar en uno de esos exitosos estudios, al mismo tiempo que conoce una de esas almas rotas ubicadas entre los pasillos y los platós: Faye, una eterna promesa de la actuación, pobre diabla de tormento personal que nos regala uno de los mejores papeles que se recuerdan de Karen Black. Como un laberinto de pasiones, pesimista, triste y trastornado, sale a la luz un triángulo amoroso urdido bajo el decadente retrato de ese añorado Hollywood de los años 30, con una inmersión a una fábrica de sueños revertida en ficticio envoltorio del éxito. Las ansias de un triunfo en la escena destinado para unos pocos privilegiados dejando en el camino las tortuosas historias, alimento para la fábula hollywoodiense y la leyenda urbana, ocultadas bajo la estampa del glamour; aquí son rescatadas en una ficción destilada por su director con el ampuloso escenario de todo un estudio como la Paramount, paradójicamente la major responsable de la película que nos ocupa.

Con una puesta en escena fascinante, donde Schlesinger inspira el aroma clásico del viejo Hollywood bajo una atmósfera surrealista y hasta con pulsiones hacia lo onírico, resulta indispensable resaltar el hecho de que las distorsionadas maneras de esta pieza, columpiándose entre el melodrama y el retrato histórico, se contextualicen con la diatriba que rodeaba al momento de lanzarse esta producción que supuso un pequeño fracaso de la época; Como plaga de langosta se realizó en plena ebullición del ahora llamado Nuevo Hollywood, ese periodo donde una ‹new wave› de cineastas afloraban sus impulsos creativos alejados de unos entonces grandes estudios sumidos en la decadencia, a favor de un cine mucho más independiente y creativo, alejado de la manufactura de la industria cinematográfica californiana; por ello, Como plaga de langosta recuerda los viejos tiempos del Hollywood mercadotécnico sacando a relucir las penurias vividas entre bastidores, como una mirada nostálgica a esos vientos de cambio que se vivían en aquel 1975. Un buen puñado de personajes marginales intentando sobrevivir en el pretencioso mundo de la primera línea hollywoodiense se sumergen en el amargo dibujo que Schlesinger propone en base a una cruda y desagradable mirada, convergiendo en una conclusión desgarradora e inolvidable. Como si una propia parodia se tratase, se exceden algunos clichés conocidos de la explosión de los grandes estudios gracias a sus personajes secundarios abiertamente estereotipados, que suponen un envoltorio inmejorable para el triste candor de su tridente protagonista. De él, cabe reincidir en la soberbia presencia de Karen Black, extraordinaria en un papel complejo y que funciona a modo de epicentro a la hora de mostrar todo aquello que Hollywood se empeña en esconder entre paseos de estrellas y glamurosas premieres.

Escrito por Dani Rodríguez

 

State and Main (David Mamet)

El contraste entre un pequeño pueblo situado en el estado de Vermont y un equipo de rodaje que se verá obligado a desplazarse allí tras la imposibilidad de rodar en New Hampshire debido a las altas exigencias del estado situado al nordeste del país, servirá a David Mamet como piedra angular de un film desde el que otorgar una mirada incisiva a ese universo donde todo parece soterrado a las necesidades de unos cuantos. Algo que el de Illinois deja claro en apenas unas secuencias desde las que exponer la naturaleza implacable de todos aquellos relacionados con el proyecto. Si por algo destaca, pues, la propuesta de Mamet, es por su audacia narrativa, y es que el dinamismo que el cineasta logra imprimir no sólo a sus secuencias, también a unos diálogos que sirven como pieza angular, otorga a State and Main un carácter que ayuda tanto a estimular el ritmo como a aguzar una sátira que por sí sola posee suficientes argumentos como para convencer.

Más allá de su talento para la escritura —algo que habían comprobado cineastas de la talla de Brian de Palma, Sidney Lumet o Louis Malle—, el autor de Casa de juegos muestra una pericia fuera de lo común para componer un relato que sobresale por encima de lo coral de la propuesta, del vaivén planteado por los diversos frentes expuestos a través de la amalgama de personajes que presenta Mamet. La condición atribuida a cada uno de ellos, además, otorga matices que en ningún momento debilitan las intenciones de un film que pervive lejos de esos diálogos ágiles y punzantes que la definen, pero que se extienden gracias a un libreto capaz de evitar territorios comunes incluso cuando las situaciones propuestas por Mamet parecen llevar precisamente a ello. El modo de resolver algunos momentos, apela incluso a una vocación literaria que el cineasta sabe imprimir a la perfección e incluso integrar en la textualidad del film (como ese «Me lo creo si tú te lo crees» que le espeta Ann a Joseph, el guionista interpretado por Seymour Hoffman) sin que por ello se resienta el núcleo del relato.

State and Main no se queda en esa visión irónica plana que consiste en lanzar chascarrillos acerca del ‹star-system› y proponer unas cuantas bromas a modo de chanza, y es que sin necesidad de cargar las tintas o asociar su expresión a una discursiva cortante, Mamet propone un ejercicio que nos sumerge en las interioridades de un mundo donde no parece haber segundas oportunidades: algo que se percibe en la amenaza de Marty, el productor, a Claire —el personaje interpretado por Sarah Jessica Parker— o los ultimatums de Marty y Walt —ese director al que da vida William H. Macy— a Joseph; y, en especial, donde los intereses (el anuncio de Bazoomercom, el guión de Joseph sutilmente expuesto ante la puerta tras la discusión acerca del molino, etc) prevalecen a las intenciones de cualquier proyecto. Suerte que para ello siempre estarán cineastas como Mamet y su aguda percepción —con trazas, incluso, de ‹screwball›, mostrando una mirada ensimismada, asímismo, por el clásico— acerca de los enseres que rodean a un universo del que, por más que se escriba, se antoja inabarcable.

Escrito por Rubén Collazos

 

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