Two Seasons, Two Strangers (Shō Miyake)

Two Seasons, Two Strangers de Shō Miyake viene de ganar el Leopardo de Oro en el Festival de Locarno. Un premio que, mientras veía la película, no acabé de entender. Es una película muy pequeña, o más bien sutil, en la que a la mitad de su metraje puedes pensar que no va de nada, y creo que ese es su punto fuerte, no desarrollar esa “nada” y demostrar que no hace falta sobreexplicar algo, o siquiera explicarlo, para contar una historia emocionante.

Empezamos viendo a una guionista apuntar una historia en su libreta y nos trasladamos a esta historia. Una historia de amor, de dos desconocidos en verano, en la costa de Japón. Ella está allí de viaje, no sabemos muy bien por qué. Él está allí porque es donde vive su abuela. Se conocen en la playa. Hablan (poco), pasean, ella le ofrece un cigarrillo, él lo rechaza, y quedan al día siguiente en la playa. A pesar de la lluvia, los dos acuden a la cita. Tal vez se hayan enamorado, pero justo cuando empiezas a conectar con ellos, la historia queda interrumpida.

Volvemos a la guionista; está presentando la película ya acabada y no parece estar muy contenta o, más bien, no parece estar de ánimo para responder las preguntas. Decide escapar a la montaña, en invierno. Puede que eso le ayude a desconectar o a escribir un nuevo guion y, al igual que hacían los personajes de su propio guion, encontrar algo en el viaje, en perderse.

Podríamos pensar que al ser una metaficción sobre una guionista, trataría sobre cómo contar historias, pero es justamente lo contrario. Two Seasons, Two Strangers evita explicar quiénes son sus personajes o qué les ha ocurrido anteriormente. Centrándose en cómo viven ese instante, dejándonos ver cómo actúan, cómo se mueven y cómo se relacionan entre ellos.

En cambio, nos quedan muchas preguntas al acabar la película. ¿Por qué ha ido de vacaciones sola la chica de la playa? ¿Por qué parece el chico estar tan deprimido? ¿Qué historia familiar esconde el propietario de la pensión? ¿Qué le ocurre a nuestra protagonista?

Son preguntas que no tienen respuesta, y es por ello que todo cobra sentido. Cuando nos damos cuenta de que, en el momento en el que vivimos, donde muchas películas juegan a sobreexplicar hasta la saciedad sus personajes, no busca darnos ninguna respuesta sobre estos. Es una decisión consciente que provoca que no puedas advertir ninguna de las acciones de los personajes. En realidad, ni siquiera piensas en adivinar lo que va a ocurrir, simplemente te ves obligado a dejarte llevar por su música, por su fotografía y por sus entrañables protagonistas, de los cuales no sabemos absolutamente nada, algo que no evita que encontremos amparo y ternura en ellos.

La nueva obra de Shō Miyake juega en el terreno de Ryūsuke Hamaguchi, se aproxima a una versión más contenida de Dag Johan Haugerud, para ofrecernos un relato reconfortante y placentero en la que me gustaría quedarme a vivir unos días. Aunque no voy a compensar ese deseo de vivir en Two Seasons, Two Strangers viajando a Japón y haciendo fotos para “exotizar” su cultura; el nipón ya se ríe suficiente de ello en una de sus primeras escenas. Mejor me voy a la playa.

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