Lo mejor de 2015 por... Marisol Grande | Cine maldito

Lo mejor de 2015 por… Marisol Grande

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Tras pasar más de 130 veces por las salas oscuras parisinas (Dato importante para establecer porque este Top estará cargado de películas que aún no se han estrenado en las salas españolas) surgen dos ideas: La primera es una comparación irremediable con 2014 que me trajo dos películas imprescindibles y fundamentales; que en un mismo año lleguen Boyhood y Mommy es una casualidad que sé que no ocurrirá en mucho tiempo, y aun así el nivel de este 2015 ha sido excelente, especialmente en Europa formando un mosaico más que nunca rico, poliédrico y complejo.

Al esbozar el Top me he dado cuenta de la ausencia total de películas estadounidenses, ya sea porque no entran dentro de la línea editorial de esta web como es la joya de Pixar Del Revés (Peter Docter & Ronnie del Carmen) o la vibrante El puente de los espías (S. Spielberg), algo que también le ha ocurrido a la australiana Mad Max, una de las grandes películas del año; o aquellas películas que son los últimos latigazos del 2014 aunque llegaron en 2015 como Whiplash (D. Chazelle) o Foxcatcher (B. Miller) pero también aquellas películas USA que se han quedado atrás al limitar el Top a 10, como el complejo y fascinante biopic de Brian Wilson (Love & Mercy B. Pohlad) o el doblete de Alex Ross Perry, que con Listen Up Philip y Queen of Earth, ha dado un paso al frente como uno de los autores más talentosos de su generación. Otra ausencia es la del documental, entre la veintena de este género, no he visto ninguno lo suficientemente excepcional para hacerse con un hueco en el Top 10, aunque cerca han estado, el acercamiento naturalista al cambio climático de La glace et le ciel de L. Jacquet y la serie de HBO The Jinx.

A pesar de que las películas europeas son mayoría en el Top 10, se han quedado fuera un buen puñado como los dramas nórdicos Más fuerte que las bombas (J. Trier) y Fuerza Mayor (R. Östlund), dos formas diferentes de retratar una descomposición familiar. Desde Lituania Sangailé (A. Kavaïte) que al igual que la excepcional película francesa La belle Saison (C. Corsini) retrata una historia de amor entre dos mujeres en un verano luminoso en el campo. Cerca han estado también la asfixiante y virtuosa Victoria (S. Schipper), el siempre estimulante Sorrentino con La juventud y la gran comedia negra y satírica El nuevo Nuevo testamento (J. Van Dormael).

El año francés ha sido de una variedad y calidad digna de admirar, tras un 2014 bastante discreto, en este año se han colado 3 películas más 2 coproducciones entre lo mejor del año, y aun así se han quedado fuera la arriesgada Palma de Oro (Dheepan J. Audiard); la comedia francesa del año (Si, esto suena, a eterna etiqueta, pero en el caso de Lolo de J. Delpy es imposible llamarla de otra manera); los retratos libres, solares y vitales de la infancia con Microbe et Gasoil (M. Gondry) y La vie en grand (M. Vadepied); las dramedias románticas, retrato empático y melancólico de una generación algo perdida y entrañable encabezadas por Vincent Macaigne en Une histoire Américaine (A. Hostiou) y Les deux Amies (L. Garrel), sin olvidarnos de la película de superhéroes intima que supone Vincent n’a pas de ecailles (T. Salvador). Doce días después de los atentados que aterrorizaron Paris, se estrenó en Francia una de las óperas primas más esperadas del año, el guionista más joven y talentoso del hexágono, Thomas Bidegain, nos regaló Les Cowboys un acercamiento al radicalismo islámico, sin caer en tópicos y que además nos descubrió que no solo sabe firmar guiones excepcionales, sino que tiene futuro detrás de las cámaras. Otros autores más experimentados firmaron obras digna de mención como son Nuits blanches sur la jetée (P. Vecchiali, ese eterno maldito); L’ombre des femmes (P. Garrel); el duelo interpretativo del año entre Depardieu y Huppert (Valley of Love G. Nicloux) una maravilla, incomprensiblemente ninguneada en Cannes, un retrato de la pérdida del amor y del duelo cargada de simbolismo, el poético relato de la Primera Guerra Mundial a cargo de Damien Odoul en La Peur y el poco convencional uso del 3D que hace Gaspar Noé en Love. En definitiva, un año excepcional.

