Que Youtube ha creado toda una escuela de terror a través de la inmediatez, el ‹creepy pasta› y la parodia, es un hecho. Ahí tenemos en cines a los hermanos ‹aussies› Danny y Michael Philippou tras fantasear con Ronald McDonald, a Kane Parsons desarrollando en celuloide su Backrooms o los creadores de 5-Second Films, que se dedicaban a crear cortes de cinco segundos donde experimentar con la comedia y el horror.
Así llegamos a una ‹horror spoof movie› independiente que nace de uno de esos vídeos de cinco segundos hasta que, a través del ‹crowdfunding›, consiguió ser una original mofa a los ‹slashers› ochenteros de universitarios. Tomm Jacobsen, Michael Rousselet y Jon Salmon dirigen Dude Bro Party Massacre III, que lejos de ser el cierre de una trilogía, y sin la privilegiada broma de Vivancos 3 (Si gusta haremos las dos primeras), lo de tercero solo implica, ya por crear toda una declaración de intenciones, que los habitantes de esta aventura ya han sobrevivido a dos masacres de lo más festivas que se resumen en apenas unos minutos anunciando sangre, vísceras y mucha tontería.
La gracia de Dude Bro Party Massacre III es que resulta totalmente autoconsciente de su anarquía narrativa. Creada a través de pedazos escritos sin conexión y repleta de improvisaciones, la película mezcla con libertad los momentos álgidos del género con el concepto de ‹sketch›, y aunque los homenajes a los clásicos no viven aquí de la repetición, lo cierto es que no falta ningún elemento para saber a quién apunta con una escopeta de feria.
Tras una rápida compilación de desgracias acontecidas en los últimos años en la fraternidad Delta Bi, Brock, uno de sus líderes, acaba gráficamente colgado al enfrentarse, una vez más, a la psycho que les persigue detrás de cada iniciación de nuevos miembros. Aquí se llama Motherface (Leatherface, mamá Voorhees y las misteriosas manos de los ‹giallo› que aquí se corresponden a finos dedos de larguísimas uñas rojas tipo ‹femme fatale› compilan la asesina perfecta) y nos confirma un atrevido cambio de dirección ¿a favor del discurso femenino? porque, aunque durante unos minutos veamos sexo, rubias, tetas y gritos, las mujeres tienen un papel diferente en esta tercera masacre, recordándonos ese toque machista que impregnaba las películas que representa.
Para que todo siga su curso aparece Brent, el hermano gemelo idéntico de Brock —quien sigue siendo el actor Alec Owen, el encargado de unir los pedazos del guion y por tanto responsable del libreto definitivo—, en busca de datos y venganza a la fraternidad de su hermano. Los habitantes de la casa se anuncian como dignos representantes de personajes típicos de ‹slasher› universitario, desfilando todo tipo de bromas que nos retrotraen a las originales que venera. A partir de aquí, todo es posible si se consigue cambiar las tornas en el momento adecuado. La policía es satanista, el virgen a sacrificar es un hombre, la hermandad está en el punto de mira como posibles saboteadores del libre funcionamiento de norteamerica, los vegetarianos no tienen derecho a opinar y Reagan es una sombra que aparece en cualquier rincón sin motivo aparente. No contento con las fraternidades, se une a la ecuación el escenario lago-campamento para que la visión sea más cómplice. Su aspecto es desastroso a base de filtros que nos invita a pensar en un VHS manoseado y mil veces reproducido para simular ser una especie de programa prohibido emitido en el pasado, cortes publicitarios incluidos.
Por lo demás, Dude Bro Party Massacre III es una colección de bromas de mal gusto, frases de épica dudosa, cuerpos descuartizados de la forma más cutre y un montón de muchachos que deben caer en la trampa de la asesina para convertirse en leyenda. ¿Qué importa si ni siquiera hay sorpresa final? Todo cumple su cometido, tiene sorna y resalta en clave de humor absurdo todos y cada uno de los detalles que hicieron imprescindible el género, porque el terror y la comedia pueden ser más que amigos. Pueden ser gemelos idénticos.









