La inspección (Elegance Bratton)

La ópera prima del cineasta estadounidense Elegance Bratton se trata, en realidad, de una semi-autoficción del director, donde seguimos a French, un joven que desde los 16 hasta los 25 años estuvo viviendo en la calle al ser excluido de su propia familia por el hecho de ser homosexual y sufrir las consecuencias de vivir en el seno de una madre ultraconservadora. French, un día, decide cambiar su vida y unirse al cuerpo de formación de los marines, sin tener en cuenta que la naturaleza de un entorno dominado por el espejismo patriarcal lo inundará de abusos y amenazas contra su propia vida.

La inspección, como primer paso, es más que efectiva. La estelar actuación de Jeremy Pope como French es el combustible suficiente para que la cinta desarrolle un hilo conductor interesante a lo largo del metraje. El punto de partida de un grupo de futuros soldados como víctimas de un sistema disfuncional, donde el más violento sale victorioso y la empatía pasa a segundo plano, es un tema con mucho potencial, así como la exploración de estos tópicos a través de la mirada homoafectiva.

Aunque a ratos el tono pueda ser algo volátil y personajes como el de la madre puedan sentirse fuera de lugar, la película no necesita mucho tiempo para exponer su razón de ser desde un lugar bastante más neutral de lo que podría parecer. Al final, esto se trata de una experiencia personal y se hace notar cuando su director está directamente explayando su sentir sobre lo que significó este tipo de formación, tanto para lo bueno como para lo malo.

Las costuras del film se notan cuando, como mencioné antes, el tono parece driblar entre una película intimista y dramática y otra volcada en la fraternidad y la importancia de sentir una bandera. El choque de personajes que parecen sacados de otra película no ayuda y ofrece más la labor de arquetipo unidimensional que una verdadera aspiración a una especie de evolución.

Es particular el juego que Elegance Bratton propone durante poco más de 90 minutos. A pesar de perecer ante los errores más comunes de los autores primerizos, aquí sí que es destacable su buen uso del ritmo, que hace que la cinta atrape, tal vez más por morbo que por otra cosa, pero que sin duda funciona. Es digno decir que La inspección parece estar confeccionada para ser una caja de dudas y crisis que alguna vez se le cruzaron por la cabeza a su director. Una especie de confesionario que no se doblega a un pensamiento fijo y a su vez solo fluye, reavivando escenas donde Elegance aprovecha para caricaturizar, satirizar o experimentar desde el subconsciente personal, creando así un escenario colectivo alterno donde más de uno podría refugiarse.

La inspección es una entrada más que correcta que se potencia por su talentoso protagonista y un guion que atrapa. Una película que va al grano y deja por el camino un anecdotario que reivindica la identidad, el valor de los vínculos y la experiencia como gancho hacia la verdadera libertad.

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