10 — El Club (Pablo Larraín)

El Club es esa forma tan magistral que tiene Larraín de meter el dedo en la llaga, evitando la polémica, esa muestra tan brutal de lo podrida que esta cualquier institución que se protege de una manera tan flagrante y peligrosa como es en este caso la Iglesia Católica. Una película asfixiante, por momentos esta casa calma perdida en un pueblo de Chile se convierte en un “huis clos” asfixiante donde la barbarie en todas sus formas se tapa con una capa de misticismo, recogimiento y perdón. El club es de esas películas en las que dan ganas de quitar la mirada y taparse los oídos. Y sin embargo, sería como evitar una parte de la realidad tangible.

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9 — El hijo de Saúl (László Nemes)

El festival de Cannes no se caracteriza por ser arriesgado en la composición de su Sección Oficial que suele estar plagada de grandes nombres delegando en sus otras 3 secciones las apuestas más aventuradas e interesantes, por eso que László Nemes estrenase su primera película en la Sección Oficial, es un motivo para poner su película, hasta ahora desconocida, entre las películas más esperadas del año. Láslo nos sitúa la cámara a escasos centímetros de nuestro héroe con largos planos secuencias en un formato 4:3. No solo es técnicamente impresionante sino que su manejo del horror y su manera de mostrarlo es digno de alabar.

El hijo de Sául es un retrato descorazonador y asfixiante sobre la esperanza y la inocencia. Sául ha perdido todo aquello que le hace humano, es solo un número, una chaqueta con una cruz roja en la espalda, sabe que su muerte es próxima e inevitable. Y de repente, directamente del infierno más horrible que un ser humano ha podido afrontar, se encuentra con algo por lo que merece la pena lucha. Sául hace de ese pequeño una manera de sentirse humano, de recuperar algo del hombre que fue, no solo es un acto de resistencia, la única que puede, sino también es la esperanza que supone tener un objetivo entre esas tinieblas, su lucha por devolverle algo de inocencia a ese desconocido, no lo salvará, pero seguramente lo exonerará ante Yahveh o ante su propia conciencia.

8 — Mia Madre (Nani Moretti)

Marguerite es una conocida realizadora italiana que ha contado para su última película con un actor estadounidense, un sorprendente John Tuturro, lleno de histrionismo, absolutamente adorable y al mismo tiempo, el único islote cómico en este drama desgarrador. Su hija es una adolescente con la que tiene una relación menos intima de la que le gustaría y su madre se va apagando poco a poco por culpa de una enfermedad.

Nani Moretti usa a Marguerite para hablarnos de él, de su trabajo pero también de la pérdida de su madre. Hace que parezca simple y nos regala una de las películas más emotivas del año llenas de ternura y sufrimiento, con un manejo absoluto de las emociones, la risa más liberadora se mezcla con el llanto desconsolado.

7 — Much Loved (Nabil Ayouch)

Cada espectador más o menos ávido tiene ciertas filias que a base de cine va identificando, entre las mías, una de las más evidente es la atracción inmediata por aquellos retratos de mujer(es) que viven su vida de una forma libre sin ataduras morales o sociales. Aquellas películas que logran mostrar esa forma de vida redentora con una cierta coherencia, sensibilidad y ajena de caminos fáciles, suelen ganarse una parte de mí. Y la película marroquí Much Loved se ha ganado un puesto bien claro en este top.

Estamos ante un retrato de 4 prostitutas árabes en la Marrakech actual, estas mujeres viven con dignidad, o al menos, con la dignidad que les deja una sociedad hipócrita que las usa y las desprecia, una sociedad donde el cliente es aceptado pero ellas son repudiadas. En Marruecos la película ha tenido reales consecuencias en el grupo de actrices que la interpretan, siendo escondidas durante el estreno de la película para evitar las amenazas de muerte que habían recibido y siendo incluso prohibido por incitación a la prostitución. Tan irreal como cierto.

Nuestras 4 heroínas, viven la vida sin mirar mucho en el futuro incierto que les espera, esta auténtica Bande de Filles llena de complicidad, es un auténtico chaleco salvavidas, un oasis, donde respirar. Una película sobre la amistad, atrayente, realista, emotiva y con un mensaje potente y bastante atípico sobre el papel de la mujer en el mundo árabe sin caer en la obscenidad, llena de respeto y cariño.

