Amor apocalipsis (Anne Émond)

En el eco-terror abunda una respuesta de la naturaleza a nuestros malos hábitos aprovechando esa lucha desigual para fomentar eso, el miedo. Así que Amor apocalipsis se podría meter de lleno en este género si consideramos al tipo de +40 neurodivergente como alguien que focaliza su miedo a vivir en la catástrofe natural que va a hacer un ‹reset› en la Tierra, siendo los humanos los próximos dinosaurios a extinguir.

Y sí, una película de amor también encaja en el terror si consideramos al protagonista como un reflejo, por ejemplo, de cierto futbolista en activo que recientemente ha dejado de lado su colaboración remunerada con las gafas y luces rojas que anulan algunas respuestas cognitivas a lo artificial, que marca abdominales y dice que las cremas solares son el enemigo. Si eliminamos este último pensamiento e ignoramos el facto de la cuenta corriente abultada, se podría decir que Amor apocalipsis está basada en hechos reales (seguro que al futbolista le gustan los perros y mi afirmación se convierte en válida).

No tanto por su voluntad de alarmar, que se convierte en algo medianamente cómico que convierte en psicopatía una preocupación  mundana, sino por su falso interés romántico endeblemente iniciado por una lámpara que ofrece paz mental y se debe mirar fijamente con las gafas de sol puestas, la película canadiense se mete de lleno en las relaciones imposibles entre adultos y lo aterrador que es el estancamiento que solo permite preocuparse por lo nimio. Aunque ya hay una larga retahíla de personajes con mente obtusa que se enamoran de alguien muy dicharachero y antagónico, el hecho aquí es casi anecdótico y no es fácil saber la intención final de una película que vive de las casualidades forzadas. ¿Queremos ver crecer a su protagonista? ¿Queremos que triunfe el amor entre extraños? ¿Queremos que sea cierto que un día próximo todo se irá a la porra? Si alguien lo tiene claro, verá la luz aquí mismo.

La excusa del eco-terror es válida para conectar aquí a dos personas con problemas propios y dos enfoques totalmente diferentes para afrontarlos. Siempre siguiendo al bueno de Adam (nombre del primer hombre que evidentemente le daba igual el entorno y sí le importaba su propio placer), un tipo con pequeñas pretensiones y grandes miedos, nos aventuramos en lo que es una salida de su zona de no-confort al enamorarse de un ideal: la voz de una mujer amable que le incita a actuar. La película es sencilla, intenta tirar del humor negro y no idealiza el amor pese a que se basa en el flechazo, pero fuera de estos síntomas del buen hacer complaciente, está lleno de dudosos puntos donde descontrolar el film que realmente no llevan a ningún lugar. Sí es fácil simpatizar con un miedo actual (la ansiedad ecológica) que esconda algo universal, como es no saber quién eres y hacia dónde te lleva la vida, y hay algún personaje que se merece su propia película —disfrutable cuanto menos el vendedor de marihuana negacionista del cambio climático y las vacunas—, así que no está de más dejarse llevar por los momentos de libro de autoayuda donde nos perdemos en un paraje absolutamente nevado, pero cuando la película interacciona con la realidad e intenta hacernos ver que la magia puede funcionar en lo anodino, resbala con las pieles de plátano (fruto de nuestra mala gestión de residuos, evidentemente) y patina de una forma poco catastrófica, olvidándose de formular un gran impacto que consiga que permanezca en nuestra memoria.

Amor apocalipsis no es tan definitiva como su título, tampoco va a revolucionar los ideales ambientales ni amorosos de nadie, pero siempre estaremos a favor de que en las películas, el flechazo entre seres raros —se pasan la película diciendo que el protagonista es raro, esto no me lo invento— e incompatibles mueva las placas tectónicas de los tranquilos barrios residenciales canadienses, donde parece (así, a lo lejos) que nunca vaya a pasar nada en absoluto. Que no se diga que el terror no marida con cualquier género.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *