
La cineasta japonesa Chie Hayakawa, que debutó en el largometraje en 2022 con Plan 75, estrenó su segunda película, Renoir, en la última edición del festival de Cannes. Curiosamente, las dos producciones se encuentran prácticamente en las antípodas. Mientras su ópera prima tiene una fotografía oscura y unos colores fríos, su nueva cinta destaca por sus tonos vivaces y una luz que impregna cada plano con su calidez. Una se ubica en un futuro no muy lejano y la otra en un pasado relativamente próximo. La vejez frente a la infancia, el ocaso ante el amanecer. Lo que se propone realmente la cineasta con ambas propuestas es una variación sobre un mismo tema. La muerte, primeramente desde la perspectiva de quien la enfrenta personalmente y después como duelo y pérdida. En Renoir, Hayakawa recuerda en ciertos momentos al mejor Kore-eda de las últimas dos décadas, con una narrativa menos concisa y más tangencial, que le acaba pasando factura tras dos horas de metraje.
Fuki, de 11 años, ve cómo su vida cambia drásticamente cuando su padre es ingresado en el hospital por un cáncer que le está consumiendo. Su madre, una mujer ansiosa y de temperamento volátil, descuida bastante a la niña que, desde su inocencia, curiosidad y afición por las prácticas esotéricas y mentalistas, empieza a explorar el mundo de los adultos. La película elige este deambular infantil como eje estructural de la historia. Los personajes con los que se encuentra Fuki dibujan pequeñas tramas que aportan distintas inflexiones respecto al tema central. Su distancia respecto al tronco narrativo les permite a estos episodios aparecer y desaparecer sin demasiadas consecuencias. Uno se puede imaginar esta película como un árbol cuyas ramas parten del tallo inicial, pero inevitablemente se distancian y nunca acaban confluyendo de nuevo. Hay una sensación de insatisfacción al llegar al final de la historia porque todo apunta hacia un clímax emocional que no encuentra su correspondencia en la construcción narrativa de unas secuencias demasiado aisladas entre sí.

El título de la cinta proviene de la copia de un cuadro del pintor impresionista francés Pierre-Auguste Renoir, conocido como La pequeña Irene, que Fuki compra y acaba colgando en su cuarto. En él se puede ver a una niña perfilada y de mirada triste impresa sobre un fondo de vegetación. La protagonista se siente cautivada por la figura central del óleo, seguramente viéndose interpelada y reflejada en su expresión inocente y melancólica. Renoir también se manifiesta en la película a través de la iluminación. La luz que se filtra entre las hojas de los árboles, que entra por las ventanas o que se mezcla con el tejido ondulante en la genial escena de la bicicleta entre madre e hija. Sorpresivamente, Hayakawa también logra, en un par de ocasiones, utilizar ideas sonoras de forma lírica, sin resultar casposa. Pocas veces se explora el potencial poético del sonido, más a menudo reducido a su capacidad descriptiva, práctica o emotiva. La cineasta japonesa alude a la muerte en dos ocasiones mediante representaciones parcialmente sonoras.
Vale la pena aplaudir también la voluntad de Hayakawa de sortear en todo momento el sentimentalismo, cosa que el mismo Kore-eda no ha podido evitar recientemente. La evolución de Fuki se concluye con una lágrima silenciosa con cierto eco al final de Estiu 1993, y la muerte se representa tal vez de la forma más acertada posible, con una elipsis. Renoir es una comprobación de la gran habilidad de su directora, pero también demuestra su falta de madurez e inexperiencia. La película se encuentra en un punto intermedio. En el futuro, Hayakawa deberá decidir entre escuchar sus instintos más impresionistas (como parece indicar el título), siguiendo así los pasos de cineastas como Hou Hsiao-Hsien o Carla Simón, o, por el contrario, amoldarse a un cine más dramatúrgico y esquemático de alguien como Kore-eda o los Dardenne. Sin esa necesaria radicalización, ambas pulsiones se verán afectadas y reducidas por su falta de independencia, resultando, como en el caso de Renoir, en una insatisfacción generalizada.







