Bad Apples (Jonatan Etzler)

«Omelas es la ciudad de la felicidad», escribió Ursula K. Le Guin en uno de sus relatos más memorables. Todos sus habitantes viven una existencia «jubilosa» y «cándida», que podría ser «un país de cuento de hadas». Todos, menos uno. En un sótano, en un cuartucho sin ventanas, hay encerrado un niño. Todos saben que está ahí y tiene que estar. «Quisieran hacer algo por el niño», pero eso acabaría con la felicidad de Omelas. ¿Merece la pena «cambiar todo el bienestar y la armonía de cada vida de Omelas por esa sola y pequeña rehabilitación»?

Bad Apples, la nueva película de Jonatan Etzler, toma el corazón de este dilema moral y lo lleva al terreno de la sátira social. Para ello se centra en una profesora de primaria en Inglaterra, Maria Spencer (infalible Saoirse Ronan) y su conflicto con un alumno problemático, Danny (Eddie Waller, un descubrimiento), que le hace imposible lidiar con su clase y su trabajo. En el primer acto, una vez que se establece la situación y los personajes, los eventos se suceden con rapidez. Cada secuencia sube la apuesta y va conduciendo a la protagonista por un camino sin retorno hasta que, al irrumpir en el segundo acto, la trama deviene definitivamente comedia negra (negrísima). Bad Apples es una fábula que renuncia a la verosimilitud para construir su comedia a golpe de sorpresa. El público se pregunta, ¿hasta dónde será capaz de llegar? Y la película responde dando un paso más allá. Como en El drama, otra de las comedias mordaces del año, hay un disfrute particular en acudir al cine a ciegas y descubrir su planteamiento según se despliega ante nuestros ojos.

El largometraje se sostiene sobre los hombros de Saoirse Ronan, que aborda la interpretación de Maria sin asomo de ironía ni juicio. Es un personaje que se toma en serio a sí mismo y que se narra como víctima en el lado correcto de la historia. Las acciones que toma, en una espiral delirante, estaban fuera de su mano y son, en cualquier caso, un mal menor. La película enfatiza esta disonancia cognitiva y la utiliza para generar comedia a través del contraste entre los hechos y el relato que hace Maria de ellos. Por ejemplo, la banda sonora de Chris Roe acompaña el estado anímico de la profesora, mientras que la cámara a menudo nos invita a empatizar con el conflictivo Eddy a través del plano corto, que muestra sus reacciones con atención.

Con estos contrastes, se pone en escena una forma de hipocresía que Etlzer acaba por identificar como definitoria de la clase media. Porque Bad Apples es sugerente sobre todo cuando la pensamos como una fábula sobre la clase. Igual que hizo Adolescencia (Jack Thorne y Stephen Graham, 2025), identifica los colegios como la institución clave en la reproducción social en Reino Unido, y por tanto como espacio metonímico idóneo para pensar el estado actual del país. Por medio de la sátira y la hipérbole, traza un retrato ridiculizante de una burguesía cuyas aspiraciones han sido truncadas por el sistema; y que reacciona buscando el beneficio individual y cuantificable por encima del colectivo. Aquellos en los márgenes, sin recursos propios para competir en esta carrera por sí mismos, pueden aceptar con docilidad su posición en la retaguardia o apartarse de la pista. Todo sea por preservar la felicidad de Omelas.

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