Sesión doble: La máscara de fuego (1941) / Atraco al furgón blindado (1950)

La sesión doble llega hoy con dos títulos que ningún aficionado al «noir» debe perderse: nos sumergimos en la serie B americana más pura para rescatar La máscara de fuego de Robert Florey con Peter Lorre encabezando y uno de los primeros títulos de Richard Fleischer como director, la potente Atraco al furgón blindado.

 

La máscara de fuego (Robert Florey)

La máscara de fuego

El cine negro americano es una fábrica de obras maestras. Muchas de estas joyas se encuentran escondidas en un cajón esperando que un detective cinéfilo con gabardina, sombrero y paquete de cigarrillos las descubra para sacar a la luz el escándalo que supone que no sean obras de referencia.

La máscara de fuego es una de esas perlas que se rodaron a principios de los años 40. Filmada para la Columbia Pictures por el especialista de la serie B Robert Florey, posee todas las marcas de identidad de la serie B «noir»: narración ágil, personajes marcados por la mala suerte y el fatalismo, corta duración, ambigüedad en la distinción del bien y el mal, violencia, pesimismo y  bajos fondos.

Protagonizada por el inquietante Peter Lorre, cuenta la historia de Janos Szabo, un inmigrante húngaro recién llegado a New York en barco en busca del Sueño Americano. Persona de buen corazón, nada más llegar a la ciudad encuentra la ayuda de un inspector de policía que le señala un hotel en el que poder hospedarse. Pero un desgraciado accidente provoca un incendio en el hotel que le destroza la cara convirtiéndole en un apestado. A pesar de sus esfuerzos por buscar trabajo su aspecto físico aterra a los empleadores a los que acude, impidiendo su acceso al mercado laboral.

Rechazado por la sociedad Janos encuentra cobijo en los bajos fondos al toparse con un delincuente que le introduce en el mundo de los robos. Su habilidad con las manos y su cerebro para planificar golpes convierte a Janos en cabecilla de un grupo de ladrones, único colectivo que presta apoyo a Janos independientemente de su aspecto físico.

Janos compra una máscara con el dinero obtenido en los robos para ocultar su rostro desfigurado. Convertido en un jefe del hampa, Janos conoce a una chica ciega que encuentra en él a la persona de buen corazón que sigue siendo. Janos tratará de dar un último golpe para poder establecerse con su nuevo amor, pero un nuevo giro del destino hará que las cosas no resulten tan sencillas como había planificado.

La máscara de fuego se sitúa en una época de transición entre el cine de mafiosos de los 30 y el cine de detectives y femmes fatales de mediados de los 40. Emparentada con películas como Sólo se vive una vez de Lang y Los Violentos años veinte de Walsh por narrar la caída en las redes del crimen de hombres honestos incapaces de encontrar un trabajo honrado, y con el cine de mediados de los 40 por su puesta en escena europea y fatalista.

Encierra una crítica feroz contra el racismo y los miedos de una sociedad que no sabe ver más allá del aspecto físico y que termina discriminando a personas nobles por no cumplir los modelos faciales admitidos, suponiendo una patada en los testículos al sueño americano mostrando las consecuencias que acarrea la exclusión social a un personaje que a pesar de sus buenos sentimientos es arrastrado al mundo del crimen por un sociedad diseñada con el patrón del artificio.

Magistral, adelantada a su tiempo, frenética y brutal, sólo el cine negro podía contar tanto con tan poco sin que el tiempo haya desgastado el valor del mensaje y la calidad de la mercancía. Todo lo contrario. La calidad de La máscara de fuego se acrecienta con el paso de los años.

Escrito por Rubén Redondo

 

Atraco al furgón blindado (Richard Fleischer)

Atraco al furgón blindado

Dirigida por Richard Fleischer en el albor de su carrera, Atraco al furgón blindado constituye uno de los primeros «noirs» de la carrera del de Brooklyn, que realizaría para la RKO esta pieza única que destaca especialmente por un tono cortante y un ritmo dinámico que acompaña a la perfección un guión sin florituras que Fleischer entiende como nadie y sabe llevar con pulso e ímpetu tanto a sus imágenes como a sus secuencias.

Su introducción ya se muestra en ese sentido directa, donde observamos a un sospechoso tipo cronómetro en mano al lado de un estadio. El corte nos lleva directamente a la siguiente escena donde él y otro hablan sobre dar un golpe maestro, siendo la presentación de personajes tan escueta que uno ni siquiera sabe si se encuentra ante protagonistas o antagonistas, y resultando incluso difícil llegar a empatizar con alguno de los personajes presentados de modo conciso por Fleischer.

No tarda en sucederse la secuencia del atraco que nos pone ante un nuevo personaje: el teniente Cordel, quien en mitad del tiroteo intercambiado con los atracadores pierde al compañero con el que ha mantenido relación tantos años, por lo que el caso tomará en ese sentido tintes personales, en especial cuando en una reveladora escena presentada por el cineasta se suceda un instante dramático que, pese a su sequedad, se antoja bastante definitorio para el devenir del caso en relación con Cordel, al cual le será asignado un nuevo y dicharachero ayudante de aspecto distraído que se ganará rápidamente la simpatía del teniente.

A partir de ahí, Fleischer desarrollará el juego del ratón y el gato entre policías y atracadores sustentándose en el particular carácter del líder de la banda, Dave Purvis, cuya presencia irá cobrando fuerza a medida que avanzan los minutos, mostrándose como un tipo implacable que solo mira por su interés y el de una cabaretera rubia que juega un extraño papel de femme fatale: apenas unos instantes del inicio del film, ya sabemos que tiene pensado traicionar a su marido para continuar la relación que mantiene a escondidas con Purvis, hecho que constata ese papel que de un modo entre lógico y extraño no encontrará mucho más desarrollo.

Atraco al furgón blindado está, pues, un peldaño por encima de ese tipo de «noirs» debido a unas constantes impresas en cada fotograma a través de las que se define un sello que tiene como mayores virtudes ese afilado tono realzado por una narración potente y algunas briosas secuencias de acción que logran empapar de ímpetu incluso a unos intérpretes que eran lo que eran: habituales secundarios con la fortuna necesaria como para que Fleischer decidiera ponerlos al frente de una de esas pequeñas joyas del «noir» que merecen ser rescatadas del olvido, y que encuentran en su ejemplar guión (el modo de administrar la información es portentoso) y su intensa realización dos pilares básicos para hacer de ella una obra absolutamente disfrutable que ningún fan del género debiera perderse.

Escrito por Rubén Collazos

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