Nuestro último verano en Escocia (Andy Hamilton, Guy Jenkin)

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'WHAT WE DID ON OUR HOLIDAYS'

Estupenda obra, fresca, ágil, emotiva y a ratos hilarante y una de las primeras incursiones en pantalla grande, —desde luego por la puerta principal—, de los realizadores Andy Hamilton y Guy Jenkin, que hasta ahora habían trabajado como guionistas y directores para series de televisión como Bedtime, Outnumbered o El lenguaje de los sueños.

Que los británicos dominan como nadie la comedia ya es un hecho constatado, incluso me atrevería a decir, un patrimonio cultural en movimiento continuo con ansias constantes por renovarse y mejorarse a sí mismo, en cualquiera de sus manifestaciones, ya sea en cine como en sus múltiples y prolíficas sitcom televisivas. Recuerden la magnífica Le week-end proyectada el año pasado en este mismo festival, esas comedias románticas de toda índole y taquilleras como ninguna otra alcanza: Love Actually o Cuatro bodas y un funeral, Full Monty, algunas de las primeras cintas de Guy Ritchie (Snacht: Cerdos y diamantes, Lock & Stock) o de Kenneth Branagh (Los amigos de Peter, Mucho ruido y pocas nueces), Billy Elliot, Un pez llamado Wanda, los Monty Python —a quienes ya parece hasta innecesario mencionar—, el humor de Hitchcock, el de Kubrick, a su manera el de Danny Boyle en Trainspotting y otras muchas.

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Los británicos ofrecen además a los mejores intérpretes cómicos desde siempre, son flemáticos hasta el no va más pero saben como nadie reírse a su propia costa, cuidando de lo suyo, de sus tradiciones y de su esencia, pero poniéndose a sí mismos en lo más absurdo sin pudor alguno y casi siempre de manera elegante, incisiva e inteligente. El humor británico es una de las grandes señas de identidad de aquel país y What We Did On Our Holiday una enfática muestra de esa enorme habilidad para hacer reír a todo un patio de butacas de principio a fin. Increíble, puedo jurarlo, que el público se haya deshecho en carcajadas durante la hora y media larga del metraje de esta disparatada cinta. No por otra cosa ocurre que, finalizada la primera semana de proyecciones, Nuestro último verano en Escocia es con mucha diferencia la ganadora absoluta del público con un 8,29 de media en las votaciones del respetable.

Doug (David Tennant) y Aby (Rosamund Pike) son una pareja en constante crisis conyugal con tres hijos dignos de estudio. La agudeza y locuacidad de los niños no conoce límites. Entre los tres, se hacen magistralmente con la película y la historia, compartiendo peripecias y ocurrencias transcurridas durante sus últimas vacaciones en las Highlands. Lo harán, eso sí, desde su perspectiva y manera de entender el mundo de los adultos, desde la inocencia y la pureza de su propia interpretación de la realidad. Viajan a Escocia para celebrar el 75 cumpleaños de su abuelo Gordie (Billy Connolly, El gran Yim) enfermo de cáncer, reuniéndose también con sus tíos Kevin (excepcional Ben Miller), Margaret (Amelia Bullmore) y provocando de la forma más inesperada, la más esperpéntica de las situaciones: esa que a su vez, precipitará que el país entero se ponga en jaque.

'WHAT WE DID ON OUR HOLIDAYS'

La percepción de la enfermedad, de la muerte, de los conflictos, de la familia, de los deseos por parte de los pequeños no encaja en la definición adulta de la realidad. La película plantea además la dureza del tránsito de la infancia hacia la adolescencia y la madurez cuando alguien se enfrenta a circunstancias con las que no se siente a gusto ni en conformidad. La complicidad entre los niños y su abuelo es conmovedora y cualquiera entenderá, asistiendo a las correrías de estos pequeños, que los niños son capaces de todo lo que se propongan sin que la falta de medios o cualquier otra dificultad mine sus ánimos y entusiasmos por conseguir aquello que desean. Para un niño no hay nada imposible y menos para cualquiera de estos tres hermanos. What We Did On Our Holiday es, cuanto más se aproxima un trance luctuoso, una exaltación en aumento de la vida y la belleza naturales, sin imposturas, sin mentiras y sin hipocresías o dobleces.

Cualquier línea de texto del desenfadado guión va sobrada de ingenio, desparpajo y vitalidad. Pero además sus intérpretes, del primero al último y muy notablemente destacando a los niños, rozan un estado de gracia y una naturalidad sorprendentes. El rodaje, si bien debió ser complicado por la intervención de actores de muy corta edad (apenas 5 años tiene la pequeña) se ha resuelto en un montaje delirante de ritmo endiablado que apenas dará tregua al espectador pero que en ningún lance de la película se antoja forzado o excesivo. La sucesión de la trama, la manera en que se desarrollan las secuencias es de una agilidad y sencillez tales que se hace extraño imaginar que los intérpretes hayan estado sometidos a los rigores del guión o a las órdenes de un director. Sencillamente, los niños, los padres, los tíos, todos los personajes tan extremadamente cercanos al público, hacen lo que les viene en gana, sin trampa ni cartón, sin sobreactuación o afectación de ninguna clase. Las espectaculares panorámicas de las Highlands —otra genial muestra de habilidad del director de fotografía—, suponen un logro más, que sumado a la magnífica dirección de intérpretes, ágil montaje y a la exultante banda sonora, suman enteros a una película que se perfila sin género alguno de dudas, como la que será muy posiblemente ganadora de la edición Cineuropa Compostela de 2014. El público se ha divertido, ha disculpado su almibarado final y ha recompensado con creces a la que pasará por ser la gran comedia del año.

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