Dos días, una noche (Luc Dardenne, Jean-Pierre Dardenne)

Los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne se han propuesto ir a por su tercera Palma de oro del Festival de Cannes, y para ello han presentado Deux jours, une nuit (Two days, one night), o lo que vendría siendo dos días y una noche, el tiempo que tiene Sandra, una recuperada depresiva a la que han echado del trabajo, para recuperar su puesto, recurriendo a la compasión de sus compañeros para que renuncien a una importante prima que recibirán a cambio de que Sandra deje de trabajar en la empresa. Una odisea en la que se planta Marion Cotillard dando el do de pecho.

Deux jours, une nuit

Deux jours, une nuit es un drama intenso, de esos que con poco consiguen sacudirte el alma y la mente. Esa era la intención de los Dardenne, y han dado en el clavo. Acompañamos a los directores en su personal visión de la lucha entre obreros y empresa, una lucha indirecta, pero a la que asistimos de forma clara. Pero no es una lucha de poderes, sino de supervivencia, y no es precisamente la del más fuerte, pues la debilidad de Sandra es, en todo momento, palpable. Sandra es un personaje agotado, recién salida de una depresión, que sólo aboga por lo que es suyo, el derecho a volver a trabajar en su puesto. Pudiera parecer una obra panfletaria en pro de los derechos laborales, y aunque es verdad que tratando el tema es casi imposible huir de ello, los Dardenne se centran más en el drama personal de Sandra dejando un reducto final para un pequeño mensaje sindical, nada fuera de la pura lógica. Lo importante es que su visionado deja un poso empático. Nos enamora Sandra y sufrimos con ella.

Deux jours, une nuit

El hecho de que el personaje de Sandra cause tal empatía es gracias, como es obvio, al desarrollo que los Dardenne hacen de ella, pero la mayor culpable de ello es Marion Cotillard que hace el personaje suyo, atractivo pero sencillo. Hace de sus emociones las nuestras, y remueve al público, lo acongoja y lo alegra, pero también nos hace sufrir, o más bien os hace partícipes de su sufrimiento, del proceso que está viviendo, con sus alegrías y sus penas, sin evitar sacar fuerzas de flaqueza y arrancar alguna sonrisa. Su final es apoteósico y deja muy buen sabor de boca. Pero lo mejor de Marion Cotillard no ha sido sólo su interpretación considerada de forma aislada, sino la manera en que interactúa con sus compañeros de reparto, que metidos en la trama, consigue una simbiosis sublime, cómo el simple hecho de solicitar un apoyo para recuperar su trabajo provoque las diversas reacciones a las que asistimos, algunas de ellas auténticas explosiones interpretativas.

Deux jours, une nuit es una película de la que hay que ser partícipe, difícilmente se podrá entrar en ella si no es así, y con un estado de ánimo fuerte, ya que es de las películas que se propone tocar (o trastocar mejor dicho) el alma y la mente del espectador, y lo consigue.

Deux jours, une nuit

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *