Lo mejor del 2015 por… Pablo García Márquez

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Es cierto. Cada año por estas fechas aparecen decenas de miles de listas de cualquier persona sobre sus cintas preferidas: aficionados, críticos , cuñados… todo el mundo se siente legitimado para hacer su personal top de lo mejor del año y compartirlo por las redes sociales. Llega a ser agobiante la cantidad de listas que se crean. ¿Por qué entonces una lista más va a suponer una diferencia respecto a la anterior? Bueno, seamos sinceros, no voy a marcar ninguna diferencia, por mucho que pueda jugar la carta «viajo a festivales extranjeros tíos y molo cantidubi» con mayor o menor fortuna. Pero como escribo siempre por estas fechas, quien más puede sacarle provecho a una lista con lo mejor del año es precisamente quien la hace, para mirarse delante del espejo y reconocer sus manias y fobias; un ejercicio sano y divertido siempre que se asuma que se es uno más en la inmensidad de las listas que aparecen por todas partes.

Los que me sigan regularmente ya sabran que cada vez con menor frecuencia voy al cine comercial en detrimiento de mi presencia en festivales. Sarajevo y Sevilla son dos de mis certámenes fetiches a los que nunca falto, por lo que muchas de las películas son cintas que todavía no son de fácil acceso. Tampoco habría que extrañarse de algunas cintas procedentes de los Balcanes, pues es un cine que devoro con pasión y que me nubla la mente (desgraciadamente, el mal cine está presente en cualquier cinematografía, por mucho que defienda hasta el absurdo al cine rumano delante de los compas de Cine Maldito).

Sin más dilaciones y con todo el personal avisado sobre que pie cojeo, aquí va mi Top 10 del 2015.

10 — The Event (Sergei Loznitsa)

El cine de Loznitsa me tiene totalmente cautivado. Tanto, que otro año consecutivo meto un documental suyo en el top de lo mejor del año. Tras Maidan el cineasta bielorruso (pero de alma ucraniana y rusa) crea un ejercicio brutal de recuperación de archivo para hablarnos sobre como se vivió el golpe de estado en la todavía URSS de 1991 en San Petesburgo. Loznitsa nos habla del pasado para entender el presente. El contraste entre los aires de libertad de inicios de los 90 en Rusia y la situación actual es entre irónico y crítico. Puede parecer un ejercicio leve y simple, sólo apoyado en la construcción de un relato apasionado con muchas horas en la sala de montaje. Para nada. Tras Maidan, vuelve la mirada a otra revolución, hoy en día visiblemente traicionada. En un momento del documental, nada inocente, desfila un joven agente del KGB con pelo y gafas de sol. Podemos tardar en reconocerlo, pero se trata del mismísimo Putin. ¿Un héroe anónimo más o alguien que comenzaba a subir los peldaños del poder hasta la cima? En todo caso, el contraste entre la Rusia de 1991 y la actual es desolador. Los que ayer decidieron ponerse del lado de la libertad ejercen hoy el control absoluto. Rusia y sus contrastes.

9 — Comoara (Corneliu Porumboiu)

Otro cineasta del que me declaro fan incondicional es el rumano Porumboiu desde que lo descubrí con la maravillosa A fost sau n-a fost? (12:08, al este de Bucarest, 2006). Este año ha demostrado estar en plena forma con The Treasure, que sirve tanto como vuelta a sus orígenes como continuación de su peculiar mirada sobre la Rumanía más reciente para entender el presente. Un padre de familia decide unirse a la busqueda de su vecino de un tesoro familiar enterrado tiempo atrás. Poco más necesita Porumboiu para crear situaciones disparatadas y divertidas con unos personajes pincelados a las mil maravillas. Sus conflictos y tu búsqueda enmascara una mirada particular sobre la sociedad actúal rumana, donde los policías llaman a ladrones para abrir cajas de seguridad o donde todo el mundo pone un precio a sus principios. Un moderno… ¿Robin Hood? que desentierra la historia rumana y que acaba con uno de los finales más bonitos visto desde hace tiempo. El tipo este hace maravillas con un plano fijo y dos actores charlando mientras cavan. A verla pero ya.

