
A veces la labor de crítico se puede sentir un buen engorro; a uno le cae, por cualquier motivo (la mayoría de las veces el más antiguo: porque sí), cubrir filmes que le suscitan un nulo interés, que no le han gustado o que incluso llegan a ser tan inesperadamente espeluznantes que las palabras se niegan a aparecer, haciendo el trabajo tanto más complicado. Otras, por contra, se siente un privilegio; uno donde el crítico parece haber escogido a dedo, donde todo ha sido placentero, desde la visualización hasta la última palabra escrita. Sea por lo fácil que se hace hablar de él, por su interés o estímulo cinematográfico, por sus temas o cien otras virtudes, hay sujetos de crítica más majos que otros. Hoy tengo el privilegio de hablar de Los Cangrejos.
El filme de Rubén Seca, donde aborda la pequeña gran historia de su familia durante la Guerra Civil Española, tan trágica y emocionante como por desgracia la de cientos de otras familias, cosa que el cineasta sabe puntualizar, me hace pensar en cómo hoy el espectador es cada vez más, sino totalmente, un consumidor y, por ello, tiene sus derechos y obligaciones. Los derechos son siempre claros: pagar y ver lo que se quiera y esté disponible; las obligaciones quizás no tanto, pero en un mundo que se va concienciando progresivamente en cuanto al consumo ético de muchas industrias, sería menester que el cine no se quedara atrás. Así vuelvo a esta película, no solo nacional sino cercana, hecha con recursos, pocos, necesarios, sin desfases y con mesura; me niego a llamar al cine producto, no lo es, pero sí puede ser de proximidad y sostenible.

Entrando, tras dos largos párrafos, en la cinta en sí, encuentro un documental manual, con un buen trabajo de campo, no sólo de recordar sino de encontrar los espacios, las fotografías que sitúan su historia en el marco donde sucedió. Se trata todo con el cariño de lo familiar y la rigurosidad de lo grave, con un acercamiento pausado, como el de alguien que quiere contarlo lo que pueda, sin dejarse nada, porque lo que desvela es importante. El propio Seca, narrador en ‹off› del relato, no duda en dejar clara su importancia personal, su marco individual como uno más de los ‘Cangrejos’. Esto, sin duda, hace de esta película su versión más genuina; cualquier otro no sería un narrador tan implicado, cualquier otro no sería uno más de los personajes protagónicos.
En cuanto a la cinematografía encuentro un buen hacer y unas influencias difíciles de superar. Ante todo está Guerín, cineasta con el que Seca ha trabajado como operador de cámara y del cual parece haber aprendido una buena dosis de encuadre, de sensibilidad, de diseño sonoro, resumiendo: de cine. El resultado es preciosista, con un gusto para los colores y los paisajes de amplia belleza y sobriedad; por otro lado, el sonido no está desatendido y se construyen paisajes e ideas sonoras durante buena parte del filme, aunque la voz en ‹off› requiere atenuar los paisajes auditivos, lo cual es una lástima algunas veces, pues el oído que hay para los entornos (y narrar con ellos) es magnífico. Hay también una excelente música, de guitarra solitaria, interpretada por el virtuoso padre de Seca, al cual habría que aplaudir tras cada actuación, como mínimo.

Vuelvo entonces a la voz en ‹off›, porque tengo algún reproche y me gusta que sea el mismo director a quien pueda dirigirlos. Si bien la estructura narrativa del filme está bien definida y sus cartas para transmitirla funcionan, he echado en falta variedad de voces. Hay personajes que aparecen pero transitan el filme mudos, sin prestar testimonio, incluso cuando han formado parte cercana de la historia. La película les dedica una introducción siempre sin falta, pero me pregunto qué llevó a la decisión de no darles una voz propia. Es esto evidente y doloroso en su final, donde por vez primera escucho las voces de otros familiares de Seca y me doy cuenta que las he echado de menos todo el metraje. La guitarra del padre habla por sí sola, pero el resto, carentes de instrumentos, permanecen en el silencio.
Pero que no se diga que Los Cangrejos no representa bien a los ‘Cangrejos’: la familia y su historia están ahora conservadas, transmitidas, personificadas; es una gran labor cinematográfica y me remite a mis primeras reflexiones. Es un placer encontrar cine de aquí, cercano, que además cuenta con objetivos nobles y pericia cinematográfica, que demuestra que este arte sigue teniendo propuestas nuevas de personas que se lo toman en serio, que lo aprecian con su alma. Aplaudo el trabajo de Rubén Seca y es con el aplauso con lo que un espectador, no un consumidor, paga su deuda hacia la obra.