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6 — Trois souvenirs de ma Jeunesse (Arnaud Desplechin)

En 1978, Georges Perec escribió Je me souviens (Me acuerdo) en donde enumera hasta 480 recuerdos breves de su infancia y juventud y eso parece que hace Arnaud Desplechin con su eterno alter-ego, Paul Dédalus. Trois souvenirs de ma jeunesse supone un recorrido, un paseo por su memoria. Esos recuerdos son a la vez fundacionales, luminosos, evocaciones de un pasado en donde el futuro se llenaba de esperanza, lleno de primeras veces, de inconciencias, de amistades que parecen eternas y amores sufridos y profundos como solo en la adolescencia se encuentra, con unas ansias desbocadas por la vida pero también son recuerdos trágicos donde no solo cohabitan las primeras decepciones y desilusiones, recuerdos que nos muestra impasible el paso del tiempo y como el futuro que se ansiaba nunca o casi nunca se alcanzó.

Trois souvenirs de ma jeunesse es lucha entre lo trágico y lo radiante de la adolescencia. He necesitado este paseo literario, sensual, tremendamente pop, fresco y con un reparto excepcional (¡Vaya descubrimiento los de Quentin Dolmaire y Lou Roy Lecollinet!) para caer, al fin, a los pies de Desplechin.

5 — Langosta (Yorgos Lanthimos)

Aún me dura la sensación de descubrir en el Festival de Cine de Sevilla Canino. La sensación de estar viendo algo arrebatadamente original e inesperado y a la vez una crítica social bien construida desde un punto de vista inaudito. El griego Lanthimos ha dado el salto a Hollywood sin perder un ápice de esa visión satírica para mostrarnos la sociedad. En Langosta se sigue respirando esa tristeza, ese vacío existencial, esa absoluta desesperanza, con unos personajes bastante patosos que producen sin cesar situaciones vergonzosas e incomodas en una sociedad distópica en donde la soltería es inaceptable.

Y desde este punto de partida, nos muestra nuestra sociedad y la manera en que nos relacionamos, de la vida de pareja, del amor, de la concepción que tenemos de la soledad, una película que divierte durante su visionado y que entristece después cuando nos damos cuenta, en el camino de vuelta a casa, que eso que se nos muestra como distopía, es solo una deformación, un estiramiento de los males de nuestra sociedad actual y de su decadencia.

4 — Fatima (Philippe Faucon)

Tras los horribles atentados de noviembre en la capital parisina, una de las películas más recomendada, referenciadas y alabadas fue la anterior película de Philippe Faucon llamada La desintegration, Francia no tiene un problema de inmigración, sino de integración, un racismo evidenciado en las urnas que muestra una sociedad llena de contradicciones ¿Cómo puede adaptarse una comunidad en tu país cuando el mensaje que le envías es que no los quieres aquí? En La Desintegration estaba el reverso tenebroso de la historia: La falta de integración en la sociedad genera un acercamiento a las raíces árabes por la que la sociedad te desprecia que puede acabar en ocasiones en un radicalismo islámico peligroso y suicida. En cambio, con Fatima vemos el otro lado de la moneda, la necesidad de adaptarse a la sociedad, de buscar su aceptación para poder disfrutar de “los beneficios de occidente” como son un futuro profesional mejor y una libertad como mujer que aún está lejos de obtenerse en los países árabes. Estas dos caras de la moneda, son absolutamente necesarias, y más cuando las lleva a cabo la mano profundamente humana y acertada de Faucon, uno de los directores más malditos del hexágono.

La historia es cotidiana: Fatima es una limpiadora separada, una mujer que nunca lo ha tenido fácil, que apenas habla francés y que lo único que quiere es darle un futuro mejor a sus hijas. La mayor se enfrenta a su primer año universitario con la esperanza de convertirse en médica y con la responsabilidad económica que esto supone para su familia. La pequeña una adolescente inconsciente y vividora que desprecia a su madre por su forma de ganarse la vida. Pero Fatima es mucho más que esto es un retrato delicado sobre la inmigración (Mucho más sensible y bien tratado que Dheepan, por ejemplo) es una de esas películas que solo su recuerdo emociona, porque se queda anclada, sin artificios, con planos cerrados, sin música que añada emoción a donde la hay a borbotones. Fatima tiene uno de los momentos más puros de todo 2015: La carta a su hija pequeña. Un momento tan simple y emotivo que es imposible no romperse por dentro. Una joya tremendamente humanista. Si este alguien tenéis que conocer a alguien, que sea a Fatima.

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3 — L´Astragale (Brigitte Sy)

Entre a ver L’Astragale por Reda Kateb, uno de los actores más prometedores de Francia y aún bastante desaparecido entre papeles de secundario y salí obsesionada con Albertine Sarrazin como mujer y como escritora. Salí obsesionada de ella como mujer porque su vida fue breve, intensa, libre y convulsa, pero también salí obsesionada como escritora porque su pluma, de la que bebe parte del guion, es de una belleza inigualable. Albertine fue la primera mujer en escribir sobre la prostitución. De la suya propia.