Comoara

8 — Mustang (Deniz Gamze Ergüven)

Nuestra compañera Marisol Grande (nuestra mujer en París) me puso en conocimiento de Mustang hace más de medio año. Debido a su entusiasmo decidí darle una oportunidad a su paso por Sarajevo. De todas formas, tenía un actractivo que muchos pueden dejar pasar por alto; Alice Winocour. No olviden ese nombre, es la mejor guionista actual de toda Europa, que lo mismo te escribe un guión sobre las masacres de los balcanes a manos de las tropas serbias (Ordinary People, Vladimir Perisic, 2009) que se va a la Turquía profunda con Mustang. Bien pensado, la cinta en cuestión, tiene más de un eco de Lorca y su La casa de Bernarda Alba. Mustang es un retrato sin concesiones sobre como encarcelar una juventud y sobre todo, a una feminidad entre la religión y la tradición. Y justo cuando el relato parece abocado a agotarse tiene un acto final que tira por el camino del thriller. Dará mucho que hablar. La actriz Deniz Gamze se estrena por todo lo alto en la dirección.

7 — Sangue del mio sangue (Marco Bellocchio)

Suena una versión instrumental de Nothing else matters de Metallica en la Italia del siglo XVII. Con Bellocchio hemos topado. No importa que se me escapen ideas e intenciones, tras unos pocos minutos estoy totalmente dentro de una historia que se parte en dos y no se traiciona por muy descolocado que nos quedemos de inicio. La eternidad, la muerte, los vampiros, la juventud que siempre está presente y no desfallece, sólo se transforma. El perdón y el castigo. Y un sentido del humor tan negro que igual ni es humor ni es nada. Como crear un tono con todas las herramientas cinematográficas a tu disposición. Como no sucumbir al estado melancólico que nos propone Bellocchio. Esas miradas…la mirada del vampiro a punto de irse para siempre sobre esas jóvenes es una de las miradas más poderosas del año que nos dejó. Sangue del mio sangue es un estado mental. Toca aplaudir.

6 — El hijo de Saul (László Nemes)

Saul fia en su título original húngaro, te agarra de tus partes intímas y te obliga a no moverte de la butaca con una intensidad que se hace insoportable a lo largo de la película. No hay respiro salvo su final onírico. Tour turístico por un campo de la muerte alemán a finales de la Segunda Guerra Mundial. Cinta irrespirable, sin concesiones y sin embargo, consigue huir de la pornografía emocional con soltura. Hollywood nos tiene acostumbrado a premiar películas con el tema (y el hecho que ya sea un tema o incluso subgénero cinematográfico es harto preocupante) del exterminio judío hasta aburrir, por eso siempre es de agradecer que nos recuerden que ese infierno fue algo más que una temática abordada con la perspectiva de lágrima fácil. Sí, no es muy políticamente correcto mi comentario pero la saturación de productos que todos los años premian es alarmante. De todas formas olviden eso. Son of Saul es un ejercicio brutal de punto de vista, donde nunca entramos en la cabeza de su protagonista pero observamos su cotidianidad ante el horror con la mandíbula descompuesta.

5 — Zvizdan (Dalibor Matanic)

Lleva más de una década demostrando su talento pero ha sido ahora cuando Dalibor Matanic ha tocado el cielo con The High Sun. Tres historias imposibles con los mismos actores que nos hablan de la frontera que separa a las personas. Situada en Croacia en tres tiempos diferentes, (1991, 2001 y 2011) todo cambia externamente pero el odio sigue intacto en lo profundo del alma. Zvizdan tiene una doble lectura; puede entenderse como un conflicto local entre serbios y croatas y sigue la evolución entre las dos comunidades en Croacia, pero esta mirada desde lo pequeño puede ampliarse a cualquier conflicto internacional, donde no es necesario entender causas y consecuencias, por mucho que su cineasta vaya poniendo pistas por todas partes. Cada historia se envuelve con un tono diferente para contar la misma historia. Una historia que se repite una y otra vez. Finalmente, un simple plano de una puerta abierta (la única puerta abierta de toda la película) le sirve a su cineasta para dejar una rendija de esperanza.

