La alternativa | Bajo aguas tranquilas (Brian Yuzna)

Yo venía a recomendar Dagon: la secta del mar. Es cierto, soy tremendamente fan de la película de Stuart Gordon, y quería compartir mi emoción. Pero mi memoria es más pez que los intérpretes de la película, así que hice una asociación muy clara para elegir la película que sirviera de alternativa a La piel fría de Xavier Gens. La lista era la siguiente: una película de la Fantastic Factory, española pero con libreto en inglés, un director imprescindible en el terror, aparecen bichos de agua de aspecto poco amigable, un actor de renombre hace el papel de borracho del pueblo y una de las protagonistas es Raquel Meroño con el mismo corte de pelo que llevaba en Al salir de clase.

Parecía que todos estos detalles me iban a llevar sí o sí a Dagon: la secta del mar. Pero resulta que los responsables de Fantastic Factory fueron unos genios en este universo del terror patrio y sus contadas nueve películas nos dieron inolvidables momentos, incluido el déjà vu. Esto me ha llevado a que empezara (y terminara con todos los honores) la película que cerró una etapa, esa época dorada en la que Brian Yuzna se metió a productor en la rama tétrica de Filmax para películas de bajo presupuesto y historias descabelladas. Una etapa que cerró el mismo Brian Yuzna con su Bajo aguas tranquilas.

Lo cierto es que me sirve igualmente como alternativa a La piel fría, y aunque tendré que volver sí o sí a Dagon: la secta del mar porque merece su festividad en esta web, Bajo aguas tranquilas es un despropósito tan disfrutable que ni la perfecta fotografía (eso dicen) de la película de Gens podría hacerle sombra.

Es el momento de los paralelismos, principalmente porque La piel fría está basada en La pell freda, novela de Albert Sánchez Piñol y Bajo aguas tranquilas hace lo propio con Matthew Costello y su Beneath Still Waters, editada a finales de los 80. Pero los fans acérrimos del Festival de Sitges deberían saber que, mientras este año Xavier Gens era recibido con todos los honores por los más altos cargos del fetival, Àngel Sala y Mike Hostench, dos pilares absolutos de esa fiesta del cine fantástico (y de terror) fueron los responsables del guion de la película. Y es que el guion tiene miga de pan de pueblo para reforzar un peliculón que tiene ese humor tardío que ya no se deja ver en el cine actual. Y hablamos de unos míseros 10 años.

Por supuesto lo que ocurre en las zonas húmedas de uno y otro film hace que cada uno tenga su público. Bajo aguas tranquilas comienza con algo tan castizo como los planes hidrológicos nacionales, o el hecho de inundar pueblos para construir pantanos. Hay una llama inextinguible, unos niños curiosos y gritos en lo que pronto será el fondo. Yuzna no pierde ocasión para deformar caras y destrozar cadáveres, algo que llegado el clímax del film se convierte en una bacanal de sangre y deformidades que ya son marca de la casa. Una vez encajada la historia en la España más arcaica, pronto aparecen todas las marcas de cualquier gran historia de terror. Véase policía inepta, alcaldía dispuesta a tapar lo que sea con tal de mantener su celebración, periodistas entrometidos y las voces juveniles que siempre tienen una extraña conexión con el lugar.

El mal habita en el agua y allí es donde ocurre todo, desde la denuncia al dedazo con el que se construían los embalses, hasta el misticismo que envuelve a la muerte y que hace dudar a su protagonista sobre lo que hay tras ella. Todo muy trascendental, pero inusualmente bien hilado, pues no juega a ser un trabajo serio y profundo, lo que intenta es rozar el extremismo para que nadie debata su calidad, buscando la celebración del “más fuerte todavía”. Aunque la intención de situar la historia parezca un imposible, su parte final se vuelve una auténtica locura dispuesta a destruir todo lo explicado hasta entonces, y se lanza al gore más artesano y desquiciado, dejando «momentos». Momentos, sí, esos en los que encuentras a David Meca gritando y riendo con dos docenas de maquillaje obsceno encima, a Manuel Manquiña levitando o un ente maligno llamando “puta” a Meroño sin motivo alguno. Momentos que nada aportan y mucho se disfrutan.

El final es, simplemente, un aviso. Esta iba a ser la última película de la Fantastic Factory, y seguramente Brian Yuzna lo sabía. No sé si Sala y Hostench también lo sabían, pero lo he aplaudido cuando he sido capaz de recuperarme. Porque el hastío nos supera ante tanta seriedad en el terror actual. Los zombies ya no apelan a la oquedad de sus cerebros y nos recuerdan las desigualdades sociales. Los asesinos ya no tienen picardía y eligen víctimas con las que empatizamos hasta sentirnos tristes. Hasta los muñecos infernales han dejado la labia de lado y solo se dedican a asustar a niños y adultos. ¿Dónde está el humor y la mala baba unidos con un mismo fin?

Bajo aguas tranquilas no es perfecta, y precisamente por ello es una genialidad insana, de esas que recomiendas y el que acepta el reto inocentemente te odia hasta el infinito. Pero para saberlo a ciencia cierta, hay que visitar este pantano y dejar que el fuego te empape.



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