No Cow on the Ice (Eloy Domínguez)

Emigrar, ¿oportunidad o necesidad? Evitando cualquier lectura política, es un drama que jóvenes españoles se vean obligados a hacer las maletas para encontrar aquella oportunidad laboral que no pueden tener en este país. Hay, sin embargo, casos especiales en los que el buscarse las habichuelas fuera del hogar acaba otorgando como premio el conocer una nueva cultura y entrar en contacto con personas que serán parte clave en la vida del emigrante..

Algo así es lo que sucede con el gallego Eloy Domínguez, que en No Cow on the Ice nos cuenta las primeras etapas de su periplo en Suecia, donde llegó para seguir progresando en su carrera cinematográfica mientras trabajaba para seguir subsistiendo. A través de la cámara de Eloy contemplamos diversas escenas de su vida en Estocolmo, incluyendo sus primeros pasos con el lenguaje y lo difícil que se le hizo entablar relación con la gente nativa. Esta será la temática más explorada en su documental, pero el director y protagonista huye de dramatismos sensibleros y nos transmite su fortaleza a la hora de ver estas dificultades como un desafío y no como una sentencia de muerte social.

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De esta manera, No Cow on the Ice va siguiendo poco a poco las evoluciones de Eloy Domínguez en su nueva vida. Una de las principales características que posee el documental es que Eloy rehúye utilizar la voz en off y se sirve de subtítulos para ir describiendo los pensamientos que cruzan por su mente. Solo le escuchamos cuando realmente le está grabando la cámara, sea en su jornada laboral o al intentar leer una novela junto a su amiga Harriet. En otras obras de no ficción esta herramienta podría suponer un error fatal al restarle el punto de conexión necesaria con el protagonista de la acción. Aquí sucede justo lo contrario, ya que esa ausencia de voz en off es precisamente lo que contribuye a crear la sensación de frialdad necesaria para que comprendamos lo perdido que debía de estar el cineasta en ese territorio y el ánimo de exploración que se le iría despertando al pasar los días.

No en vano, el significado del propio título ya define bastante bien el propósito de la cinta. “No Cow on the Ice” responde a un proverbio sueco que significa algo así como “No hay razón para preocuparse”. La desolación inicial que supone estar en un sitio donde apenas puedes comunicarte con la gente, donde estás lejos de tu familia y amigos, donde tu trabajo es aquel que ninguno de los nativos quiere, no tiene que ser una losa imposible de levantar. Por lo que vemos en el documental, Eloy Domínguez pareció entenderlo así y por ello consiguió salir hacia delante de manera lenta pero segura.

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Por lo tanto, No Cow on the Ice marca un punto de distinción claro respecto a otros documentales sobre inmigración que hemos tenido la oportunidad de ver en esta década. Con excepción de algún mensaje político —en los primeros minutos escuchamos a un medio de comunicación sueco hablar sobre el paro en España y los centenares de españoles que emigran a Suecia cada mes—, Eloy Domínguez desprecia cualquier lectura ajena al relato y nos da espacio a los espectadores para que entremos en su vida y la contemplemos desde la óptica más realista posible. En esta línea basta señalar cómo, a pesar de remarcar la lógica importancia de la familia en su existencia, no se desmarca del sentido del documental más que para enseñarnos la escena de un Barça-Madrid que ve junto a su padre. Un pequeño ejemplo para ilustrar lo sabio del planteamiento que el cineasta gallego lleva a cabo en este modesto pero muy logrado documental.

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