Pero L’astragale no solo es una historia real absorbente y un libro excelente, sobre el amor, la espera, la paciencia y la libertad en todas sus formas, sino que también es un duelo interpretativo precioso entre Reda Kateb y Leïla Bekhti, que desarman la cámara (y a nosotros) en ese blanco y negro absolutamente hermoso y elegante. Ambos se encuentran ante su mejor papel en esta trágica historia de amor, luminosos, encarnando la huida de Albertine y Julian con justicia y justeza. Pero también algo de “culpa” tiene la narración de Brigitte Sy que es a la vez fidel a la obra original y realista, con una cuidada composición de planos. Albertine se rompió un pequeño hueso al saltar de una prisión en busca de la libertad, cojeando hasta el resto de sus días (Por desgracia, demasiados pocos) y de alguna manera, L’astragale, tanto el libro, como la película, dejan una marca bastante indisoluble en el alma de quien se acerca a Albertine y a su mundo.

2 — Risttuules (Martti Helde)

Es una pena que el cine se haya convertido en un arma de entretenimiento vacío y desechable.

Es una pena que haya gente que vaya al cine con prisa, mirando el móvil a cada rato.

Es una pena que arriesgar sea revitalizar de nuevo Spiderman con otro actor.

Es una pena que cueste aceptar a la belleza como una cualidad fundamental y suficiente para alabar una obra.

Es una pena que la emoción sea tan impuesta en nuestros días.

Es una pena que haya gente que jamás vera esta película.

Es una pena que no la vean porque es en Blanco y Negro.

O porque hablan una lengua extraña.

O porque es “otra historia de la Segunda guerra mundial”

O porque esta obras tardará años en llegar a nuestras salas.

Es una pena porque la ópera prima de Martti Helde merece ser vista, admirada, distribuida, contemplada. Risttuules es osada en tantas formas que parece increíble que exista. Cada uno de los 21 Tableau Vivant es de una belleza apabullante, Risttuules a veces se ve, pero la mayoría de las veces se admira. La emoción escala. Escala porque es una historia dura, que destroza. Pero también emociona porque la belleza emociona, nos turba. Síndrome de Stendhal. Las palabras llenas de dolor de Ema se mezclan con una pirueta artística, si se puede llamar de alguna forma a lo que Martti Helde hace. Parar la locura, la emoción, el dolor, la desesperanza, la perdida, la humanidad, la vergüenza. Parar el momento justo en que todo ocurre. Calmarlo. Recorrerlo. Con su cámara. Con nuestros ojos.

Dicen que en el cine, ya está todo inventado, y quizás sea cierto, pero aún quedan tantas formas de usar estas invenciones, aún quedan tantas formas diferentes de narrar lo mismo. Aún quedan tantas cosas por narrar. Pasarán otros 120 años y el cine seguirá siendo el arte más vivo, libre y contemporáneo. O al menos mientras haya locos como Helde.

1 — Mustang (Deniz Gamze Ergüven)

Desde Turquía, aunque residente en Francia desde hace casi 10 años, Deniz Gamze llevo a Cannes su ópera prima, una coproducción franco-turca que nos muestra un grupo de hermanas con ansias de libertad, despreocupadas y con ganas de disfrutar de esos días de verano, pero frente a ellas tienen dos obstáculos insalvables: Una sociedad retrograda y patriarcal donde las habladurías y la opinión que la sociedad te imponen supone una dura lacra difícil de evitar, donde el hombre tiene el poder absoluto para corromper, decidir y disponer, donde las tradiciones parecen insalvables, un verdadero yugo inevitable y con el que parece imposible ya ni siquiera luchar, sino hacerle frente.

Mustang parece una revisión del clásico de García Lorca, La casa de Bernarda Alba, un encarcelamiento familiar impuesto con el objetivo de enviar un mensaje hacia el exterior y donde la fuerza arrebatadora de la juventud solo puede estrellarse trágicamente contra la opresión familiar, las tradiciones sacadas de otrora y la sociedad que impone un culto a la decencia hipócrita, al decoro y al recato. Mustang no solo nos pone en el mapa a una directora con un magistral futuro por delante, sino que nos ofrece un es un soplo de aire fresco, una manera luminosa de mostrarnos la tragedia, unas heroínas fieras y libres como sus cabellos al viento.

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