Sesión doble: Faster! Pussycat! Kill! Kill! (1965) / Bitch Slap (2009)

Nos adentramos en la versión más peleona del ‹sexploitation›, con dos películas de épocas muy distintas pero con el mismo alma… algo que también podemos llamar homenaje con base calcada. Hoy es el día de las mujeres de pechos grandes y con ganas de guerra, primero con la venerada Faster! Pussycat! Kill! Kill! (1965) de Russ Meyer, siguiendo con la más reciente Bitch Slap (2009) de Rick Jacobson.

 

Faster! Pussycat! Kill! Kill! (Russ Meyer)

El inicio de Faster, Pussycat! Kill! Kill! debe tomarse por lo que verdaderamente es: toda una declaración de intenciones por parte de Russ Meyer sobre lo que la visualización de la cinta depara en el espectador («¡Damas y caballeros… ¡bienvenidos a la violencia! La palabra y el acto, porque la violencia se oculta a si misma tras muchos disfraces, y su manto favorito permanece: el sexo»). Violencia y sexo, sexo y violencia, dos palabras que siempre estuvieron, inevitablemente, ligadas a la filmografía de uno de los estetas del busto femenino más laureado dentro del subgénero del ‹sexploitation› y que se convirtieron en pilares fundamentales de su particular visión del cine.

Podríamos decir que la cinta de Meyer aglutina una cantidad alarmante de elementos que, sobre el papel, darían la sensación de desestabilizar cualquier historia, hacerla añicos por la improbabilidad de unirlos (no en vano podemos encontrar situaciones prototípicas del ‹far west›, de las ‹road movies›, del ‹serial killer›, incluso de la comedia más ácida y negra). Sin embargo, uno de los aciertos (y encantos) más aplaudibles en Faster, Pussycat! Kill! Kill! es el de saber conjugar con mucho oficio y descaro estos elementos y crear un microcosmos pop de lo más harmónico y disfrutable.

El relato se vertebra en el seguimiento de los “momentos de ocio(sidad)” de tres gogós de generosos bustos que, sin dudarlo, cuando terminan de trabajar, salen a recorrer kilómetros de asfalto en sus coches deportivos en busca de reyertas (aquí en forma de joven pareja de enamorados y de familia desestructurada) y libertad. Podremos observar (con regocijo o con frustración) que al igual que ocurre en todas las películas que forman el universo “meyeriano”, en ella se muestra una ferviente admiración por la figura femenina (tanto en lo que se refiere al físico como al intelecto), que no dudará en aprovechar sus espléndidos atributos para sacar tajada en un mundo donde el hombre no es más que un títere sin cabeza, pervertido (en el sentido más sexual de la palabra) y de dudosa integridad intelectual.

Ello se nos muestra desde las primeras imágenes, en que el movimiento de caderas de nuestras tres entrañables protagonistas obnubilan a los presentes (en un ejercicio de montaje muy reivindicable) o en cualquier contacto con hombres durante el metraje, en que estos nunca pueden resistirse a los encantos de un generoso escote. El erotismo presente durante todo el metraje (la lucha inicial entre dos de las protagonistas en la arena, la aparición de una cándida chiquilla con una vestimenta muy veraniega, los sensuales bailes de las muchachas al son de la mezcla de temas jazzísticos con puro surf rock), eso sí, decepcionará a aquel que buscara, como en muchas obras de Meyer, “ver más carne”; todo ello tolerable viendo el festival de violencia gratuita que se nos muestra en pantalla y la lucha de estas tres reinas del desierto contra un destino teñido de sangre. Es, pues, Faster, Pussycat! Kill! Kill! un grito a favor de lo inmoral, un gamberro ejercicio de estilo que a buen seguro saciará la sed de sangre y sexo que muchos amantes del cine marginal y maldito andan buscando.

Escrito por Matíes Tugores

 

Bitch Slap (Rick Jacobson)

En una versión anómala del estilo Russ Meyer de los ’60, Rick Jacobson disfruta de una erección absoluta al recordar todas las películas protagonizadas por mujeres fuertes y voluptuosas. Lo demuestra con los títulos de crédito en los que con un montaje “cromatoso” selecciona toda escena de película digna de santificar ese cliché hecho mujer. No se olvida de nuestra compañera Faster! Pussycat! Kill! Kill!, la que queda totalmente reverenciada en este intento por rememorar viejos tiempos y modos de hacer cine que se llama homenaje.

A medio camino entre un videoclip de alguna cantante pop que quiere pervertir a sus prepúberes fans y una historia de robos, golpes, traiciones y espías, se enzarza a cada momento con una imagen totalmente nítida y unos efectos que, por retratar errores o faltas de presupuesto de antaño, se vicia con las imposturas de post-producción para reunir el aspecto tosco y dejado de sus predecesoras, por aquello de amar todo lo que pasó desapercibido en las grandes pantallas y ahora se ha convertido en objetos de culto.

Tres señoritas, cada una con su estilo marcado (la dura, la inteligente y la sensible) tienen en su poder un gran coche, armas y un objetivo frente a una caravana en mitad del desierto. Lo demás poco importa siendo que tres bombones endulzan mucho, pero hablando de cuerpos explosivos con prendas embutidas a presión, es de suponer que nunca hay suficiente azúcar. Aprovechando el tirón de sus cuerpos, la película se basa en el deleite de sus movimientos, y a cada contorsión corporal se permite repetir la imagen para que nadie pierda el tiempo pasando hacia atrás la cinta unos pocos segundos. Desde este momento va sufriendo de ‹flashbacks› en los que atar descabellados cabos sueltos sin miramientos, llevándonos a escenas de forzados cromas con estas mujeres con modelazos de escote infinito haciendo de las suyas. No os asustéis, desnudos no hay, sólo provocación y sobreactuación, aunque acompañado de una boca entreabierta, una pelirroja armada hasta los dientes, una buena pelea coreografiada o alguna tórrida escena de origen lésbico seguramente muchos obtengan lo suficiente para compensar la balanza. Todo venía en el guión y te deja la sensación de no saber si aplaudir el plagio, sentir plenitud por los momentos ‹remember›, codiciar la presencia de las protagonistas o llorar inconsolablemente dándote cabezazos contra una pared rugosa porque parece innecesaria. A mí me cuesta aplaudir con las orejas porque no es suficientemente alocada ni imperfecta, pero tampoco resulta horrenda o penosa por el mero hecho de intentar que tenga ese toque que tantos odian. Sin duda se echa en falta un toque genuino en Bitch Slap, porque los homenajes a la serie B y el erotismo están bien, pero si carecen de frescura nunca llenan las expectativas de nadie.

Escrito por Cristina Ejarque

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