Zvizman

4 — C´est l´amour (Paul Vecchiali)

Simplemente, no estaba preparado para la última propuesta de Vecchiali. Despreciada por buena parte del público, C´est l´amour me ha dejado patidifuso. O con el culo torcido, como queráis. Ahora que la modernidad ya es cosa del pasado vuelve Vecchiali y nos recuerda que era eso de la «cámara stylo» y la idea de una cámara y un punto de vista que era el equivalente al brazo del artista, donde las formas son una declaración de principios. Su inicio es rompedor, aunque con los tiempos que corren igual puede considerarse aburrido y donde no pasa nada. Me ha dejado muy loco la película. Sigo dándole vueltas a la cabeza tras meses de su visionado en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. Fijáos que se supone que debería decir algo de la película y soy incapaz. Lo dicho, dividió al público en dos bandos irreconocibles, pero para mí se lleva la gloria.

3 — Next to Me (Stevan Filipovic)

De entre todas mis simpatías reconocidas, el cine de colegios y el cine juvenil siempre han sido unas de mis favoritas. Ponme otra estúpida película americana con chicas malas en un instituto y ya soy feliz. Si encima le sumamos a la ecuación cine balcánico ya es el colmo de la felicidad. De todas formas, Next to Me no necesita de mis manías para erigirse con una brillante película, heredera tanto de The Breakfast Club (El club de los Cinco, John Hughes, 1985) como del cine serbio actual que analiza a la sociedad con mirada crítica. Una clase queda encerrada en el colegio hasta que se descubra quién atacó a su profesora y subió el salvaje acto a internet. Los chavales, clichés con patas que representan milimétricamente a una sociedad tan particular como extrapolable, acaban por destruir los lugares comunes mientras recorren el colegio en una noche que los cambiará para siempre por mucho que al día siguiente todo volverá a ser igual. Muy disfrutable.

Next To Me

2 — Absent (Matthew Mishory)

El nieto de un lugareño de Marculesti, Moldavia, regresa a casa con un cámara y unas simples preguntas. Lo que sigue es una deconstrucción sobre el olvido y un pasado que está pero nadie ve. En Marculesti fueron apresados y asesinados cientos de judíos de la región. Más de medio siglo después, los habitantes viven en las estupendas casas que los asesinados dejaron como herencia involuntaria. Nadie sabe realmente que sucedió. El desconocimiento es atroz. Algunos dicen que fueron asesinados por los turcos. Otros por los alemanes. De todas formas, es agua pasada. Marculesti es un lugar donde el tiempo parece haberse detenido. Un lugar, por otro lado, bastante pobre, como Moldavia. Donde el comunismo estalinista parece que no se ha ido del todo. Marculesti esconde un secreto, que nadie quiere saber, por mucho que se sospecha. Un pasado olvidado, camuflado e incluso inventado. La verdad jode. Y la memoria histórica también. Un documental tan sencillo como brutal, un doble ejercicio sobre el olvido y el pasado. Apasionante.

1 — Langosta (Yorgos Lanthimos)

Es curioso descubrir que haces una lista con las cintas que más te han gustado del año y no estar contento con el número uno. Pero he sido todo lo honesto que he podido y la Langosta y el señor Lanthimos están con honor en el primer puesto. Es lo que hay. Cualquier maquillaje al respecto sería traicionarme. Sé que mi lista puede ser tachada de gafapasta o películas que a saber como diablos va a ver la gente si no es mediante métodos poco legales. Pero es mi lista. Se ha hablado mucho de The Lobster y poco tengo que decir al respecto. Su cineasta hace un ejercicio que lo distancia de sus trabajos anteriores tanto como sigue poblando a su relato de ciertos elementos que lo hacen muy reconocible. Dicen que se ha vendido con su nueva obra. Me pregunto si todo el mundo que dice eso ha visto su primera cinta, aquel experimento que era Kinetta (2005). En fin. Langosta sigue siendo tan incisiva como las cintas que le dieron fama de rarito a nuestro amado Lanthimos. Para todo lo demás, lean la crítica que escribió nuestro compañero Pep. S. Ledoux, que no tiene desperdicio.

En fin. Un buen año de cine. Cada vez temo que estoy más sumergido en determinados cines en detrimiento de una gran cantidad de películas que tienen muy buena pinta, pero soy feliz en mi trinchera. Al menos intento ser honesto, creo que como decía, es fácil saber de que pie cojeo.